"Desde los días de Juan el Bautista, hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan".
Una cosa es ser violento y otra, disferente, es hacerse violencia.
El reino de los cielos sufre violencia para poder nacer dentro de este mundo, la Luz de la Verdad, de la Bondad, y de la Belleza de Dios quiere nacer en este mundo de la mentira, de la maldad, del egoísmo, de la vanidad, de la soberbia, del sin-dios.
Y, en nosotros mismos, el reino sufre violencia para nacer, pues necesitamos hacernos violencias internas para renunciar a nosotros mismos y dejar nuestra voluntad y libertad al servicio de la Voluntad de Dios, o, mejor dicho, entender que nuestra vida de cristianos tiene que ser iluminada y guiada por la Voluntad de Dios. No hay otra forma de ser cristianos sino es dejándonos guiar por Dios, como lo hizo Jesús: "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre".
También María nos enseña que la libertad no se pierde cuando nos hacemos los "esclavos del Señor", sino que se plenifica pues es el Señor quien sabe qué es lo que más nos conviene, y qué es lo que nos lleva a la felicidad plena.
Dejar nuestra libertad en Manos de Dios, como María, no nos quita dignidad ni nos hace menos personas, sino todo lo contrario: "me llamarán bienaventurada todas las generaciones porque el todopoderoso ha hecho obras grandes por mí".
Pero, claro, día a día, necesitamos de la fuerza del Espíritu para ganar la lucha entre la carna y el espíritu, como dice San Pablo:
"Frente a ello, yo os digo: caminad según el Espíritu y no realizaréis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne; efectivamente, hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais".
Esa es la violencia diaria a la cual nos enfrentamos y en la cual tiene que ganar el espíritu para que el Reino de los Cielos tenga lugar en nuestra vida, y así, pueda construirse aquí en la tierra como lo pedimos diariamente: "venga a nosotros Tu Reino, hágase Tú Voluntad aquí en el tierra como en el Cielo". Y, la Voluntad de Dios soy yo quien la tiene que hacer, y no esperar que sea mi vecino quien la viva primero, pues soy yo quien está pidiendo eso al Padre cuando rezo el Padre nuestro.
Ahí está la violencia que el Reino de los Cielos sufre y la violencia que sufrimos cuando queremos ser fieles a la Voluntad de Dios y no a la nuestra.
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