martes, 21 de diciembre de 2021

Disponibilidad mariana

"En aquellos días, María se levantó y se puso en camino deprisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel".
Disponibilidad mariana: María no necesitó que nadie le dijera lo que tenía que hacer, escuchó la voz del Ángel que le decía que su prima, que ya era vieja y estéril, estaba embarazada, y, por eso, sin que nadie se lo pidiera salió de prisa hacia la casa de Isabel. Cuando no se está pendiente del propio ombligo, se puede sentir la necesidad del hermano y acudir hacia él sin que me lo pida, simplemente porque estoy disponible para ayudar, para estar.
La disponibilidad mariana nos hace ver lo centrados que estamos en nosotros mismos porque no somos capaces de ver, muchas veces, que el otro necesita de mi. No es necesario que me llame, que me mande un mensajero. Si estoy libre de mí voy a poder comprender y acudir a su encuentro. Pero, cuando sólo pienso en mí y recuerdo que a mí no me ayudaron, que a mí no me llamaron, que a mí... que a mí... entonces, mi corazón está tan cerrado en mí mismo que seré incapaz de vivir esta disponibilidad.
"Pero yo siempre estoy dispuesto ¿por qué no me llamaste?" Cuando se ama no hace falta que te llamen. Pero no nos estamos abiertos a los otros, no existe en nosotros una empatía capaz de mirar hacia adelante y al hermano y descubrir que necesita de mí. Y siempre habrá una nueva excusa para tapar mi falta de disponibildad para echar una mano.
Y esto es lo que pasa, cuando vamos hacia el otro:
"Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo..."
No hace falta que sepa lo que tengo que hacer o lo que le voy a decir, si voy con el corazón abierto y dispuesto, solo la presencia ayuda pues el Espíritu Santo hablará y dirá lo que necesita el otro escuchar. Por eso no hay excusas para salir al encuentro de mi hermano. Y, aunque no lo sintamos o creamos, será nuestra presencia la que ayudará al que necesita, y será el Espíritu quien llene su corazón de lo necesario para él.
Sí, la disponibilidad mariana es una virtud que tenemos que seguir rescatando, y más en estos tiempos donde sólo somos solidarios con las grandes causas, pero con los que tengo cerca y necesitan de mí, a esos sí que no los veo, pues no salen en las noticias ni me envían mensajes.

 

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