miércoles, 8 de diciembre de 2021

Esquivar la culpa

"Él contestó:
«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».
El Señor Dios le replicó:
«¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».
No se habla en la Biblia de una manzana, pero sí se habla de la desobediencia de Adán a la Voluntad de Dios, por lo cual entró el pecado en el Hombre. Dios le había dado todo para que se sirviera, pero sólo le había pedido una cosa, y no le bastó todo lo que tenía, sino que quiso lo que no debía.
Es una historia que se repite a lo largo de las generaciones, pues siempre anhelamos o queremos aquello que no debemos, se podría decir que la desobediencia está dentro de nuestros genes, pues siempre seguimos cometiendo el mismo pecado. Y no sólo a Dios, sino que también lo hacemos entre nosotros, e, incluso a nosotros mismos nos somos desobedientes.
¿Cómo ser desobiendentes a uno mismo? Muy fácil: cuando nos proponemos una meta, o nos comprometemos con un ideal o con una persona, siempre encontramos la excusa fácil para no hacer lo que hemos dicho. Incluso cuando decimos que somos cristianos pero no vivimos como cristianos, ahí también no sólo desobedecemos a Dios porque no vivimo según el Evangelio, sino que nos desobedecemos a nosotros mismos porque decimos algo que no vivimos.
Nos conformamos, muchas veces, de la desobediencia, y, otras tantas hacemos como Adán y Eva: le vamos echando la culpa a los demás de que nos han obligado a desobedecer:
"Adán respondió:
«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».
El Señor Dios dijo a la mujer:
«¿Qué has hecho?».
La mujer respondió:
«La serpiente me sedujo y comí».
No somos capaces de asumir nuestras responsabilidad cuando las cosas no salen bien, o cuando, en realidad me he equivocado o he desobedecido a un pedido, a una orden, o, incluso a la Voluntad de Dios. Siempre hubo alguin, o algo que me hizo cambiar de opinión, de decisión... Sin embargo, en todo momento y en toda ocasión, soy yo quien he optado por desobedecer, por hacer aquello que no debía o por decír lo que no correspondía. Soy yo quien tiene la libertad de decidir, que no lo hice bien o que lo hice en contra de lo que creía, tengo que tomar, también, entonces, la decisión de ser honesto y decir: me equivoqué, fui desobediente, y así obtendré la gracia del perdón, pues el arrepentimiento nos ofrece grandes respuestas pues fortalece nuestro espíritu para nuevas ocasiones y nos hace fuertes para poder seguir decidiendo por el Bien, la Verdad, la Voluntad de Dios.

 

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