miércoles, 15 de diciembre de 2021

No nos escandalizamos, pero...

"¿Eres tú el que ha de venir?"
Y respondiendo, les dijo::
«ld y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados. Y !bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
Jesús no quiere quitarnos la libertad para creer o dejar de creer, por eso no nos dice directamente quién es Él, sino que nos da pistas para que hagamos nuestro propio razonamiento y saquemos nuestras propias conclusiones y aceptemos o no lo que hemos razonado. Somos personas inteligentes con capacidad de razonamiento y libertad para elegir lo que más nos convenie y lo que nos da sentido a nuestra vida.
La respuesta de Jesús hace referencia a lo que los profetas habían anunciado del Mesías, y por eso, seguramente, Juan Bautista supo que, realmente, era Jesús el Mesías esperado. Pero ¿por qué Juan envió discípulos a preguntarle? Puede haber habido muchas razones, pero una que es la que primero se me cruza por la cabeza, es que, estando en la cárcel, necesitaba fuerzas para seguir creyendo que su predicación había sido certera, pues él había señalado al Mesías. Podría haber sido una pequeña crisis de fe como la que tenemos cualquiera de nosotros, y que, muchas veces, necesitamos una señal para seguir creyendo.
Claro es que esa señal no nos viene por medio de un whatsapp o de una llamada telefónica, sino que se nos dan signos y señales que tendremos que aprender a interpretar si realmente queremos seguir creyendo, pues siempre está abierta la posibilidad de ser los "sordos que no quieren oir", o los ciegos que no quieren ver.
Y, finalmente, también me gusta la frase final de ese párrafo:
"!bienaventurado el que no se escandalice de mí!", no es que nos escandalicemos de Cristo, sino que nos escandaliza lo que Cristo nos puede llegar a pedir, y por eso nos hacemos los sordos y ciegos, para no escuchar ni ver la Voluntad de Dios en los acontecimientos de la vida diaria. No es que nos escandalice ser cristianos pero tampoco lo vamos predicando o vamos siendo buenos evangelizadores o misioneros de la Buena Noticia, sino que, en la mayoría de los casos, pasamos inadvertidos entre la multitud y, sobre todo, no iluminamos las oscuridades de la mentira del mundo.
No, no nos escadalizamos pero tampoco nos mostramos abiertamente como verdaderos discípulos de Cristo en medio del mundo...

 

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