Estaba pensando que hoy, 1º de mayo, iniciamos el mes de María celebrando la fiesta de San José, obrero. Y me pareció una hermosa coincidencia, pues no puede estar uno sin el otro. Un matrimonio que marcó la historia de la humanidad y la historia de la salvacion comenzó a escribirse con sus nombres y sus vidas.
Dice san Pablo en la carta a los colosenses:
"Cualquiera sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres. Sepan que el Señor los recompensará, haciéndolos sus herederos. Ustedes sirven a Cristo, el Señor".
Está claro que Dios no busca grandes personajes, ni grandes intelectuales, ni doctores, ni sabios, sino que necesita grandes corazones para poder hacer grandes obras. José, como María, fueron personas con un corazón inmenso, lleno de Amor por Dios y por los hombres, y, con ellos, el Señor hizo grandes cosas. Una lección de vida para nosotros que buscamos hacer grandes cosas sin Dios.
El mundo de hoy nos está llevando a una búsqueda de prestigio y status social que nos hace, quizás inconscientemente, olvidarnos de Dios. Buscamos el mejor puesto, el mejor trabajo, la mejor remuneración, los mejores títulos porque ello nos ayudará a tener mejores ingresos y, en algunos casos, poder procurar un mejor futuro para una posible descendencia.
Esa búsqueda de un mejor futuro nos hace olvidar del presente, de lo que tengo que vivir hoy, y, sobre todo de lo que tengo que entregar hoy. Esa búsqueda nos lleva a olvidarnos de lo que es esencial en nuestras vidas y dónde está el sentido para llevar a plenitud nuestras vidas, y, seguramente, ese sentido no está en un futuro prometedor a los ojos del mundo.
Un humilde carpintero de Nazaret, prometido con una virgen adolescente, fue un gran hombre que supo, por amor, escribir una de las mejores páginas de la historia de la humanidad, porque gracias a su amor por María, Dios le hizo la revelación más importante de su vida y, siendo Fiel a la Voluntad de Dios, fue un esposo y padre generoso que hizo posible la llegada del Mesías y Salvador del mundo.
No necesitó san José grandes títulos, ni grades trabajos, ni nada que se le parezca a lo que el mundo ostentaba y ostenta, sino que Dios necesitó de él, como de María, un corazón abierto y dispuesto a creer lo que le era anunciado de parte del Señor, y por eso, se transformaron en grandes instrumentos en manos del Señor, para que Él pudiera, con ellos, hacer grandes cosas.
Por eso, las palabras de María en el Magníficas bien se podrían adecuar a San José, por su entrega generosa y su confianza en el Señor:
"ha mirado la humildad de su servidor, me llamarán bienaventurado todas las generaciones, porque el Señor hizo grandes cosas conmigo".
Si lo dejamos al Señor intervenir en nuestras vidas, veremos cuántas grandes cosas puede hacer Él con nosotros.
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