De la carta de san Clemente primero papa, a los Corintios
Éste es, amados hermanos. el camino por el que llegamos a la
salvación. Jesucristo. el sumo sacerdote de nuestras oblaciones. sostén y ayuda
de nuestra debilidad.
Por él, podemos. elevar nuestra mirada hasta lo alto de los
cielos; por él. vemos como en un espejo el rostro inmaculado y excelso de Dios;
por él, se abrieron los ojos de nuestro corazón; por él, nuestra mente,
insensata y entenebrecida, se abre al resplandor de la luz; por él, quiso el
Señor que gustásemos el conocimiento inmortal, ya que él es el resplandor de
su gloria y ha llegado a ser tanto mayor que los ángeles, cuanto es más augusto
que el de ellos el nombre que ha recibido en herencia.
Militemos, pues, hermanos, con todas nuestras fuerzas, bajo
sus órdenes irreprochables.
Fijémonos en los soldados que prestan servicio bajo las
órdenes de nuestros gobernantes: su disciplina, su obediencia. su sometimiento
en cumplir las órdenes que reciben. No todos son generales ni comandantes ni
centuriones ni oficiales ni todos tienen alguna graduación; sin embargo, cada
cual, en el sitio que le corresponde, cumple lo que le manda el rey o cualquiera
de sus jefes. Ni los grandes podrían hacer nada sin los pequeños, ni los
pequeños sin los grandes; la efectividad depende precisamente de la conjunción
de todos.
Tomemos como ejemplo a nuestro cuerpo. La cabeza sin los pies
no es nada, como tampoco los pies sin la cabeza; los miembros más ínfimos de
nuestro cuerpo son necesarios y útiles a la totalidad del cuerpo; más aún, todos
ellos se coordinan entre sí para el bien de todo el cuerpo. Procuremos. pues.
conservar la integridad de este cuerpo que formamos en Cristo Jesús, y que cada
uno se ponga al servicio de su prójimo según la gracia que le ha sido asignada
por donación de Dios.
El fuerte sea protector del débil, el débil respete al
fuerte; el rico dé al pobre, el pobre dé gracias a Dios por haberle deparado
quien remedie su necesidad. El sabio manifieste su sabiduría no con palabras,
sino con buenas obras; el humilde no dé testimonio de sí mismo, sino deje que
sean los demás quienes lo hagan. El que es casto en su cuerpo no se gloríe de
ello, sabiendo que es otro quien le otorga el don de la continencia.
Consideremos, pues, hermanos, de qué materia fuimos hechos,
cuáles éramos al entrar en este mundo; de qué sepulcro y tinieblas nos sacó
nuestro Creador, para introducimos en su mundo, donde ya de antemano, antes de
nuestra existencia. nos tenía preparados sus dones.
Por esto debemos dar gracias a aquel de quien nos vienen
todos estos bienes, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
viernes, 30 de abril de 2021
El único Camino
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