Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Domingo del Buen Pastor. Una bella imagen que el Señor nos ofrece de sí mismo. Pero no es un Buen Pastor a imagen de los pastores de este mundo, sino una imagen que nos habla de su entrega por cada uno de nosotros que, a diferencia de las ovejas, no somos tan dóciles como las ovejas, pues tenemos libertad y razón.
Sí, Él nos conoce, y nos conoce mejor que nosotros mismos pues Él tiene la mirada de Dios, y nos conoce desde lo más íntimo de nosotros mismos. Y sabe cuáles y cómo serán nuestras reacciones a Su Voz, cuáles y cómo serán nuestras reacciones cuando Él, el Buen Pastor nos quiera llevar a otros pastos que no sean los que nosotros queremos.
Las ovejas se acostumbran a la voz del pastor y a sus silbos, y acuden a su presencia y siguen sus órdenes y se dejan conducir por su cayado. Nosotros, a diferencia de ellas, no siempre conocen la Voz del Pastor, o, incluso, conociéndola nos hacemos los sordos cuando no queremos escuchar lo que nos pide. Y, cuando lo escuchamos, pero no queremos seguirlo, tomamos por otro camino, pues nos gustan otros lugares, otras voces, y, nuestro instinto humano nos hace ir a otras praderas que no son junto al Pastor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.