miércoles, 28 de abril de 2021

Por los frutos los conocereis

"Un día que estaban celebrando el culto al Señor, y ayunaban, dijo el Espíritu Santo:
«Apartadme a Bernabé y a Saulo para la misión a que los he llamado».
Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron. Con esta misión del Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre".
Tanto la comunidad de los apóstoles, como la primera comunidad cristiana vivía muy unida en oración, y, en ese estado, el Espíritu Santo podía hablar con ellos, decirles lo que el Padre quería en cada momento y en cada situación. Eran apóstoles y discípulos conscientes de su misión y de Quién era el que dirigía su misión en la tierra.
Con el tiempo nos hemos acostumbrado a que nuestra misión la dirigimos nosotros, aunque, seguramente, confiamos en que Dios nos guíe, pero, como dice el Señor: por los frutos los conoceréis. Aunque nos cueste decirlo o asumirlo no somos comunidades cristianas que nos dejemos conducir por el Espíritu Santo, ni que, en muchas situaciones, estemos abiertos a sus impulsos y sugerencias, sino que vamos acostumbrándonos a nuestros gustos y costumbres, sin darle lugar a lo que Dios quiere para tal situación, comunidad o momentos histórico.
Cuando en las comunidades cristianas nos olvidamos de que Cristo y su Esprítu tienen que ser el centro de la vida común, entonces todo va perdiendo calor y calidad. Vamos haciendo cosas para ver si llegamos a la gente, sabiendo que no somos nosotros quienes tenemos que llegar a la gente, sino que es la Palabra de Dios la que tiene que llegar, y esa Palabra tiene que ser transmitidas por personas que vivan la fe y se dejen conducir por el Espíritu.
Es así que, en estos tiempos que corren, deberíamos volver a mirar a las Primeras Comunidades y tomar el ejemplo de cómo vivían, para que, como ellos, nuestras comunidades también sean un "lugar donde Dios envía a aquellos que necesitan salvarse".
Y esto es lo que tenemos que tener en cuenta, pues para ser cristianos, no sólo hay que seguir a Cristo, sino vivir como Cristo:
"Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre".
Él nunca se atribuyó la misión a sí mismo, sino que era consciente que era un Enviado del Padre, y "así como el Padre lo envió a Él, Él nos envió a nosotros", pero no para fuéramos nosotros los dueños de la Verdad y de la Gracia, sino que anunciáramos con nuestras vidas, unidos al Espíritu Santo, la Verdad, el Camino y la Vida que es Él mismo.

 

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