"Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?».
Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer".
Jesús o el Padre cuando nos ponen una prueba en nuestra vida, saben qué es lo que van a hacer, cómo lo van a hacer, y qué es lo que tienen en Sus Manos para que podamos hacer lo que nos están pidiendo. Pero ¿nosotros sabemos cómo vamos a responder? Generalmente, como nos sucede con muchas personas, ante una situación que nos sorprende siempre respondemos ¡no! Por las dudas, aunque no sabemos qué es lo que nos van a pedir y si nos va a costar mucho realizarlo, decimos que no. Después pensamos si podemos hacerlo o cómo, pero, primero nos escudamos en un no, pues creemos que siempre habrá tiempo para dar un sí.
Creo que era San Angustín quien decía "temo al Dios que pasa y sigue de largo", que se une a la frase del Apocalipsis: "estoy a tu puerta y llamo, si me abres cenaremos juntos", pero, si no me abres ¿estará toda la vida esperando que le abras? NO.
No, Dios no nos espera toda la vida porque, cuando Él necesita que hagamos algo es para ese momento, no para después. Para ese momento tiene la Gracia necesaria que yo necesitaré para hacer lo que Él me pide. Si responde que no... Acordémonos del diálogo de Jesús con el joven rico: "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. Cuando el joven oyó esto, se fue triste, porque tenía muchas riquezas". Se fue triste y Jesús no lo retuvo, simplemente lo vio irse.
Contamos, muchas veces, con nuestras propias fuerzas, con nuestras ganas, con nuestros proyectos, con lo que somos para poder responder a un llamado de Dios. Pero Dios ya sabe qué somos, cómo somos, cuáles son nuestros pecados y debilidades. Y Él cuenta con su poder, con su Gracia, con su Amor. Él sabe por qué me llama a mí y no a otro, por eso espera que mi respuesta sea un ¡SÍ! y no un no, ni tampoco un si condicional, sino un SÍ, con mayúsculas y con acento en la i, asegurando que estoy dispuesto a seguirlo, que estoy dispuesto a hacer todo lo que Él me pida, como María: "he aquí la esclava del Señor".
No permitas que tus miedo e inseguridades, ni que tu pecado o debilidades, le nieguen la entrada a Dios en tu vida, ni tampoco le digas que no a lo que Él te pida, pues dejarás un vacío en tu historia y en la Historia, pues sólo tú puedes hacer lo que el Señor quiere en ese momento. Aunque sólo veas que tienes 5 panes y dos pescados, ponlos en las manos del Señor y Él se encargará del milagro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.