martes, 27 de abril de 2021

Las obras que yo hago

"Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas".
"Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí".
Es lo más importante en nuestra vida de cristianos, hacer las obras de Cristo, no para que crean en nosotros, sino para que los obren encuentren a Cristo en la vida de los cristianos. No es poca la gente que dice que no cree en los curas y en la iglesia, y es bueno, porque no tiene que creer en hombres, sino que los hombres tenemos que llevar a los no creyentes a Dios. Los curas son hombres imperfectos, y la iglesia es una comunidad de hombres, varones y mujeres, que desde la imperfección y el pecado, buscan el Camino para la perfección en la santidad.
Desde nuestra pobreza, es decir, desde nuestro pecado y nuestra imperfección, seguimos insistiendo en buscar la perfección del amor, la perfección en la santidad, para que nuestras obras y palabras hablen de Dios, hablen de Cristo, y, como dice el mismo Jesús: "los hombres por sus buenas obras daran gloria a Dios".
La perseverancia en nuestra perfección en el Amor es lo que más nos cuesta, porque es el único signo por el que los hombres conocerán que somos hijos de Dios. Y es lo que, generalmente, nos olvidamos que tenemos que cultivar. Nos esforzamos en muchas cosas: en lo intelectual, en las leyes, en las normas, en lo exterior de la religión, y nos olvidamos de lo más importante que es el crecer en el Amor: "en la medida en que os améis unos a otros conocerán que sois mis discípulos".
Y, en realidad, si miramos con detenimiento a nuestras comunidades, a nuestra iglesia parroquial, diocesana o universal, no vemos que estemos todos edificados en el Amor que Jesús nos ha pedido vivir. No. Hay desuniones, hay divisiones, hay gente que no se habla, hay rencores, hay apetito de poder, hay.... mucho pecado en contra del Amor Fraterno, y ese no es el testimonio que tenemos que dar si nos llamamos y somos cristianos, y si seguimos así, nada cambiará y los hombres seguirán pidiendo signos para poder creer, pues no le mostramos el verdadero rostro de Cristo.

 

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