De la Apología primera de san Justino, mártir, en favor de los cristianos
Vamos ahora a explicar cómo nos consagramos a Dios los renovados por Cristo.
A todos los que han aceptado como verdadero lo que les hemos enseñado y explicado,
y se han comprometido a vivir según estas enseñanzas, se los exhorta a que pidan perdón a Dios de los
pecados cometidos, con oraciones y ayunos, y nosotros nos unimos también a sus oraciones y ayunos.
Después los conducimos hasta el lugar donde se halla el agua bautismal, y allí son
regenerados del mismo modo
que lo fuimos nosotros, es decir, recibiendo el baño de agua en el nombre del
Padre, Dios y Señor de todos, y de nuestro salvador Jesucristo y del Espíritu Santo.
Jesucristo dijo, en efecto: El que no nace de nuevo no
podrá entrar en el reino de los cielos. Y para todos es evidente que no es
posible que, una vez nacidos, volvamos a entrar en el seno materno.
También el profeta Isaías nos enseña de qué manera apartan de
sí el pecado los que han faltado y se arrepienten. He aquí sus palabras:
Lavaos, purificaos. apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar
mal, aprended a obrar bien; buscad lo que es justo. haced justicia al oprimido,
defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces. venid, y litigaremos -dice
el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como la grana. blanquearán como la
nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán blancos como lana. Pero, si no
sabéis obedecer. la espada os comerá. -Lo ha dicho el Señor-.
Los apóstoles nos explican la razón de todo esto. En nuestra
primera generación, fuimos engendrados de un modo inconsciente por nuestra parte
y por una ley natural y necesaria, por la acción del germen paterno en la unión
de nuestros padres, y sufrimos la influencia de costumbres malas y de una
instrucción desviada. Mas, para que tengamos también un nacimiento, no ya fruto
de la necesidad natural e inconsciente, sino de nuestra libre y consciente
elección, y consigamos por el agua el perdón de los pecados anteriormente
cometidos, se pronuncia sobre aquel que quiere ser regenerado y está arrepentido
de sus pecados el nombre del Padre. Señor y Dios de todos; y éste es el único
nombre que aplicamos a Dios, al llevar a la piscina bautismal al que va a ser
bautizado.
Nadie hay, en efecto, que pueda llamar por su nombre propio al Dios inefable, y,
si alguien se atreviese a decir que puede ser capaz de ello, daría pruebas de
una locura sin remedio.
Este baño se llama iluminación, porque son iluminadas las mentes de los que
aprenden estas cosas. Pero, además, el que es iluminado es también lavado en el
nombre de Jesucristo (que fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilatos. y en
el nombre del Espíritu Santo, que anunció de antemano, por boca de los profetas,
todo lo referente a Jesús.
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