"El Señor le dijo:
«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
Es lo que el Señor le dijo a Ananías sobre Saulo.
Al leerlo me acordaba de algo que una vez me dijo una persona, después de algún tiempo viviendo, en serio, la fe cristiana: "antes todo era más fácil, ahora todo es más difícil pero estoy mejor que antes". Y es así, vivir radicalmente la fe cristiana nos hace sufrir, pero nos ayuda a vivir en plenitud.
Y ¿por qué hay que sufrir para vivir cristianamente? Es un sufrimiento que no es el físico, es el sufrimiento del buscar la Voluntad de Dios, pues cuando no somos conscientes de la Voluntad de Dios, de sus Mandamientos y de sus consejos evangélicos, vivimos como sin preguntarnos si lo que hacemos es lo que Dios quiere, y, sobre todo, sin renunciar a nosotros mismos para hacer lo que Dios quiere y no lo que yo tengo ganas de hacer.
Cuando no nos decidimos por ser verdaderamente cristiaanos, nos da lo mismo si hacemos las cosas bien o si las dejamos de hacer. Pero cuando nos decidimos por vivir santamente, entonces, la vida diaria tiene más preguntas y decisiones radicales que hay que tomar. Ya no podemos dejarnos llevar por lo que es normal en el mundo, sino que tenemos que ponernos a pensar si lo que vamos a hacer es propio de un cristiano, si es propio de alguien que está intentando ser apóstol de Jesús, pues la vida tiene que ser el espejo de lo que predico y de lo que intento vivir: la vida de Jesús en mi vida, por eso me llaman y me llamo cristiano: quiere ser imagen de Cristo.
Es lo que san Pablo decía sobre sí mismo: hay una lucha constante en mí, entre el espíritu y la carne, entre lo que debo hacer y lo que quiero hacer, porque no siempre hago lo que debo sino lo que no quiero. Esa lucha, esa guerra entre lo cristiano y lo mundano, es lo que nos lleva, muchas veces a sufrir, pues habrá veces en que estaré en contra de lo que los demás hagan y, quizás, me tilden de "santurrón" o "beato", pero es que no siempre tengo que hacer lo que los demás quieran, sino lo que me he decidido a vivir.
Así San Juan Pablo II decía en el 2000: "sed mártires de remar contra la corriente del mundo". ¿Estáis dispuestos a vivirlo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.