jueves, 20 de mayo de 2021

Que sean UNO para que el mundo crea

"En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró, Jesús diciendo:
- «No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado".
¡Qué ocurrencia más complicada! ¿Cómo se te ocurre Señor que tengamos que ser uno como Tú y el Padre? ¡Eso es imposible entre gente tan distinta y con pensamiento tan diferente! Y, por muchos siglos, estamos viendo que es imposible ser UNO, no sólo en la Iglesia Unviersal, sino en la particular, y, más aún, en la pequeña comunidad que somos cada parroquia.
Y, sin embargo, el Señor nos sigue reclamando esa Unidad, porque ¡sí que es imposible para el hombre! pero no para Dios. Y es ahí donde tenemos que poner nuestra mirada: Dios. San Pablo le decía a los presbíteros de Éfeso: "Incluso de entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí". Y es ahí donde se rompe la Unidad de la Iglesia, de la comunidad, porque no nos centramos en Dios, sino en uno mismo: en mis gustos, en mis proyectos, en mis planes.
Somos muchos los que queremos que las comunidades se centren en nuestra persona. Incluso, dejamos que la vida de la comunidad se centre en tal o cual persona, a veces lo hacemos sin pensarlo, y otras lo hacemos muy conscientes, porque, seguramente, es más fácil que llevar a todos a Dios.
Y, sí, las exigencias que Dios nos pone son más duras que las que nos puede poner un hombre, pero, lamentablemente, quien nos Sana y Salva es el Señor, y quien nos Une es el Señorío del Señor, todo lo demás es pasajero y transitorio.
Si ponemos a Dios como el centro de la rueda, como el eje, central de nuestra vida personal y de la comunidad, vamos a descubrir cómo todo se va centrando y va perdiendo fuerza la individualidad y el pecado personal, dejando lugar a una Vida Común, donde lo único que buscamos es la Voluntad de Dios, para llevar a cabo la misión que nos fue encomendada: anunciar al mundo la alegría del Evangelio.
"...que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado", si no somos UNO el mundo no creerá que El nos ha enviado, y no encontrará el Camino de la Vida que Jesús recorrió para que el Hombre encuentre su Salvación.

 

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