domingo, 23 de mayo de 2021

Recibid el Espíritu

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Así como en el Génesis vemos cómo Dios exhala en la nariz de Adán su aliento para darle vida, así, Jesús, Dios, exhala su aliento para darnos, por medio del Espíritu Santo, una nueva Vida que nace del perdón de los pecados y nos renueva como hijos de Dios.

La Vida que nos da Jesús con su Resurrección, es la Vida que nos da, por medio del Espíritu Santo, el día de nuestro bautismo, otorgándonos la filiación Divina y la participación como personas con derechos y obligaciones, en la vida de la Iglesia, el Nuevo Pueblo de Dios que nació el día de Pentecostés.

El día de nuestro bautismo el Espíritu Santo nos limpia del pecado original y purifica nuestra alma para que, a partir de ese momento, Él more en nosotros y sea el motor que santifique nuestras vidas. Esto significa que, desde ese día, comienza un proceso de santidad en nuestra vida. Un proceso para el que necesitamos, siempre, de la asistencia del Espíritu que, con sus Dones, nos ayude a discernir la Voluntad del Padre, a fortalecernos contra las asechanzas del enemigo, a liberarnos de nuestros pecados personales y habituales (el justo peca 7 veces por día, dice Jesús) y, sobre todo, nos alienta a seguir en el camino de la Santidad viviendo la perfección del Amor a Dios y a los hermanos, para que podamos llegar a ser verdaderos discípulos de Jesús: “en la medida en que se amen unos a otros verán que sois mis discípulos”.

No podemos construir nuestra vida cristiana, nuestra vida de familia, de comunidad cristiana, de Iglesia sin la ayuda constante del Espíritu Santo. Por eso debemos invocarlo ¡Ven Espíritu Santo!


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