viernes, 21 de mayo de 2021

Me amas?

"Por tercera vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó:
«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Poder responder con tranquilidad a la misma pregunta es lo que nos ayuda, no sólo para demostrarle al Otro nuestro amor, sino que nos ayuda a seguir tomando conciencia de a quién amamos verdaderamente.
En realidad Jesús no dudaba del amor de Pedro, pues Él conocía su corazón, sino que quería que Pedro lo explicitara frente a los demás y, sobre todo, para sí mismo. Es una profesión de fe que lo "ata" a lo que ha dicho, y que lo hace consciente y libre, no como otras veces, que las respuestas de Pedro son un arrebato del corazón o de los labios, y, en algunas de ellas, Jesús ha tenido que reprenderlo.
En estas tres veces Pedro no dice lo que dice por un arrebato o por un impulso, sino que cada vez va tomando mas conciencia de lo que está diciendo. Por eso, a la tercera vez se entristece pues piensa que Jesús no le creer, sin embargo, no es que no le crea sino que quiere que él mismo se lo crea para poder aceptar el encargo-misión que Jesús le da.
Ahí descubrimos que la misión que Jesús nos da, a cada uno, no es una obligación, sino que es respuesta al amor que le dispensamos. El Amor no es una obligación, sino que es un deseo que brota del conocimiento, pues cuanto más se conoce más se ama, o no; pues no podemos amar sin conocer a quien amamos. Puede haber una arrebato, como se dice "amor a primera visita", pero eso no es verdadero amor, pues cuando se comienza a conocer al otro, quizás, esa sensación de amor desaparezca, o cuando esa relación me exija algo que no quiero, entonces ya no hay amor...
El verdadero Amor es el que se implica con todo el ser en la relación, y lo que se hace por el otro y con el otro, no es una obligación, sino que es en respuesta a ese amor.
Aquí Jesús nos lo demuestra, pues une a la confesión del amor a Él una responsabilidad para Pedro: apacienta a mi ovejas. Así descubrimos que Amar a Dios no sólo es Amar a Dios, sino que es amar a los demás, amar a los hombres, a los hermanos, pues Él mismo está en cada uno de los hermanos: "porque tuve hambre, tuve sed... porque lo que le hicieste a cada uno de ellos me lo hicisteis a mí".
Así, cuando más conocemos a Jesús, más podremos amarlo, y cuánto más lo amamos más habremos de amar a nuestros hermanos, porque si no es así, será como dice San Juan: "quien dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve, es un mentiroso".

 

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