"Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
-«Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»
Les preguntó:
-«¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron:
-«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. »
Para pedir y reclamar siempre estamos dispuestos, es más, siempre encontramos el lugar, la hora, el motivo, y miles de argumentos para reclamar lo que nos corresponde por derecho, o lo que creemos que son nuestros derechos, o si no existen los inventamos, da igual, lo importante es ponernos por encima de los demás, hacernos los más valientes, y reclamar lo que creemos que nos corresponde. Y, como vemos, no es algo nuevo, sino que es parte del hombre, y, yo diría es parte del pecado original que vive en el hombre, pues siempre nos gusta reclamar o pedir sin dar nada a cambio, o, creyendo, que hemos dado todo o que nos corresponde todo por ser quien somos.
Y por eso, Jesús, le responde de una manera muy bien, y que nos hace, o nos debería hacer pensar en lo que entregamos o qué obligaciones cumplimos para reclamar nuestros derechos:
"Jesús replicó:
-«No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».
Es cierto, nos gusta sentirnos importanes, vernos en los mejores lugares y puestos. El caso es que vivimos en una sociedad donde eso se consigue mediante extorsión o reclamando lo que creemos que nos pertenece. No estamos dispuestos a entregar lo nuestro o a esforzarnos por alcanzar lo que creemos. Y, por otro lado, se piensa en los derechos pero no en las obligaciones que se tienen, y, en algunos casos, sólo pueden reclamar los que se consideran con derechos a reclamar, pero los demás no. Los que siempre han cumplido con las normas, los que siempre han vivido sus obligaciones, parece que no tuvieran derecho a exigir o a hacer ver cuál es la verdad.
"Jesús les dijo:
-«El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo; está ya reservado».
Y salimos con el pecho fuerte a querer vivir lo que hemos reclamado, pero nos damos, a veces, la cabeza contra la pared porque no podemos llegar a sostener en el tiempo la misma fuerza, ni vivir lo que eso implica. Nos hemos creído los superhéroes porque hemos levantado la pancarta de mis derechos, pero las obligaciones nos llegan y no las llegamos a aceptar o a vivir, porque, en realidad, los superhéroes sólo viven fuertes y resucitan en la ficción, en la vida real es otra cosa que no muchos están dispuestos a vivir y aceptar.
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