Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
A veces no comprendemos el por qué de las exigencias que Jesús nos ha dejado como consejos evangélicos. Nos parece, por momentos, que ha exagerado en cómo Él vivía, y cómo quiere que vivamos nosotros. Hay consejos evangélicos que (se dice en el mundo) para estos tiempos que vivimos no son útiles, o mejor dicho, no se pueden vivir de acuerdo al ritmo del mundo.
Y ese es nuestro error: querer “acomodar” el Evangelio al ritmo del mundo, a lo que el mundo vive, y, en verdad, para eso no vino Jesús, es más, para que sigamos viviendo como el Príncipe de este mundo quiere, no era necesario que muriera, ni tan siquiera que viniera al mundo.
Pero, era la Voluntad del Padre mostrarnos cuál es el Camino de la Vida, y cuál es el Camino que nos conduce a la alegría plena, a la alegría verdadera, a la felicidad eterna. Y ese Camino es el que recorrió Jesús, y se hizo Él mismo Camino para mostrar cómo recorrerlo, no sin miedo, no sin dolor, no sin esfuerzo, pero con la seguridad que el Padre sostiene en todo momento al hijo que quiere seguir las Huellas del Hijo.
Guardar los mandamientos y permanecer en el Amor, no es algo fácil para el hombre del siglo XXI, pues los mandamientos es lo que nos parece más antiguo y fuera de lugar para este siglo 21, donde lo que se propone al hombre para ser feliz es vivir no sólo en la libertad, sino en el libertinaje de hacer lo que me place y contraatacar con violencia a aquellos que predican el estilo de vida del Evangelio. Pues en estos tiempos de libertinaje, sólo vale la libertad de expresión para algunos y no para todos.
Y el Padre nos sigue llamando a una vida en el Amor Fraterno, a buscar en Su Gracia la fuerza para levantarnos de las caídas, y seguir intentando caminar sobre las Huellas de Jesús, para que nuestra vida sea en el Amor y de acuerdo a Su Voluntad, expresada en los mandamientos.
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