"Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud".
Hace un tiempo atrás alguien me decía que ser cristiano era algo triste, y, por eso, no creía. Claro que me quedé con la frase dando vueltas y pensando, pues, para muchos ser cristianos tiene esa repercusión: es algo triste. Sin embargo el Señor nos dice: "os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud". ¿Entonces será triste ser cristiano? O, ¿somos tristes los cristianos? O ¿sólo ven como cristiano ir a Misa y la misa tiene que ser más alegre?
Habría que profundizar un poco más en qué es lo que los demás ven del cristianismo y qué es lo que se tiene como referencia para ser o no cristiano, para creer o no en Cristo.
Creo que la primera mirada de todo aquél que quiere creer o que busca creer, es la vida de los que creen. Cada uno de nosotros somos cristianos y nuestra vida es un reflejo de lo que significa creer en Cristo. No es que tengamos que estar siempre riéndonos para mostrar alegría, pero sí que se nota en el día a día, en nuestro rostro, en nuestra vida, si, realmente, la fe, el cristianismo da a nuestra vida alegría, paz, serenidad.
Una segunda mirada seguramente es una comunidad cristiana: todos los que formamos la comunidad cristiana de una ciudad, incluso de la Iglesia unviersal: mostramos lo que tenemos que mostrar: "en esto conocerán los hombres que sois mis discípulos: en la medida en que os améis unos a otros", dice el Señor. ¿Somos realmente una comunidad que se ama? Seguramente que no somos iguales, que no pensamos igual, pero eso no tiene por qué generar divisiones, desuniones, rencillas, peleas, gente que no quiera saludar a otros, etc. etc.
Y, creo que, lo fundamental, es ¿sé dar razones de por qué creo en lo que creo? ¿Puedo decirle al mundo que sí, mi fe en Cristo es la base fundamental de mi vida, que Él es mi refugio, mi todo? ¿Puedo decirle a los demás el por qué creo, por qué necesito de la oración, de la Palabra, de la Eucaristía? No es que necesite razones teológicas o filosóficas, pero sí necesitan los demás razones para creer, y esa razones tengo que ofrecérselas yo también, desde mi propia realidad, desde mi vida, y, sobre todo con alegría, pues el Señor es la alegría de mi vida.
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