domingo, 16 de mayo de 2021

Nuestra misión

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo:

«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.

 

Antes de ascender a los Cielos, Jesús le dejó a los apóstoles y a los discípulos una misión: llevar el evangelio a todo el mundo. Una misión que ha llegado hasta nosotros, porque, como ellos, hemos sido llamados y hemos respondido al llamado de Jesús. Y, seguirlo a Jesús implica una gran responsabilidad, pues somos sus discípulos y apóstoles, y como aquellos que lo vieron ascender a los Cielos, también nosotros tenemos la misma misión: llevar el Evangelio a todos los hombres, de todo el mundo.

Porque nadie puede conocer a Cristo si no se lo predica, y nadie puede predicarlo si no lo conoce, y nadie lo puede conocer si no ha sido elegido para seguirlo. Así es que nosotros, somos esos misioneros del siglo XXI que llevan, por todos lados, la alegría del Evangelio, la alegría de creer, la alegría de sabernos llamados y elegidos para ser discípulos y misioneros de una Vida que es Camino y Verdad.

Claro que no es una tarea fácil, no lo fue para ellos, no lo será para nosotros, pero debemos tener el valor y la confianza, para saber que no es imposible si lo hacemos con Dios en el corazón. Valor porque vivimos en un mundo que, cada día, quiere dejar más de lado a Dios y, sobre todo, hacer desaparecer a quienes lo viven y predican; y confianza en la Providencia, para saber que Dios nunca dejará de acompañar nuestro caminar, si lo hacemos buscando su Voluntad.

Por eso es necesario que nuestra relación con el Señor de la Vida sea constante, que nuestro encuentro con Su Palabra sea perseverante y que siempre estemos alimentados con el Pan de la Vida, para poder creer y predicar lo que vivimos.


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