lunes, 30 de noviembre de 2020

Hemos encontrado al Mesías

De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el evangelio de san Juan

    Andrés, después de haber estado con Jesús y haber aprendido de él muchas cosas, no guardó para sí este tesoro, sino que se apresuró a acudir a su hermano, para hacerle participe de su dicha. Fijémonos en lo que dice a su hermano: «Hemos encontrado al Mesías» (traducido, quiere decir «Cristo»). ¿Te das cuenta cómo empieza, ya desde este momento, a enseñar lo que en breve tiempo había aprendido? Con ello demuestra la eficacia del Maestro, que tan convencidos los había dejado, y su propio interés y diligencia, manifestada ya desde el primer momento. Este mensaje, en efecto, es propio del alma que anhela ardientemente la llegada del Señor, que espera su venida del cielo, que se llena de gozo con su aparición y que se apresura a anunciar a los demás algo tan grande. Ésta es la prueba del verdadero y sincero amor fraternal, el mutuo intercambio de bienes espirituales.
    También es digna de notar la docilidad y prontitud de ánimo de Pedro. Al momento, sin dilación, acude a Jesús. Y lo presentó -dice- a Jesús. Pero no debemos extrañarnos de esta facilidad de Pedro, que acude sin previo examen. Lo más verosímil es que su hermano le explicara todas estas cosas con detalle; pero es que los evangelistas lo explican siempre todo de manera resumida, por razón de brevedad. Por lo demás, tampoco dice que hubiese creído al instante, sino: Y lo presentó a Jesús, para ponerlo en sus manos y para que fuese él quien le enseñase; pues estaba ahí en calidad de un discípulo más y a eso venía.
    En efecto, si Juan Bautista -cuando dijo: Es el Cordero, y: Bautiza con el Espíritu- dejó a Cristo la ulterior explicación de estas palabras, con mayor razón lo hizo Andrés, ya que él no se consideraba capaz de explicarlo todo, y por esto condujo a su hermano él la fuente de la luz, a la que éste acudió con prisa y alegría, sin perder un instante.

domingo, 29 de noviembre de 2020

Os lo digo a todos: ¡Velad!

"Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento…

Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!”

Comenzamos hoy el Tiempo de Adviento, Tiempo de Espera del Nacimiento de nuestro Dios y Salvador, Tiempo de penitencia y conversión para recibir a Aquél que nace para nuestra salvación. Y comenzamos con una exhortación muy clara y fuerte de parte de Jesús: ¡Velad! ¡Estad atentos! Y, si nos ponemos a leer (de nuevo) las lecturas de esta última semana del Tiempo Ordinario, pensaríamos que tenemos que estar atentos porque van a venir muchas calamidades y se va a terminar el mundo. No, no es por eso. Aunque tampoco sabemos cuándo será el día y la hora, que también, como se dice por aquí: que nos pille confesados.

Pero la advertencia de Jesús es para todos los tiempos, y para cada día de nuestra vida. Que tengamos siempre el espíritu fortalecido por Su Gracia, para poder dar el testimonio de vida que el mundo necesita de nosotros, los que creemos en Dios y en Cristo, Nuestro Señor.

Hemos visto, por poner un ejemplo, en este tiempo de pandemia que muchos cristianos, muy creyentes en el Señor y en Dios nuestro Padre todopoderoso, andaban como desorientados, desesperados, con miedo a lo que puede venir, y no dando el testimonio de esperanza, de confianza en que el Señor es nuestro Dios y Él sabe por qué suceden las cosas. Y, sin embargo, había cristianos desesperados por miedo a qué le tocara llevar la Cruz de la enfermedad.

Es cierto que no tenemos que andar buscando enfermarnos, que debemos cuidarnos, que debemos tener cuidado por uno y por todos, pero de ahí a estar como quien no tiene Dios…

Por eso mismo el Señor nos pide que estemos siempre con el espíritu fortalecido, que no nos dejemos caer en la tentación de la pereza de decir o pensar que a mí como soy de Cristo no me va a pasar nada, o vivir tan pendiente de otras cosas que no tenemos tiempo para las cosas de Dios.

En cualquier momento, y todos los días, el Señor nos pide que demos testimonio de nuestra vida de fe, de nuestra vida de amor, de nuestra vida de esperanza. Porque en cualquier momento vendrá alguien a llamar a nuestro corazón necesitado de esperanza, de consuelo, de fe… y ¿qué le voy a dar? Si no tengo ni para mí, no puedo darle lo que no tengo. Por eso, debo estar preparado y prevenido, porque en algún todo momento tengo que dar testimonio de fe en el Señor y no sólo en los días más oscuros y duros, sino todos los días tenemos que ser Luz, Sal y Fermento en el mundo.


sábado, 28 de noviembre de 2020

Para nuestra salvación

"Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre".
En el marco del fin del tiempo litúrgico hemos leído distintas profecías, ya sea por parte de Jesús, como del Apocalipsis. Profecías que nos hablan del fin de los tiempos y de las calamidades que pueden suceder, y de tantas otras que han sucedido. Las profecías nunca nos dicen cuándo y dónde van a suceder, pero sí que van a suceder. Lo que quiere decir que nunca sabremos por dónde vendrán y cuándo vendrán. Y ¿por eso el Señor quiere que estemos todo el día con miedo por si vienen semejante calamidades? No, el Señor no quiere que vivamos en el temor, sino ocupados en nuestra salvación. Ocupados en crecer en la confianza en la Providencia que nunca deja de estar a nuestro lado para ayudarnos a vivir lo que tenemos que vivir.
Por eso, el Señor nos advierte que situaciones malas o dolorosas, o calamidades, habrá en nuestra vida. Quizás no sean las apocalípticas, pero segura que habrá situaciones que vana superar nuestras capacidades, no sólo intelectuales porque no entenderemos lo que sucede y por qué sucede, sino que superarn nuestras propias fuerzas espirituales. Pero, en todo momento el Señor nos pide que nos mantengamos en pie, que mantengamos la esperanza porque siempre Él estará ahí para ayudarnos, para fortalecernos, porque siempre después volverá la calma, encontraremos la paz, vendrá la salvación de nuestra alma.
Mantenernos en pie no significa que no podamos tropezar y caernos, sino que en la confianza en la Misericordia Divina, podremos volver a retomar el Camino, podremos levantarnos del suelo y mirando siempre al Señor, como Pedro sobre las aguas, seguir andando hacia la meta; luchando cada día por conseguir la paz, la serenidad, para mantener la fe, la esperanza y el amor.
Sabemos que, en todo momento, tendremos que ser fuertes y valientes, pues el Reino de los Cielos sufre violencia y sólo los violentos lo arrebatan, y esa violencia será la que tendremos que usar para poder vencer, en nuestro interior la tentación de caer en la desesperanza, en la desconfianza, en el desamor, pues en todo momento el Señor quiere que demos testimonio de que, realmente, creemos en Él, y que sabemos que todo lo que el permite o quiere en nuestras vidas es para nuestro bien, y la salvación de nuestras almas.

 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Rechacemos el temor a la muerte

Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la muerte

    Nunca debemos olvidar que nosotros no hemos de cumplir nuestra propia voluntad, sino la de Dios, tal .como el Señor nos mandó pedir en nuestra oración cotidiana. ¡Qué contrasentido y qué desviación es no someterse inmediatamente al imperio de la voluntad del Señor, cuando él nos llama para salir de este mundo! Nos resistimos y luchamos, somos conducidos a la presencia del Señor como unos siervos rebeldes, con tristeza y aflicción, y partimos de este mundo forzados por una ley necesaria, no por la sumisión de nuestra voluntad; y pretendemos que nos honre con el premio celestial aquel a cuya presencia llegamos por la fuerza. ¿Para qué rogamos y pedimos que venga el reino de los cielos, si, tanto nos deleita la cautividad terrena? ¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este mundo al diablo supera al deseo de reinar con Cristo?
    Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama? Juan, en su carta, nos exhorta con palabras bien elocuentes a que no amemos el mundo ni sigamos las apetencias de la carne: No améis al mundo -dice- ni lo que hay en el mundo. Quien ama al mundo no posee el amor del Padre, porque todo cuanto hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida. El mundo pasa y sus concupiscencias con él. Pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre. Procuremos más bien, hermanos muy queridos, con una mente íntegra, con una fe firme, con una virtud robusta, estar dispuestos a cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que ésta sea; rechacemos el temor a la muerte con el pensamiento de la inmortalidad que la sigue. Demostremos que somos lo que creemos.
    Debemos pensar y meditar, hermanos muy amados, que hemos renunciado al mundo y que mientras vivimos en él somos como extranjeros y peregrinos. Deseemos con ardor aquel día en que se nos asignará nuestro propio domicilio, en que se nos restituirá al paraíso y al reino, después de habernos arrancado de las ataduras que en este mundo nos retienen. El que está lejos de su patria es natural que tenga prisa por volver a ella. Para nosotros, nuestra patria es el paraíso; allí nos espera un gran número de seres queridos, allí nos aguarda el numeroso grupo de nuestros padres, hermanos e hijos, seguros ya de su suerte, pero solícitos aún de la nuestra. Tanto para ellos como para nosotros significará una gran alegría el poder llegar a su presencia y abrazarlos; la felicidad plena y sin término la hallaremos en el reino celestial, donde no existirá ya el temor a la muerte, sino la vida sin fin.
    Allí está el coro celestial de los apóstoles, la multitud exultante de los profetas, la innumerable muchedumbre de los mártires, coronados por el glorioso certamen de su pasión; allí las vírgenes triunfantes, que con el vigor de su continencia dominaron la concupiscencia de su carne y de su cuerpo; allí los que han obtenido el premio de su misericordia, los que practicaron el bien, socorriendo a los necesitados con sus bienes, los que, obedeciendo el consejo del Señor, trasladaron su patrimonio terreno a los tesoros celestiales. Deseemos ávidamente, hermanos muy amados, la compañía de todos ellos. Que Dios vea estos nuestros pensamientos, que Cristo contemple este deseo de nuestra mente y de nuestra fe, ya que tanto mayor será el premio de su amor, cuanto mayor sea nuestro deseo de él.
 

jueves, 26 de noviembre de 2020

Levantad la cabeza

Finaliza el evangelio de hoy, diciendo Jesús:
"Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".
A lo largo de la historia de la humanidad ha habido miles de situaciones de catástrofes, guerras, pandemias, y muchas otras cosas más. No sólo en el final de los tiempos sucederán esas cosas. Pero sí, en cada tiempo, y en cada momento de la historia, y, sobre todo, de nuestra historia, la propia, tendremos que tener en cuenta que "cuando sucede todo eso tenemos que lenvatar la cabeza", aprovechar los momentos que el Señor nos permite o quiere que vivamos para fortalecer nuestra confianza y esperanza, pues las Promesas del Señor siempre se cumplen.
No podemos esperar que "como somos cristianos" nunca nos pase nada y nunca tengamos que sufrir por nada. ¿Por qué si Dios le pidió a Su Hijo Único que cargara con la cruz de nuestros pecados y ofreciera su vida en la Cruz hasta la muerte, no nos puede pedir a nosotros que carguemos, también, con nuestras cruces? ¿Por qué a los buenos (o los que nos creemos buenos) o a los que tenemos fe (o decimos que tenemos fe) no nos puede suceder nada? Si hemos creído que estábamos libres de sufrir porque creemos en Dios, estamos muy equivocados, porque en ningún momento, ni del Antiguo Testamento, ni del Nuevo Testamento, el Señor ha dicho eso. Bueno, en realidad Jesús dijo todo lo contrarioi: "quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue su cruz de cada día y sígame".
Sí, lo se, es una frase que he repetido una y mil veces, y la seguiré repitiendo, porque es la frase que siempre nos olvidamos cuando Dios nos pide o permite que carguemos una Cruz. Por lo mismo, nunca pensamos que Dios puede pedirnos,a nosotros, que carguemos la Cruz, ya sea espiritual o física, pero que la carguemos para, como dice san Pablo: "completar en mi carne los padecimientos del Hijo de Dios".
Por eso, cuando nos lleguen las cruces (lo que el mundo llama una desgracia) entendamos que es una Gracia de Dios para nosotros y para todos, pues, si la unimos a la Cruz de Cristo, la unimos a Su Gracia Salvadora, para nuestra conversión y la del mundo entero. Así, cuando sintamos que se nos viene encima el mundo por lo que el Señor nos pide vivir, entonces, recordemos que Jesús nos dijo:
"Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".

 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Es para dar testimonio

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio".
Toda ocasión en nuestra vida nos sirve para dar testimonio de lo que vivimos y de cómo vivimos. El día a día es un testimonio claro de lo que creemos y de lo que vivimos, pues la coherencia de nuestra vida de fe no sólo se va a demostrar en las grandes persecuciones contra la fe, contra nosotros, sino en cada momento de la vida, pues en cada momento el Señor nos pide vivir de acuerdo a Su Voluntad, con confianza en Su Providencia y sabiendo que todo es para el bien de los que Él ama.
Por eso no hace falta que nos suceda algo grande o doloroso, o que nos persigan, hace falta que nos demos cuenta que el Señor nos ha puesto como Luz del mundo, para alumbrar el mundo con los Dones del Espíritu Santo que habita en nosotros. Así, en este tiempo de pandemia, no podemos ser nosotros quienes no tengan esperanza, no podemos atrincherarnos en nuestros miedos y mostrar al mundo que el Señor nos nos ha fortalecido con su Espíritu, y, en lugar de ser sembradores de esperanza, somos sembradores de miedo, de desesperanza, de tristezas, de inseguridades...
¿No dices "creo en Dios Padre todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra? ¿No rezas "Padre nuestro que estás en el Cielo"? Entonces ¿crees que tienes un Padre todopoderoso o no? Si lo crees pues demuéstralo: con tu alegría, con tu esperanza, con tu paz, con la seguridad que todo pasará y lo que pase será por alguna razón, pero, seguramente, la razón es para que los que creemos en el Padre todopoderoso, realmente tengamos confianza en Su Divina Providencia., y no andemos por el mundo, como huérfanos adoptados por un mundo en el que no hay un Dios.
"Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro".
Eso es lo que debemos hacer: confiar, confiar en el Padre, confiar en Su Amor, confiar en Su Fortaleza, confiar en Su Providencia. Si el nos ha permitido cargar con esta Cruz, entonces, aunque nos cueste llevarla, hemos de llevarla con la dignidad y la alegría de los hijos de Dios. NO alegría porque la llevamos saltanado y cantando, sino la alegría de habernos sentido elegidos para, junto a Jesús, cargar la Cruz por los pecados del mundo y de mí mismo. Y, será ahí cuando sienta la fuerza de la Gracia, pues el Padre mismo será nuestro Cirineo para llegar a alcanzar la meta de la resurrección.

 

martes, 24 de noviembre de 2020

El mensaje de la Cruz

"Hermanos: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios".
Hoy estamos muy acostumbrados a ver en las orejas, tobillos, cuellos y ¡vaya saber en qué otra parte más! cadenas con cruces, o rosarios colgados de muchas personas, y, sobre todo, de los famosos, quienes los pusieron de moda. Muchos se alegran al verlos, porque dicen que son gente cristiana. Pero, para muchos, la cruz o el rosario, es sólo un collar o un adorno más, como el del árbol de navidad (ya que estamos cerca) No saben, la mayoría, qué es lo que significa y pará qué el Señor nos ha dado la Cruz.
Y, sí, como dice san Pablo, "la cruz es una locura para los que se pierden", pero, en este tiempo, muchas veces, la Cruz es una locura para el creyente en Cristo. Sí, no son pocos los crisitanos que al recibir la "verdadera cruz de Cristo", hacen un escándolo, o la rechazan, o reniegan de su fe, pues para ellos Dios no debe pedirles llevar la Cruz, pues eso es para los que se "portan mal". Y, si yo me porto bien, no tengo que llevar la Cruz.
Y, con ese mismo argumento tan humano, tenemos que pensar que Jesús que llevó la Cruz hasta el Calvario y fue crucificado en ella, se portó muy mal y para Él era necesario llevar esa Cruz. Sí que era necesario, pues esa era la Voluntad del Padre, pues el pecado de desobediencia que trajo la muerte tenía que ser "lavado" por una obediencia radical, como la de Jesús.
A partir de ese momento, en que Jesús, asume la Cruz como camino de resurrección, se convierte para nosotros, tamibién, en instrumento de Salvación, no sólo para nosotros mismos, sino como salvación para todos aquellos que, por nuestra fidelidad a Dios, pueden llegar a alcanzar la conversión y la salvación de sus almas.
Así, hoy que celebramos el martirio de varios sacerdotes y laicos, nos invitan a que, como ellos, podamos ir seguros y firmes a la Cruz, sabiendo que es el Padre quien nos la pide y es el Padre quien nos da la fuerza para poder cargarla hasta el final sin perder la fe. Como pide san Pablo en otra de sus cartas, no seamos como los del mundo que, sin fe, reniegan de la Cruz de Cristo, sino que, al contrario siempre pidamos al Padre la fortaleza para poder aceptarla y cargarla, para nuestra salvación y la de todos aquellos que necesitan la Gracia para encontrar el Camino de la Salvación.

 

lunes, 23 de noviembre de 2020

Según el trabajo, así la ganancia

De los sermones de san León Magno, papa

    Dice el Señor: Si vuestra virtud no es superior a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Esta superioridad de nuestra virtud ha de Consistir en que la misericordia triunfe sobre el juicio. Y en verdad lo más justo y adecuado es que la creatura, hecha a imagen y semejanza de Dios, imite a su creador, que ha establecido la reparación y santificación de los creyentes en el perdón de los pecados, prescindiendo de la severidad del castigo y de cualquier suplicio, y haciendo así que de reos nos convirtiéramos en inocentes y que la abolición del pecado en nosotros fuera el origen de las virtudes.
    La virtud cristiana puede superar a la de los escribas y fariseos no por la supresión de la ley, sino por no entenderla en un sentido material. Por esto el Señor, al enseñar a sus discípulos la manera de ayunar, les dice: Cuando ayunéis no os hagáis los melancólicos, como los hipócritas, que ponen una cara mustia, para hacer ver a los demás que están ayunando. Os digo de veras: Ya recibieron su paga. ¿Qué paga, sino la paga de la alabanza de los hombres? Por el deseo de esta alabanza se exhibe muchas veces una apariencia de virtud y se ambiciona una fama engañosa, sin ningún interés por la rectitud interior; así, lo que no es más que maldad escondida se complace en la falsa apreciación de los hombres.
    El que ama a Dios se contenta con agradarlo, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor; el amor, en efecto, viene de Dios, de tal manera que Dios mismo es el amor. El alma piadosa e íntegra busca en ello su plenitud y no desea otro deleite. Porque es una gran verdad aquello que dice el Señor: Donde está tu tesoro, allí está tu corazón. El tesoro del hombre viene a ser como la reunión de los frutos recolectados con su esfuerzo. Lo que uno siembre, eso cosechará, y cual sea el trabajo de cada uno tal será su ganancia; y donde ponga el corazón su deleite, allí queda reducida su solicitud. Mas, como sea que hay muchas clases de riquezas y diversos objetos de placer, el tesoro de cada uno viene determinado por la tendencia de su deseo, y si este deseo se limita a los bienes terrenos, no hallará en ellos la felicidad, sino la desdicha.
    En cambio, los que ponen su corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra, y su atención en las cosas eternas, no en las perecederas, alcanzarán una riqueza incorruptible y escondida, aquella a la que se refiere el profeta cuando dice: La sabiduría y el saber serán su refugio salvador, el tensor del Señor será su tesoro. Esta sabiduría divina hace que, con la ayuda de Dios, los mismos bienes terrenales se conviertan en celestiales, cuando muchos convierten sus riquezas, ya sea legalmente heredadas o adquiridas de otro modo, en instrumentos de bondad. Los que reparten lo que les sobra para sustento de los pobres se ganan con ello una riqueza imperecedera; lo que dieron en limosnas no es en modo alguno un derroche; éstos pueden en justicia tener su corazón donde está su tesoro, ya que han tenido el acierto de negociar con sus riquezas sin temor a perderlas.
 

domingo, 22 de noviembre de 2020

Cuándo lo hicimos?

Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.

Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos, más pequeños conmigo lo hicisteis”.

No siempre podemos ver al Señor en nuestros hermanos. A veces, nos gustaría que todos tuvieran el rostro y la forma de ser de Jesús, pero no es así, todos, por el pecado original, tenemos defectos y pecados, que, en muchos casos, nos hacen difíciles de aceptar. Pero, el Señor nos exige un amor incondicional a los demás, porque así es como Él nos amó y nos ama a cada uno de nosotros, a pesar de que no somos los mejores del mundo, sino que seguimos y seguiremos (mientras estemos en este mundo) con defectos y pecados. Pero Él, en su gran amor y misericordia, seguirá aceptando nuestro arrepentimiento y nos perdonará, sin antes pedirnos que rectifiquemos, que nos convirtamos, verdaderamente, como Él nos invita en el Evangelio.

San Juan de la Cruz, teniendo este evangelio en cuenta, nos dirá: “en el atardecer de la vida seremos juzgados en el amor”. Y así será. Todo lo que hacemos en nuestra vida espiritual: rosarios, vía crucis, oración, reflexión de la Palabra, vida sacramental, todo, todo, es para fortalecer nuestro amor y poder amar como Jesús nos amó, para que esas caras que no queremos ver se hagan personas a las que pueda amar, porque en ellas está Jesús, aunque no lo veamos.

Santa Teresita de Lisieux decía que había encontrado el método para poder amar a quienes, en muchos momentos, no podía hacerles ningún servicio, y era porque buscaba imaginarse a Jesús en la persona de sus hermanas, por eso, el amor que demostraba en cada acto de caridad, era un acto de amor a Jesús.

Sí, no es fácil amar como Él nos amó, pero es el Camino que nos indicó para que seamos sus discípulos, amigos y hermanos, y, sobre todo, es el único signo por el que los hombres reconocerán que somos cristianos: en el amor que nos tengamos unos a otros, pero no sólo a los que nos aman, sino a todos, pues eso también lo hacen los que no creen en Cristo.


sábado, 21 de noviembre de 2020

Concibió por su fe

De los sermones de san Agustín, obispo

    Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Estos son mi madre y mis hermanos; y el que hace la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, es mi hermano y mi hermana y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra. salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella? Ciertamente, cumplió santa María con toda perfección, la voluntad del Padre, y por esto es mas importante su condición de discípula de Cristo, que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.
    Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el seno que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades: de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que se lleva en el seno.
    María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo. Ella es parte de la totalidad del cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al mismo Dios por cabeza.
    Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Estos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y el que hace la voluntad de mi Padre celestial es mi hermano y mi hermana y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de «hermanos» y «hermanas»: la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos. 

viernes, 20 de noviembre de 2020

El misterio de Cristo en nosotros

Del Tratado de san Juan Eudes, presbítero, Sobre el reino de Jesús

    Debemos continuar y completar en nosotros los estados y misterios de la vida de Cristo, y suplicarle con frecuencia que los consume y complete en nosotros y en toda su Iglesia.
    Porque los misterios de Jesús no han llegado todavía a su total perfección y plenitud. Han llegado ciertamente a su perfección y plenitud en la persona de Jesús, pero no en nosotros, que somos sus miembros, ni en su Iglesia, que es su cuerpo místico. El Hijo de Dios quiere comunicar y extender en cierto modo y continuar sus misterios en nosotros y en toda su Iglesia, ya sea mediante las gracias que ha determinado otorgarnos, ya mediante los efectos que quiere producir en nosotros a través de estos misterios. En este sentido quiere completarlos en nosotros.
    Por esto san Pablo dice que Cristo halla su plenitud en la Iglesia y que todos nosotros contribuimos a su edificación y a la edad de Cristo en su plenitud, es decir, a aquella edad mística que él tiene en su cuerpo místico, y que no llegará a su plenitud hasta el día del juicio. El mismo Apóstol dice, en otro lugar, que él va completando las tribulaciones que aún le quedan por sufrir con Cristo en su carne mortal.
    De éste modo el Hijo de Dios ha determinado consumar y completar en nosotros todos los estados y misterios de su vida. Quiere llevar a término en nosotros los misterios de su encarnación, de su nacimiento, de su vida oculta, formándose en nosotros y volviendo a nacer en nuestras almas por los santos sacramentos del bautismo y de la sagrada eucaristía, y haciendo que llevemos una vida espiritual e interior, oculta con él en Dios.
    Quiere completar en nosotros el misterio de su pasión, muerte y resurrección, haciendo que suframos, muramos y resucitemos con él y en él.. Finalmente, completará en nosotros su estado de vida gloriosa e inmortal cuando haga que vivamos con él y en él una vida gloriosa y eterna en el cielo. Del mismo modo quiere consumar y completar los demás estados y misterios de su vida en nosotros y en su Iglesia, haciendo que nosotros los compartamos y participemos de ellos, y que en nosotros sean continuados y prolongados.
    Según esto, los misterios de Cristo no estarán completos hasta el final de aquel tiempo que él ha destinado para la plena realización de sus misterios en nosotros y en la Iglesia, es decir, hasta el fin. del mundo.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Reconozcamos al Mensajero de la Paz

"En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:
«¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos".
En muchas o algunas ocasiones, seguramente, nos ha pasado ponernos a llorar por algo que queríamos, o por alguien a quién queríamos pero que lo perdimos por cosas que nos dijimos, o por verdades que no nos gustaron escuchar, o que no le gustaron escuchar. Perder a alguien, no sólo a un ser querido en la muerte, es un dolor del corazón.
Pues ese mismo dolor que nos puede haber producido el perder a alguien, lo tenemos que multiplicar muchísimas veces, y no 70 veces 7, sino mucho más, para poder experiementar el dolor que sintió Jesús al verse rechazado por su propio pueblo, pero, sobre todo, por no haber querido recoocer en Él al Hijo de Dios, al Mesías que ellos tanto esperaban y del que tanto habían hablado.
Pero... también, por no haber querido reconocer sus errores y buscar el camino de la conversión, pues para eso el Padre lo había enviado: para sanar sus heridas, dar luz a sus cegueras y enseñarles el verdadero Camino de la Vida. Pero no quisieron escucharlo y por eso cerraron sus oídos a sus Palabras y sus ojos ante la evidencia de su Verdad.
Y, ese día pasó. Y Dios pasó y eligió un pueblo nuevo para dar Su Mensaje, para hacer conocer Su Vida y el Camino de la Verdad que conduce a la Vida. Ese Pueblo Nuevo somos nosotros, los nacidos del costado abierto de Jesús: la Iglesia, todos los que hemos recibido en la pila bautismal el Espíritu de Jesús que nos hace hijo de Dios.
Y ahora somos nosotros ese Pueblo que tiene que seguir escucharndo Sus Palabras para poder, seguir, convirtiendo nuestras vidas a la Verdad, en la Fe en el Hijo de Dios que vino a nosotros y se hizo Camino para que nostros, en la Esperanza de llegar a la Casa del Padre, seamos instrumentos en Sus Manos y mensajeros de un Nuevo Mensaje de Salvación que viene por la conversión de los pecados y la vida nueva en el Espíritu. Un Mensaje que, generación tras generación, se viene dejando en el corazón de los hombres, para que los hombres, cada uno según su vocación y estado de vida, sean discípulos y apóstoles misioneros para anunciar Su Palabra con sus vidas.
Por, hoy como ayer, Jesús nos pide que no cerremos nuestro corazón a sus Palabras que nos llevarán a la conversión del corazón, y que nuestros oídos puedan escuchar Su Verdad, para que nuestros labios la prediquen, y nuestras vidas se unan en Su Amor para mostrar el mundo la Luz que viene del Evangelio de la Vida, la Luz que viene del Espíritu para que todos puedan conocer el Verdadero Camino de la Vida.

 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

El corazón del justo se gozará en el Señor

De los Sermones de san Agustín, obispo

    El justo se alegra con el Señor, espera en él, y se felicitan los rectos de corazón. Esto es lo que hemos cantado con la boca y el corazón. Tales son las palabras que dirige a Dios la mente y la lengua del cristiano: El justo se alegra, no con el mundo, sino con el Señor. Amanece la luz para el justo -dice otro salmo-, y la alegría para los rectos de corazón. Te preguntarás el porqué de esta alegría. En un salmo oyes: El justo se alegra con el Señor, y en otro: Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.
    ¿Qué se nos quiere inculcar? ¿Qué se nos da? ¿Qué se nos manda? ¿Qué se nos otorga? Que nos alegremos con el Señor. ¿Quién puede alegrarse con algo que no ve? ¿O es que acaso vemos al Señor? Esto es aún sólo una promesa. Porque mientras vivimos estamos desterrados lejos del Señor y caminamos sin verlo, guiados por la fe. Guiados por la fe, no por la clara visión. ¿Cuándo llegaremos a la clara visión? Cuando se cumpla lo que dice Juan: Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
    Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión.
    Ahora amamos en esperanza. Por esto dice el salmo que el justo se alegra con el Señor. Y añade en seguida, porque no posee aún la clara visión: y espera en él.
    Sin embargo, poseemos ya desde ahora las primicias del Espíritu, que son como un acercamiento a aquel a quien amamos, como una previa gustación, aunque tenue, de lo que más tarde hemos de comer y beber ávidamente.
    ¿Cuál es la explicación de que nos alegremos con el Señor, si él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Ámalo y se te acercará; ámalo y habitará en ti. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna. ¿Quieres saber en qué medida está en ti, si lo amas? Dios es amor.
    Me dirás: «¿Qué es el amor?» El amor es el hecho mismo de amar. Ahora bien, ¿qué es lo que amamos? El bien inefable, el bien benéfico, el bien creador de todo bien. Sea él tu delicia, ya que de él has recibido todo lo que te deleita. Al decir esto, excluyo el pecado, ya que el pecado es lo único que no has recibido de él. Fuera del pecado, todo lo demás que tienes lo has recibido de él.

martes, 17 de noviembre de 2020

Porque nos ama nos corrije

En estos últimos días del año litúrgico, la Palabra nos ayudará a meditar y reflexionar sobre nuestra vida cristiana, y, fundamentalmente, sobre nuestras obras como cristianos. Hoy, desde el Apocalipsis, el Señor nos da unas cuantas cosillas para que pensemos:
1. "Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Sé vigilante y reanima lo que te queda y que estaba a punto de morir, pues no he encontrado tus obras perfectas delante de mi Dios".
No sólo nos hace ver que hemos dejado morir el Amor Primero, sino que, por eso mismo, nuestras obras ya no son lo mismo que eran cuando comenzamos a vivir como cristianos. Pero, a la vez, también sabe que todavía quedan cosas que podemos rescatar en nuestras vidas y, si las ponemos en las Manos de Dios, y le dejamos a Él que nos ayude, vamos a poder ver buenos y variados frutos nuevos.
2. "Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca".
Ésta siempre me pareció la frase más fuerte de parte de Dios. ¿Somos fríos, calientos o tibios? ¿Nuestro SÍ a Dios ha sido sí... pero, sólo a veces, o ha sido un sí pero no?
Los cristianos tibios somos los que hemos mostrado una vida poco rica para querer ser vivida, y, por eso, no somos buena imagen de Cristo en el mundo, pues nuestra entrega y pertenencia a Dios, no se ha manifestado en nuestras obras, sino todo lo contrario, pues cuando nos ha convenido hemos sido cristianos, pero cuando la Voluntad de Dios no era lo que yo quería, entonces... he dicho si... pero no.
3. "Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas; y vestiduras blancas para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez; y colirio para untarte los ojos a fin de que veas".
¿Cuál es el oro acrisolado al fuego? Son las obras de caridad y los sacrificios que hacemos para convertir nuestras vidas, porque el solo pedido de perdón por nuestros pecados que no vaya acompañado de una buena conversión, de nada sirve. Sino que tenemos que saber "llevar a esclavitud nuestra carne", como dice san Pablo, para fortalecer nuestro espíritu y ser lo que Dios quiere que seamos.
4. "Yo, a cuantos amo, reprendo y corrijo; ten, pues, celo y conviértete. Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo".
Él siempre está atento a nuestra vida, saber por dónde vamos y cómo nos movemos, pero nunca entrará a nuestro corazón si no le abrimos antes la puerta, y aceptamos con todo nuestro ser que Él es nuestro Dios y Señor. Si le abro de corazón mi vida, y la pongo en sus Manos El sabrá qué hacer, y al sentarse conmigo a la Mesa me dará su Vida para que yo tenga vida en abundancia.
Y, ante todo esto, solo nos falta una cosa: "El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias", no nos hagmos los sordos ante las llamadas de atención que nos hace nuestro Padre Dios.

 

lunes, 16 de noviembre de 2020

Hemos perdido el Amor Primero

"Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras".
"Tengo contra ti que has abandonado tu amor primero".
Una frase muy fuerte de parte de Dios para nosotros, o, por lo menos, para que la meditemos y veamos si, realmente, es así lo que Él nos dice (que, generalmente, es así como Él lo dice) Pero ¿a qué se refiere con el amor primero?
Yo creo que, en este caso, se refiere a la pasión o entusiasmo (si os parece fuerte la palabra pasión) que uno siente en el primer momento de un enamoramiento. Es decir, cuando comienza a brotar en uno el deseo del amor, cuando llega uno a conocer a ese amor y comienza una relación de amor, hay una pasión que nos lleva a hacer locuras o a dejar de hacer algo por pensar o por ir a buscar al amor.
Y, en orden a la fe, nos produce casi la misma sensación. Pero, sobre todo, en el caso de la carta de Juan, el fuego que se tenía por abrazar el Amor a Dios, a Jesús, y vivir de una forma muy radical la fe en Cristo, las palabras del Evangelio.
Cuando alguien que no conocía a Cristo o no conocía el camino de la fe, lo descubre siente un fuego intenso por vivir ese Camino, y deja todo por seguirlo a Cristo. Hay un deseo de vivir aquello que uno a encontrado y pasa a ser el sentido de la vida.
Pero, muchas veces, con la fe, el amor o el trabajo vocacional, pasa lo mismo, con el tiempo, si no se tiene en cuenta la rutina va matando la pasión, y las locuras del principio se vuelven tonterías con el paso de los años.
Por eso, dice: "Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras". Habla de los convertidos que son los que muestran el mayor anhelo por vivir. Y, creo, que en esto tiempos, a nuestra iglesia, a todos, nos falta esa pasión de los recién convertidos, como dice Jesús: "encontraron en un campo una perla fina, y fueron y vendieron todos sus bienes por comprar ese campo".
Hoy no nos apasiona el Camino de la Vida que nos propone Jesús. No tenemos el fuego del Amor Primero para vivir el cristianismo. Nos hemos dedicado a cumplir con nuestras tareas y sólo hacemos lo que nos parece que está bien, pero nada más. No dejamos todo por abrazar la fe y vivir la Vida de Cristo. Y, por eso mismo, son sólo unos pocos, los que, en realidad, hacen "las obras primeras", es decir, dejan todo por estar junto al Señor, por escuchar su Palabra y hacer Su Voluntad, aunque eso le cueste la renuncia a todos sus proyectos.

 

domingo, 15 de noviembre de 2020

Nuestros talentos...

Su señor le dijo:
"¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor".
Pareciera que estamos hablando de política y de los que han ganado las elecciones, pero no, es la Parábola de los talentos, porque a diferencia de algunos casos (que son la excepción que confirma la regla) el Señor tiene en cuenta cuántos talentos ha dado a cada uno, y cómo los hemos usado.
Es cierto que no todos tenemos los mismos talentos, sino que el Señor nos ha dado a cada uno según nuestras capacidades, y, en alagunos casos, esas capacidades han sido aumentadas por el buen uso que se ha hecho de los talentos recibidos.
Llegando casi al final del año litúrgico, las lecturas nos ayudan a pensar nuestra vida en función de lo que hemos recibido y de cómo la vamos utilizando o de cómo vamos invirtiendo los talentos que el Señor nos ha regalado. Porque de acuerdo a lo que vamos viviendo, podemos descubrir cómo vamos utilizando nuestros talentos. ¿Cuál de los tres hombres somos? ¿Somos de los que han sabido invertir sus talentos en el servicio de los demás? ¿Somos de los que los han escondido en un hoyo y se han quedado esperando que otros los sirvan? ¿Somos los holgazanes o somos los que han sabido descubrir su vocación?
¡Hay tantas variedades! Y, también, por supuesto, tantos argumentos para no poner nuestros talentos al servicio de los demás. Hay, también, tantos obstáculos para hacernos quedar sentados en el sofá y viendo pasar la vida. Y, sobre todo, hay una falta de conocimiento acerca del sentido que de tenemos que dar a nuestra vida...
Y ese es el problema de muchos, que no han sabido discernir su propia vocación, su llamado, su profesión, o, han tenido padres o familia que los ha "hecho" elegir un estilo de vida que no querían, y, por eso, se encuentran con un vacío en sus vidas por no haber sabido recorrer el mejor camino, que los hace sentirse desesperanzados y desilusionados con su propia vida.
Pero, gracias a Dios, siempre tenemos las esperanzas puestas en Quien puede trasnformar lo negro en blanco, y darnos una nueva Vida que nos lleve a la plenitud de nuestra vida. Pues el Señor, siempre está dispuesto a ayudarnos cuando nuestros ojos están dispuestos a ver, y nuestro corazón está dispuesto a aceptar el nuevo Camino que Él nos muestra para recorrer.
Quizás hemos sido el hombre que enterró sus talentos, pero ahora tenemos la oportunidad de pedir ayuda al Señor para desenterrarlos y ponerlos al servicio de los demás, y, sobre todo de Su Voluntad, para que sea Él Quien nos ayude a dar frutos y en abundancia, y, sobre todo a que nuestro caminar sea en Gracia, en Verdad y en plenitud de vida, pues Él es el Camino que nos conduce a la plenitud de nuestra vida. Y, seguramente, nos dice: no temas, toma mi mano y deja que te conduzca hacia la Vida.

 

sábado, 14 de noviembre de 2020

Educados o malcriados?

«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
De esta parábola del juez injusto, lo que más me ha sorprendido siempre, es el final de la parábola. Por que, ya ha habido otra parábola, la del vecino inoportuno e insistente, en la cual Jesús nos habla de hacer oración a tiempo y destiempo, como dice san Pablo, y, de saber que Dios siempre dará a quien le pide con insistencia.
Pero (siempre hay un pero en las parábolas de Jesús, y, en la vida) no siempre seguimos leyendo hasta el final, y, en el final, nos da una vuelta más al tema de la parábola.
En la parábola del amigo insistente nos dice al final: "y el Padre dará el Espíritu Santo a quien se lo pidiere", es decir no nos va a dar cualquier cosa que le pidamos, sólo aquello que nos pueda ser útil para hacer Su Voluntad.
Y, en esta parábola del juez injusto, nos dice al final: "pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontraré esta fe en la tierra?" Y éste es el final de la parábola que tenemos que analizar. ¿Por qué lo dice el Señor? Por que no siempre hay que dar todo lo que se pide, porque, como dice san Pablo, "no recibimos porque no sabremos pedir". Y, en lo general, siempre pedimos lo que queremos, pero no lo que necesitamos para nuestra salvación.
Si los padres a los niños les dan todo lo que les piden, a tiempo y destiempo, sin mirar si lo que piden es necesario para su vida, sino que piden porque siempre le dan. ¿Están educando o malcriando?
Y, lamentablemente, para nosotros, pobre humanos, Dios es un Padre que educa, y no malcría. Por eso, no siempre nos da lo que queremos, sino que nos va a dar lo que nencesitemos para nuestro crecimiento espiritual, para nuestra salvación. Por eso, vuelvo a san Pablo, que nos dice: "Pues nosotros no sabemos pedir como conviene, más el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios".
Cuánto más dejamos al Espíritu que ore en nosotros y por nosotros, entonces, sí podremos fortalecer nuestra fe y seremos cubiertos con la Gracia para poder descubrir que todo lo que necesitamos lo tendremos, y así, cuando venga el Señor, encontrará fe sobre la tierra.

 

viernes, 13 de noviembre de 2020

Nos basta con el Evangeliio

Es muy difícil quedarse sólo con un párrafo de la carta de san Juan, pero intentaré hablar de cada uno de ellos.
Primero de lo primero, y es la alegría que demuestras san Juan al ver que la comunidad camina en "la verdad" del Evangelio, en la verdad de los mandamientos.
"Me alegré mucho al enterarme de que tus hijos caminan en la verdad, según el mandamiento que el Padre nos dio".
Está seguro que el caminar en los mandamientos no es algo fácil para el hombre, pero para Dios no hay imposible, por eso siempre es bueno reconocer cuando alguien camina en el Verdadero Camino y no sin esfuerzo, pero lograr encontrar la fuerza en lo alto para poder hacerlo.
Pero, frente a esa realidad del caminar, no hay que olvidar que se está en el mundo, aunque no somos del mundo, como nos lo decía el Señor, pero en el mundo no todos quieren caminar en la Verdad, por eso, siempre es bueno volver a repetir (como hacen las madres) aquello que tenemos que vivir.
"Ahora tengo algo que pedirte, Señora -y no es que os escriba para un mandamiento nuevo, sino el que tenemos desde el principio-: que nos amemos unos a otros. Y en esto consiste el amor: en que caminemos según sus mandamientos. Y este es su mandamiento, según oísteis desde el principio, para que caminéis según él".
Recordar lo que debemos vivir y lo que debemos hacer, no quiere decir que no lo hagamos, sino que no perdamos de vista. Si lo hacemos no tenemos por qué preocuparnos, sino seguir ocupándonos de hacerlo. En cambio, si vemos que no lo estamos viviendo, entonces sí nos tenemos que ocupar de poner todo lo que podamos de nuestra parte para poder alcanzar la meta.
Y, por qué lo vuelve a recordar san Juan, por que, en aquella época, como en la nuestra:
"Pues han salido en el mundo muchos embusteros, que no reconocen que Jesucristo vino en carne. El que diga eso es el embustero y el anticristo.
Estad en guardia, para que no perdáis vuestro trabajo y recibáis el pleno salario. Todo el que se propasa y no se mantiene en la doctrina de Cristo, no posee a Dios; quien permanece en la doctrina, este posee al Padre y al Hijo".
Hoy no tenemos gente que no reconoce que Jesús vino en cuerpo al mundo, pues es un dato histórico, pero sí tenemos los negadores de Dios y los que quieren destruir a la Iglesia, y aquellos que, desde dentro de la iglesia, se creen los nuevos Mesías y predican nuevos mandamientos que no son los que Dios y Jesús nos han pedido vivir. Al igual que aquellos cristianos que van "metiendo" dentro de la vida cristianas métodos y doctrinas que nada tienen que ver con lo que nos mandó a vivir Jesús.
Como decía un amigo: si con intentar vivir lo que dice el Evangelio ya tenemos demasiado ¿para qué querer integrar metodos y doctrinas de otras religiones? No busquemos el camino fácil, sino intentamos, con la Gracia de Dios, ser fieles al Evangelio que el Señor nos dio como Camino, Verdad y Vida.

 

jueves, 12 de noviembre de 2020

Obediencia a la autoridad

"...aunque tengo plena libertad en Cristo para indicarte lo que conviene hacer, prefiero apelar a tu caridad, yo, Pablo, anciano y ahora prisionero por Cristo Jesús".
Hermoso argumento que utiliza Pablo para ayudar a la obediencia. Sí, para ayudarnos a obedecer a nuestras autoridades o a aquellos a quienes le debemos, como el dice, nuestra propia persona. Claro que habla de persona en cuanto a nuestra realidad espiritual, pues, gracias a las palabras y la vida de Pablo, Filemón alcanzó la conversión y el perdón de los pecados, y, por el bautismo, comenzó a ser "persona" dentro de la comunidad cristiana, dentro de la Iglesia, y así comenzó una vida nueva. Por eso, en función de esa vida nueva que Pablo suscitó en Filemón, tiene autoridad como para decirlo lo que hay que hacer, y, por supuesto, cada uno tiene libertad para obedecer o no.
Pero no sólo pide obediencia irracional, sino que le da razones para obedecer. Por un lado "libertad en Cristo para indicarte lo que conviene hacer", pues Cristo lo llamó para ser apóstol, y, por eso, como apóstol, como enviado de Jesús tiene libertad para dar indicaciones de cómo vivier como "otro Cristo", como cristiano, pues la Gracia del Espíritu está sobre aquél a quien Él elige para ocupar un lugar de autoridad dentro de la comunidad (a buen entendedor pocas palabras bastan). Y, por otro lado, apela, también a la relación personal y de amor (fraterno) que tienen entre ellos y, también, "prefiero apelar a tu caridad", en el sentido de que, Pablo, estaba en prisión y necesitaba de alguien de confianza para hacer y enviar las cartas.
Por eso, fijaron que nos da dos argumentos para que podamos obedecer a nuestras propias autoridades dentro de la Iglesia: por el lugar que les ha pedido Jesús ocupar, pues sabemos que toda autoridad dentro de la Iglesia es un llamado de Jesús para el servicio de los hombres, y, por eso, se cuenta con la Gracia del Espíritu para poder ejercerla (aunque no nos guste quien la ejerce, pero es nuestra autoridad); y, por otro lado, la cercanía y la relación de amor fraterno que tiene que haber entre la autoridad y la comunidad, que se va gestando por la cercanía y el encuentro entre todos, sabiendo que todos formamos un sólo Cuerpo y Cristo es la Cabeza, por eso, autoridad y comunidad buscan, con la Gracia del Espíritu Santo, obedecer al Señor nuestro Dios, para vivir siempre según su Voluntad y ser así misioneros de Su Palabra de Vida.

 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Agradecer para valorar

"Jesús tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
Cuando estamos acostumbrados a que todo nos lo den servido en bandeja, o cuando nos acostumbramos a que tenemos derecho para todo y ninguna obligación, entonces, no valoramos lo que tenemos ni lo que nos dan aunque no lo merezcamos. Por esa razón hubo 9 curados que no vinieron a dar gracias al Señor, porque para ellos eso era lo que tenía que hacer aquél que tenía el poder de sanarlos. Y, seguramente, no pensaron que, como no sólo les dijo que "id a presentaros a los sacerdotes", eso bastaba pues eso sólo les había dicho.
En cambio, el extranjero, vino a dar gracias, porque lo que había recibido no estaba en él poder lograrlo, fue una gracia especial, y se dio cuenta que tenía que ser agradecido con quien le había dado semejante regalo.
Y así es, esta generación, en la que estamos viviendo y de la que nos estamos contagiando de tantas cosas, se está volviendo como aquellos 9 que no supieron dar gracias por lo recibido. ¿Por qué tengo que dar gracias por algo lo que tengo derecho a tener? ¿Por qué tengo que dar gracias por lo que me pertenece?
Y nos volvemos personas no-agradecidas, lo que no significa desagradecidas, pero está muy cerca, pues no sabemos agradecer lo que tenemos, ni la vida, ni el espíritu, ni lo material, y, por eso, seguimos pidiendo y si no recibimos nos enfadamos porque no nos dan todo lo que queremos. No sólo en lo humano, sino también en lo espiritual. Sobre todo porque conseguir algunas cosas implica un esfuerzo o un sacrificio, y para eso no estamos dispuestos.
En realidad, Dios no necesita de nuestro agradecimientos, al igual que nuestros padres, no necesitan que le agadezcamos todo lo que hacen por nosotros porque lo hacen por amor a nosotros; pero dar gracias y ser agradecidos es algo que nos hace bien a nosotros, porque nos hace descubrir que si ellos no nos hubieran dado la vida, y no nos hubieran cuidado como lo hacen y como lo siguen haciendo a pesar de ser ya mayores, no tendríamos lo que tenemos.
Y, como alguien dijo "en el amor no existen las matemáticas", pues no puedo devolver lo que me han dado por amor, pues es algo que no tiene límites, tengo que ser agradecido y saber agradecer por lo recibido, para que ese mismo amor, pueda dar frutos en mí, haciéndome una persona más sabia y que sabe valorar lo que va recibiendo. Y, aprendiendo a valorar lo que tengo podré valorar lo que tengo y descubrir que, muchas veces, no necesito más de lo que tengo y de lo que me han sabido dar, para así, alcanzar la paz y la serenidad.

 

martes, 10 de noviembre de 2020

El especial serivio del ministerio

De los Sermones de san León Magno, papa

    Aunque toda la Iglesia está organizada en distintos grados de manera que la integridad del sagrado cuerpo consta de una diversidad de miembros, sin embargo, como dice el Apóstol, todos somos uno en Cristo Jesús; y esta diversidad de funciones no es en modo alguno causa de división entre los miembros, ya que todos, por humilde que sea su función, están unidos a la cabeza.
    En efecto, nuestra unidad de fe y de bautismo hace de todos nosotros una sociedad indiscriminada, en la que todos gozan de la misma dignidad, según aquellas palabras de san Pedro, tan dignas de consideración: También Vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo; y más adelante: Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios.
    La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón? Aunque esto, por gracia de Dios, es común a todos, sin embargo, es también digno y laudable que os alegréis del día de nuestra promoción como de un honor que os atañe también a vosotros; para que sea celebrado así en todo el cuerpo de la Iglesia el único sacramento del pontificado, cuya unción consecratoria se derrama ciertamente con más profusión en la parte superior, pero desciende también con abundancia a las partes inferiores.
    Así pues, amadísimos hermanos, aunque todos tenemos razón para gozamos de nuestra común participación en este oficio, nuestro motivo de alegría será más auténtico y elevado si no detenéis vuestra atención en nuestra humilde persona, ya que es mucho más provechoso y adecuado elevar nuestra mente a la contemplación de la gloria del bienaventurado Pedro y celebrar este día solemne con la veneración de aquel que fue inundado tan copiosamente por la misma fuente de todos los carismas, de modo que, habiendo sido el único que recibió en su persona tanta abundancia de dones, nada pasa a los demás si no es a través de él. Así, el Verbo hecho carne habitaba ya entre nosotros, y Cristo se había entregado totalmente a la salvación del género humano.

 

lunes, 9 de noviembre de 2020

Por el bautismos somos Templos de Dios

De los Sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo.

    Hoy, hermanos muy amados, celebramos con gozo y alegría, por la benignidad de Cristo, la dedicación de este templo; pero nosotros debemos ser el templo vivo y verdadero de Dios. Con razón, sin embargo, celebran los pueblos cristianos la solemnidad de la Iglesia madre, ya que son conscientes de que por ella han renacido espiritualmente. En efecto, nosotros, que por nuestro primer nacimiento fuimos objeto de la ira de Dios, por el segundo hemos llegado a ser objeto de su misericordia. El primer nacimiento fue para muerte; el segundo nos restituyó a la vida.
    Todos nosotros, amadísimos, antes del bautismo fuimos lugar en donde habitaba el demonio; después del bautismo nos convertimos en templos de Cristo. Y, si pensamos con atención en lo que atañe a la salvación de nuestras almas, tomamos conciencia de nuestra condición de templos verdaderos y vivos de Dios. Dios habita no sólo en templos levantados por los hombres ni en casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente en el alma hecha a imagen de Dios y construida por él mismo, que es su arquitecto. Por esto dice el apóstol Pablo: El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
    Y, ya que Cristo, con su venida, arrojó de nuestros corazones al demonio para prepararse un templo en nosotros, esforcémonos al máximo, con su ayuda, para que Cristo no sea deshonrado en nosotros por nuestras malas obras. Porque todo el que obra mal deshonra a Cristo. Como antes he dicho, antes de que Cristo nos redimiera éramos casa del demonio; después hemos llegado a ser casa de Dios, ya que Dios se ha dignado hacer de nosotros una casa para sí.
    Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.
    ¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Las sabidurías...

"Radiante e inmarcesible, es la sabiduría, la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran.
Se adelanta en manifestarse a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a la puerta.
Meditar sobre ella es prudencia consumada y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.
Pues ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella; los aborda benigna por los caminos y les sale al encuentro en cada pensamiento".
No pude resistir la tentación de volver a copiar todo el texto del libro de la Sabiduría, pues es algo que, en estos tiempos que vivimos, hace falta que lo pidamos con mucha fuerza y constancia. ¡Sí! porque hay tanto tonto que se cree sabio, y tantos intelectuales que siguen la corriente de la tontería que, a veces (y no pocas veces), da vergüenza ajena escuchar semejantes cosas como si fueran grandes sabios.
Las "nuevas idologías" y las nuevas tendencias que surgen, las nuevas modas y las nuevas formas de hablar, nos dan muestra que los que "lanzan" al aire esas (como llamarlas) ¿formas de vida? no se han encontrado nunca con la sabiduría verdadera.
Y habla, en realidad de dos sabidurías verdaderas: una la sabiduría que da la vida, esa que tienen o tenían nuestros abuelos y padres, que se fueron formando, sin escuela, desde su trabajo, desde su sudor, desde su dolor y esperanza, que fueron forjando una vida, una familia, un futuro, no sólo para su familia sino para su comunidad, para su pueblo, para la nación entera.
Y, por otro lado, está la sabiduría que viene de Dios, como Don del Espíritu Santo, que nos ayuda a discernir cuál es la Voluntad de Dios para nuestra vida, qué hemos de hacer, cómo hacerlo, qué aceptar de lo que vemos y qué no aceptar, cómo defender lo que creemos y cómo ser astutos como serpientes y mansos como palomas frente a las ideolgía que tratan de "matar" nuestra fe.
Lamentablemente, dentro de nuestras comunidades, también se han infiltrado esos sabios del mundo que buscan una renovación, queriendo hacer de la fe cristiana un algo que no es Cristo, y, hacen que muchos otros caigan en la tentación de hacer de las idologías mundanas los nuevos mandamientos de nuestra fe.
Dejemos "que ella misma salga a nuestro encuentro y nos encuentre por el camino" de la Vida, para que aprendamos a ser sabios en Dios y vivir de acuerdo a Su Voluntad y no de la voluntad del mundo.

 

sábado, 7 de noviembre de 2020

María, medianera

 De las Disertaciones de san Sofronio, obispo

    Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. ¿Y qué puede haber más sublime que esta alegría, oh Virgen Madre? ¿O qué puede haber más excelente que esta gracia, que tú sola has alcanzado de Dios? ¿ O qué puede imaginarse más amable o espléndido que esta gracia? Nada puede equipararse a las maravillas que en ti vemos realizadas, nada hay que iguale la gracia que tú posees; todo lo demás, por excelente que sea, ocupa un lugar secundario y goza de una excelencia claramente inferior.
    El Señor es contigo; ¿quién, pues, se atreverá a competir contigo? De ti nacerá Dios; ¿quién, por tanto, no se reconocerá al momento inferior a ti y no admitirá de buen grado tu primacía y superioridad? Es por esto que, al contemplar tus eminentes prerrogativas, que superan las de cualquier otra creatura, te aclamo lleno de entusiasmo: Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. Por ti ha venido la alegría, no sólo a los hombres, sino también a los mismos coros celestiales.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que has cambiado en bendición la maldición de Eva y has hecho que Adán, que yacía postrado bajo el peso de la maldición, alcanzara, por ti, la bendición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, la bendición del Padre ha brillado sobre los hombres, librándolos de la antigua maldición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, alcanzan la salvación tus progenitores; pues has de dar a luz a aquel que les obtendrá la salvación divina.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, sin concurso de semilla, has producido aquel fruto que esparce la bendición sobre el orbe de la tierra, redimiéndola de la maldición que le hacía producir espinas y abrojos.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, siendo por condición natural una mujer como las demás, llegarás a ser en verdad Madre de Dios. Efectivamente, si el que ha de nacer de ti es, con toda verdad, el Dios hecho hombre, con toda razón eres llamada Madre de Dios, ya que realmente das a luz a Dios.
    Llevas en la intimidad de tu seno al mismo Dios, el cual mora en ti según la carne, y sale de ti como un esposo, trayendo a todos la alegría y comunicando a todos la luz divina.
    Pues en ti, oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha puesto Dios su tienda; y saldrá de ti como el esposo de su alcoba; y, cual gigante que emprende su carrera, recorrerá el camino de su vida, provechosa en todo para todos, alcanzando con su giro del término del cielo hasta el opuesto confín, llenándolo todo de su calor divino y de su resplandor vivificante.