Cuando san Pablo le escribe a Timoteo acerca de la elección de los obispos, hay una frase que llama la atención, y dice:
"Que no sea alguien recién convertido a la fe, por si se le sube a la cabeza y es condenado lo mismo que el diablo".
Se le subieron los humos a la cabeza, decimos, a veces, de ciertas personas que se creen que porque tienen un título, o han conseguido algo en la vida, ya pueden estar por sobre todos y pisar a cualquiera "con su sabiduría" o con su... vaya a saber con qué...
Pero es cierto, y sobre todo en estos tiempos que corren, hay mucha gente que se cree más que otros y, en algunos casos, quieren ocupar lugares que no le corresponden. El sábado decía en una homilía que, muchas veces, "los curas queremoa ser obispos, los obispos papas, los concejales alcaldes, los alcaldes presidentes...", porque nos creemos más capaces de los que ocupan los cargos ¿por qué? Por que los humos se nos subieron a la cabeza.
El orgullo mal vivido nos lleva a la vanidad, y la vanidad nos termina convirtiendo en soberbios que sólo buscan estar un esavalón por encima de todos. Y eso lo vemos con mucha facilidad en algunos y en nuestra propia vida, de la cual tamibén tenemos que dar cuenta, porque no sólo tenemos que mirar a quien está enfrente nuestro para saber si los humos se le han subido a la cabeza, sino que hay que mirar nuestros propios humos para ver si están en el lugar indicado.
Por eso el Señor nos pide, constantemente, crecer en la virtud de la humildad, no para menospreciarnos, sino para que aprendamos a ocupar el lugar que nos corresponde, y desde ahí poder mostrar un estilo de vida adecuado y coherente, porque cuando se disipan los humos que se nos subieron a la cabeza, apareceremos tal cual somos ante el mundo y eso será una gran caída para el ego, pues cuando nos hemos construido un pedestal de humo, las caídas pueden ser muy estrepitosas.
"El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".
Pero es bueno recordar que la virtud de la humildad no es menospreciarnos, o dejar que nos pisoteen, sino que sabiendo quién soy ocupar mi lugar en la sociedad con mucha altura, sin creer que soy más que nadie, sino saber que Dios me ha puesto en ese lugar y en este tiempo porque ha pensado una misión particular que sólo yo puedo realizar, y, para la cual, tengo la Gracia suficiente y necesaria. Porque con buscar mi propia identidad y saber bien quién soy, tendré el lugar que me corresponde y en ese luguar Dios me ensalzará en la medida que Él lo crea, porque "El miró la pequeñez de su servidora, me llamarán Feliz todas las generaciones, porque el Todopoderoso ha obras grandes por mí".
Con aprender a encontrar tu misión y saber quién eres ya tenemos un gran trabajo, y ser coherente con esa misión, será un camino que nos santificará. Por eso no quieras ser quién no eres, sino que con ser quien Dios quiere que sea, es más que suficiente para dar una gran respuesta al mundo.
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