"Hermanos:
Esto es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya, como es el caso de los gentiles, en la vaciedad de sus ideas".
"En la vaciedad de sus ideas", es una afirmación para tener en cuenta, ésta de la que habla San Pablo, porque, en realidad, nos está pasando, también, en estos tiempos. Y no es porque no tengamos ideas, sino porque las ideas que tenemos no están llenas de contenidos, no han sido maduradas a la luz del Espíritu sino que las vamos aceptando como algo normal del mundo.
Hoy en día tenemos información de todos lados y de todos los temas, habidos y por haber, pero no hay una formación integral de la persona que nos ayude a pensar y reflexionar sobre lo que decimos u opinamos, y, sobre todo, sobre lo que estamos haciendo o lo que queremos vivir.
Con el afan de vivir el día por día nos hemos olvidado de formar nuestras conciencias y de madurar nuestros espíritus cristianos. Nos movemos habitualmente con frases hechas o comentarios de otros, pero son pocas las veces, que vamos escuchando comentarios propios o reflexiones propias de acuedo a lo que el Espíritu Santo va suscitando en nuestros corazones.
Es por eso que nos da lo mismo vivir como cristianos o como paganos, ser obientes a la Voluntad de Dios o vivir en pecado, estar a favor de la vida o de la muerte, hacernos cada día la señal de la Cruz y tener un Buda en nuestra casa. Y, sin embargo, tenemos que darnos cuenta que, para nosotros los cristianos, no tiene que ser lo mismo, por eso tenemos que seguir formándonos, madurando nuestra fe, dando contenido a nuestra vida cristiana.
Por eso sigue diciendo San Pablo:
"Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo, si es que lo habéis oído a él y habéis sido adoctrinados en él, conforme a la verdad que hay en Jesús. Despojados del hombre viejo y de su anterior modo de vida, corrompido por sus apetencias seductoras; renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas".
Tenemos que aceptar que no podemos estar a dos bandos hoy con el mundo, mañana con Cristo. Pues Él mismo nos lo dice: "que tu sí sea sí y que tu no sea no, se frío o caliente, porque a los tibios los vomitaré de mi boca". Y porque además, si no estamos caminando en un camino seguro o no vivimos en plenitud lo que decimos creer, entonces tampoco somos verdadera Luz para los hombres, ni Sal ni Fermento, que es lo que nos pide el Señor.
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