"Como barro en las manos del alfarero", es una canción que cantamos varios veces en las misas, y es la imagen que Dios le presenta a Jeremías para que comprenda, no sólo él sino todo el pueblo de Israel, cómo es el trato de Dios para con su pueblo elegido. Pero que no es una forma de tratar despótica, sino que busca sacar lo mejor de ese mismo producto: el barro.
Pero frente a esto me acuerdo de palabras que usaba el Padre Efraín, muchas veces en sus homilías, al decirnos que cuando cantamos algo en las misas es porque expresamos lo que queremos vivir, o lo que Dios quiere con nosotros. Por eso tenemos que saber qué es lo que cantamos, lo que decimos, lo que prometemos, porque estamos acostumbrados a lanzar palabras al aire sin pensar, sin saber, sin tomar, quizás, conciencia de lo que estamos diciendo, pues nuestras palabras nos comprometen, o por lo menos eso es lo que tendrían que hacer.
Entonces si decimos que "queremos ser como barro en las manos del alfarero" porque sabemos que el Alfarero es el mejor que nos ha tocado, y Él saber cómo tiene que salir o cómo puede ser mejorado todo, entonces no nos quejemos cuando sea Él quien nos vuelva a moldear, quien "rompa nuestra vida" y le pida algo mejor, algo más grande. Cuando el dolor llegue a nuestra vida que sepamos que es para mejorar, para seguir moldeando esta vida y sacar de ella lo mejor.
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
En la medida que Dios nos va "haciendo", nos va formando y nos dejamos modelar, entonces vamos quitando de nuestras vidas todo lo viejo que hemos ido "cosechando" o que hemos ido transformando, porque, muchas veces, la Vida Nueva que el Señor nos ha dado la hemos "envejecido" con otras cosas, o simplemente, ha perido el brillo de la Nuevo y ya no brilla como al principio, con el gozo de sabernos hijos de Dios, salvados por el Señor.
Al renovar nuestras vidas a la Luz del Espíritu Santo, será Él quien nos indique que cosas cambiar, en qué crecer, qué descartar de nuestras vidas para que sigamos creciendo en perfección en el amor, en santidad, y no apagar nunca el Brillo de la Gracia en nuestras vidas.
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