"La mujer de Lot miró hacia atrás y se convirtió en estatua de sal", relata hoy el libro del Génesis lo que me recuerda aquello que dice Jesús: "quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás no es digno de mí". Dios le había dicho a Lot que cuando saliera de Sodoma no mirara hacia atrás.
También me viene a la memoria el pueblo de Israel cuando en la travesía del desierto recordaban: "cuando estábamos en Egipto teníamos carne y cebollas para comer...".
¿Por qué mirar para atrás nos hace indignos de Jesús? ¿Por qué recordar lo pasado siempre es mejor?
La imagen de la mujer de Lot es una imagen que nos puede ayudar pues, muchas veces, cuando nos ponemos a añorar lo pasado, o cuando nos duele el pasado, o cuando nos quedamos contemplando lo que fuimos nos quedamos como estáticos en el tiempo, y Dios nos necesita activos en el presente para construir el futuro, pues lo que estamos construyendo está delante nuestro, pues a Quien seguimos va caminando delante nuestro, es el Señor quien va dejando sus huellas delante de nuestros ojos, es el Señor quien a comenzado a caminar primero que nosotros y a quien seguimos, por eso, cuando nos quedamos mirando para atrás podemos llegar a perder de vista al Señor, pues la nostalgia, el dolor o hasta incluso la gloria pasada nos pueden nublar no sólo el hoy, sino el mañana que es hacia donde vamos.
Es esa mirada hacia atrás la que nos detiene en el caminar. Es esa mirada humana de nuestra realidad la que nos hace temblar, dudar de lo que estamos viviendo la que nos hace hundir en la tempestad. Es ese descubrirnos solos lo que nos da temor y produce dudas en nuestro corazón, incluso sabiendo que Quien está con nosotros en la misma barca es el Señor.
Sí, hay muchos momentos en nuestras vidas donde las olas del pasado y del mañana sacuden nuestra barca y como los apóstoles comenzamos a gritar al Señor, y hasta incluso le llamamos la atención porque no está atento a lo que nos pasa.
"En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.
En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole:
«¡Señor, sálvanos, que perecemos!».
Él les dice:
«¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?».
Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma".
Siempre que volvemos nuestra mirada al Señor es Él quien devuelve la calma a nuestra vida y nos alienta para seguir hacia adelante.
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