Comenzamos a leer en el libro del Éxodo la liberación del pueblo de Israel, un pueblo que clamó siempre al Señor por su liberación, pero, como leemos hoy, llegado el momento tuvo miedo de morir siguiendo la Palabra de Dios. Pues cuando estaban ya en el desierto y comenzaron a ver a los egipcios que venían detrás de ellos desconfiaron de las palabras de Moisés, desconfiaron de la Promesa de Dios.
Y no es extraño que frente a situaciones de peligro o de muerte siempre se nos empañe la confianza en Dios. Cuando vemos una situación muy difícil para vivir siempre miramos hacia atrás y pensamos que lo anterior ha sido mejor que lo que vendrá y queremos volver al pasado. Pero Dios siempre sale a nuestro encuentro y nos ayuda a salir hacia adelante, siempre nos pide un poco más de confianza en su Mano, siempre nos exige un salto al vacío para sostenernos.
Por eso muchas veces nos hace repetir:
"El Señor es mi pastor nada me falta,
en verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas,
allí reparo mis fuerzas.
Me guía por cañadas seguras
haciendo honor a su nombre.
Aunque fuese por valle tenebroso,
ningún mal temería,
pues tú vienes conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan".
Pero claro que una cosa es saber de memoria el Salmo y otra cosa es llevarlo vivo en el corazón, pues en el menor de los casos se me olvida y...
Por eso Dios siempre nos envía a alguien que nos ayude a recordar sus Palabras, que nos ayude a buscar en Él la confianza que, en ese momento, hemos perdido. Y así, de la mano de un Moisés, podemos seguir adelante. Podremos ver cómo se disipan las tinieblas o se abren las aguas que impiden nuestro caminar.
Si descubrimos Su Mano en nuestras vidas, si vemos cómo nos ha ido acompañando a lo largo de muchos momentos, y de cada día, no tendremos que pedirle nuevos milagros como los hombres sin fe, sino que creemos y confiaremos porque siempre nos ha dado muestras de su Amor por nosotros, siempre se ha mostrado cercano, aunque, muchas veces, nos hayamos alejado o no lo hayamos tenido en cuenta en nuestras vidas. Pues los milagros los hace día a día por nosotros, día a día nos ofrece su Amor y su Vida para que nosotros sigamos caminando en la Esperanza, la Fe y el Amor.
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