"Sus hermanos, perplejos, se quedaron sin respuesta. Dijo, pues, José a sus hermanos:
«Acercaos a mi».
Se acercaron, y les repitió:
-«Yo soy José, vuestro hermano, el que vendisteis a los egipcios. Pero ahora no os preocupéis, ni os pese el haberme vendido aquí, pues para preservar la vida me envió Dios delante de vosotros».
Lo que muchas veces decimos o escuchamos: Dios escribe derecho con renglones torcidos. Si el corazón está limpio de toda maldad y rencor puede ver la mano de Dios en los momentos de mayor dificultad, y descubrir que a pesar del dolor y lo que para el mundo es una desgracia, se puede volver una Gracia en el momento oportuno.
Cuando el corazón es recto y humilde no quedan lugar para el rencor y el odio, por eso José no tomó venganza contra sus hermanos, sino que dio gracias a Dios por haberlo enviado delante de ellos para ayudarlos en el momento adecuado.
Seguramente que cuando recibimos una bofetada de parte de nuestros hermanos, o cuando creemos que Dios nos alejado de su mano, nos duele el alma y buscamos enseguida la ocasión para "vengarnos" de ese dolor, o surgen pensamientos que no son nada bueno en contra de quien nos ofendió o deseamos dejar de creer en Dios. Pero si podemos ofrecer al Señor ese dolor, esa angustia y dejarnos caer en Sus Manos para seguir recorriendo ese doloroso camino en ofrecimiento y oración, veremos cómo nuestro corazón se fortalece en humildad, en misericordia, y no deja entrar el rencor que lo oscurece todo y nos quita la alegría.
Llegará el momento en que todo se descubra y la verdad salga a la luz, y para ese momento tenemos que estar dispuestos para descubrir que siempre el Señor sale en defensa de aquellos que confían y se dejan conducir por Su Mano y que a pesar de lo que los hombres quieran dañarnos nunca lo podrán hacer, porque Dios está con nosotros en nuestro corazón y no hay lugar para otro sentimiento que no sean los de Dios.
Y ahí podremos descubrir que el Reino de Dios ha llegado a nosotros, pues el Reino nace en nuestro corazón cuando aprendemos a vivir en la Gracia de Dios, sin rencores, envidias, vanidades, odios y espíritu de venganza, sino que su Espíritu con sus dones llena toda nuestra vida.
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