San Pablo les contaba a los Corintios acerca de la vida de los apóstoles y de los cristianos de sus comunidades:
"Atribulados en todo, más no aplastados; apurados, más no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo".
La persecución que vivían es ese tiempo no los hacía flaquear en el crecimiento de su fe y, mucho menos, en el testimonio que daban diariamente, por donde fuesen.
Pues ellos sabían que:
"Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen".
La docilidad en la obediencia del apóstol es la que le da la Fuerza de Dios, la que le permite recibir la Gracia Necesaria y Suficiente para poder ser Fiel en todo momento, sabiendo que el apóstol es sólo barro divinizado por la Vida de Jesús, esa Vida recibida en la Cruz y que, cada uno, lleva inscrita en su corazón.
"Llevando siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús".
Pero sabiendo que la vida del apóstol no es una vida de muerte sino que la muerte le da Vida y esa es la causa de su alegría permanente y constante: la Vida de Jesús.
Una Vida que se hace realidad en cada Palabra suya, en cada Sacramento y en cada Eucaristía en donde se nos entrega para que "nuestra vasija de barro" siga encerrando el Tesoro de la Vida, porque es ese Tesoro el que le da valor a todo lo que hacemos vivimos y aceptamos de parte de nuestro Padre Dios.
La aceptación amorosa de la Voluntad de Dios no abre a la Vida Nueva en Cristo Jesús, una Vida de entrega pero también de gozo en el Espíritu, pues es el Espíritu del Amor quien nos sostiene, nos fortalece y nos ayuda a "pedir como es debido" pues es el mismo Espíritu quien clama desde nuestro interior al Padre por todo lo que necesitamos.
Así la Vida del Apóstol es una vida de oración entregada en las manos del Señor para que sea el Espíritu quien nos guíe, quien nos oriente y quien nos ayude a ser Fieles a la Voluntad de Dios, dejando de lado lo que los hombres piensen, digan o hagan con la vida del apóstol.
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