Al finalizar las comparaciones del Reino de los Cielos, Jesús les pregunta a los discípulos se habían comprendido y, a renglón seguido, les dice:
«Pues bien, un escriba que ese ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo".
Cuando aceptamos la invitación a seguirlo a Jesús por el Camino que Él comenzó a recorrer y lo recorrió hasta el final, para que nosotros pudiésemos seguir sus Huellas, se nos presenta el desafío de tener que hacer un cambio de mentalidad, de forma de pensar.
Como Él dice en los ejemplos acerca del Reino de los Cielos "hemos encontrado una perla fina... un tesoro escondido", algo de tanto valor que quiero tener y por eso voy detrás de eso que vale más que todo lo que antes tenía.
Si lo vemos en el orden natural hoy en día son muchos los que van detrás de buenos trabajos, de buenos ingresos, de una gran profesión, de grandes casas, coches, etc. y por ir detrás de todo eso y además, con el tiempo, poder tener un buen ahorro para la educación de sus hijos, entonces dejan de lado muchas cosas: relaciones sociales, amigos, y, en muchas casos hasta dejan aquello por lo que están luchando: la familia.
Jesús, en cambio, nos presenta un Camino para alcanzar la verdadera plenitud y perfección de la persona: la santidad, pero es un fin que no muchos pueden comprender, pero cuando lo han comprendido y gustado no pueden hacer otra cosa que lanzarse a vivir el Gran Desafío de seguirlo a Cristo. Por eso dejan de lado lo material y superfluo del mundo y se dedican a lo que es esencial en este camino: "Marta, Marta, te inquietas y te afanas por muchas cosas pero una sola es importante y María eligió la mejor parte".
Sí, un cambio de mentalidad porque ser cristiano no es ser mundano e ir a misa o ponerme a rezar, sino que la vida sacramental y de oración son instrumentos para fortalecer nuestro cambio interior, nuestro cambio de mentalidad. Dejar de pensar como piensa el mundo para comenzar a pensar como piensa Cristo: "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre", "no hago otra cosa que hacer la Voluntad del que me envió", "no he venido a abolir la Ley y los Profetas sino a darles plenitud".
En ese Camino de santidad no todo vale, pues yo me incorporo a una Comunidad de Vida con una cierta estructura y unas ciertas normas que me ayudan a vivir, a caminar. Cuando decido ser Cristiano, entonces quien ha de guiar mis pasos y mi vida es Cristo, Su Palabra. Pero su Palabra muchas veces cae en terreno pedregoso y enseguida la ocultan "otras cosas" y son esas las que comienzan a dominar mi vida, y no el Espíritu de Cristo.
Por eso es hora de pensar si realmente he encontrado en Cristo el sentido de mi vida, o simplemente ser cristiano es cumplir un mero precepto y no un cambio de vida y mentalidad.
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