lunes, 10 de julio de 2017

Casa de Dios, puerta del Cielo

"Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo:
«Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía».
Y, sobrecogido, añadió:
«Qué terrible es este lugar; no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo».
Hay momentos en que nos encontramos en la misma situación de Jacob: vamos a un lugar que nos despierta nuevas sensaciones y nos hace vivir experiencias de Dios que son hermosas en nuestras vidas. Y hay otros momentos que vamos buscando a Dios a algún lugar y no lo encontramos.
Pensamos generalmente que Dios no está con nosotros, que nos tiene olvidados, que no nos escucha, que se ha dormido o que mi fe es tan pobre que no alcanza para escucharlo o para que me escuche.
Y, en realidad, ninguna de todas estas respuestas es válida en nuestras vidas.
A mí me gusta pensar que en cualquier lugar te puedes encontrar con el Señor, en cualquier lugar puedes hacer que descienda una escalera del Cielo y los ángeles bajes a tu encuentro y puedas escuchar la Voz de Dios en tu corazón, pues Él está siempre junto a nosotros. Me gusta pensar que la casa de Dios es nuestro corazón, pues en realidad lo es desde el día de nuestro Bautismo.
Sí, el primer rito pre-bautismal es cuando Dios purifica nuestra alma del pecado original para convertirnos en Templos vivos para que habite en nosotros el Espíritu Santo. Y a partir del momento en que el agua bautismal es derramada sobre nuestras cabezas Dios-Espíritu Santo viene a habitar en nuestros corazones para transformarnos en un Templo Vivo: casa de Dios, y si somos Casa de Dios, también somos una puerta al Cielo.
El Cielo mismo está en nuestro corazón y será en ese hermoso y preciado recinto para el Señor donde podremos estar en diálogo constante con Él, será en el silencio de nuestras vidas donde el Señor vendrá a hablar con nosotros, a estar con nosotros.
Quizás nos parezca que está muy lejos, pero en realidad de tan cerca que está está muy lejos, pues el silencio que necesito hacer para estar junto a Él, es un silencio que, muchas veces, causa escalofríos, provoca miedo o sencillamente no sé cómo hacerlo para encontrarme con Él.
Por eso cuando puedo llegar a ese hermoso momento del encuentro y reconocer su Voz en medio de mi vida, descubriré que siempre ha estado ahí, que nunca se ha ido, que siempre me ha escuchado, pero que me faltaba el reconocerlo en el medio de tanto ruido de mi vida, en el medio de tanto agobio y vanidad que enturbia lo mejor que hay en mí: una casa de Dios, una puerta al Cielo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.