Cuando los apóstoles le preguntaron a Jesús por qué hablaba en parábolas a la gente y a ellos se las explicaba, Jesús les respondió:
"A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender".
Cuando realmente hay disposición para escuchar y entender lo que nos dicen o lo que nos pide Dios, siempre Él estará dispuesto a darnos una explicación, pero cuando no hay disposición no se nos va a volver a decir nada. Y eso lo escuchamos muchas veces entre nosotros mismos, hay quienes sabemos que realmente quieren entender y quienes se han cerrado en sus trece y no quieren saber nada de nada.
Se podría decir que no es que se les va a quitar lo que tienen sino que ya están cerrados a poder recibir algo nuevo, pues sus oídos y su corazón está cerrado a que alguien pueda ayudarle a comprender otra razón que no sea la que ya se ha enraizado en su corazón y en su mente. Por eso, cuando hay tal cerrazón de corazón no podemos llegar a comprender, a entender y por lo tanto, a aceptar algo más que no sea lo que uno mismo piensa y quiere. Y, por la misma razón, pensamos que ya no nos quieren o que no entienden mis razones.
Es esa la razón por la cual, en la intimidad, Jesús les explicaba a los apóstoles las parábolas: ellos tenían el corazón dispuesto a comprender y necesitaban comprender pues serían ellos los continuadores de Jesús, serían ellos quienes tendrían las responsabilidad de seguir anunciando el Camino que Jesús había comenzado.
Así cuando realmente hay disposición de nuestro corazón para escuchar, entender y aceptar las razones de Dios entonces es en la oración personal donde Él nos da toda la Gracia Necesaria para poder decir ¡Sí! ¡Aquí estoy para hacer tu Voluntad!.
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