domingo, 2 de julio de 2017

La exigencia de la Fidelidad

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue no es digno de mí".
¿Quiere Jesús que dejemos de querer a nuestros seres queridos? ¿Quiere Jesús que odiemos a nuestra familia? Todo lo contrario, si fuera así estaría en contra de los Mandamientos que le dio Dios a Moises, y sin embargo Él mismo dice que no ha venido a abolir la Ley sino a darle plenitud. Y ¿cómo le damos plenitud si nos pide que lo amemos más a Él que a nuestros padres?
Si para hacer la Voluntad de Dios me tengo que situar en la acera de enfrente o enfrentarme con mis padres o mis hijos o mi familia, entonces he de seguir a Dios antes que a los hombres. Pero decir que para hacer la Voluntad de Dios debo dejar a mi familia no significa que deje de amarla, pues haciendo la Voluntad de Dios es como mejor amo a mi familia, pues le doy plenitud en mi vida a lo que ellos comenzaron a hacer en mí.
Muchas veces ponemos como excusas para no ir a misa o para no rezar o para no hacer lo que Dios me pide: es que a mi marido o esposa no le gusta que lo haga, o porque han venido mis hijos y tengo que hacerles la comida o lavarles la ropa, o es que ha llegado visita y no puedo, o se voy a tal reunión o a hacer ejercicios espirituales se enfadan en casa... Cuando realmente no tengo en mi vida como eje central la Voluntad de Dios siempre habrá una excusa y mi familia siempre será la primera excusa que venga a mis labios.
Y si es así "no es digno de mí", dice Jesús.
Y esa será mi cruz de cada día: discernir si realmente quiero ser digno de llamarme y ser cristiano o no. Pues ser cristiano es ser otro Cristo en el mundo, y para Jesús no hubo otra excusa en su vida que: "mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre", "no hago otra cosa que lo que he visto hacer a mi Padre". Por eso mismo es Él quien nos exige que seguimos sus pasos, no sin hacernos ver que también a Él le costó ser Fiel a la Voluntad de Dios, pero "que no se haga mi voluntad sino la Tuya".
Por el simple hecho de disponernos al comenzar el día de vivir en la Voluntad de Dios, sin excusas, ya nuestro Padre nos da las Gracias necesarias para fortalecer nuestra voluntad y renunciar a nuestro Yo para dejarnos conducir por Él, pues Él sabe que no podemos hacer nada sin su Gracia.
"El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará".
Perder nuestra vida en Él es ganar una Vida Verdadera pues un Padre siempre quiere lo mejor para su hijo y jamás le podría pedir algo que no lo hiciera feliz. Y si un padre de la tierra quiere eso ¡cuánto más nuestro Padre Celestial querrá que alcancemos la plenitud de nuestra vida aquí en la tierra y eterna en el Cielo!d

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