jueves, 6 de julio de 2017

El sacrificio del hijo único

Creo que es impactante leer el sacrificio de Isaac, aunque, más bien, es el sacrificio de Abrahám, pues es Abrahám quien tiene que tomar la decisión de si le obedece a Dios o no. Y la obediencia a Dios en este caso implica que no termina su casa pues era su único hijo, sino que es su único hijo al que tiene que sacrificar.
Pero Abrahám no duda, como no dudó en ningún momento en los que Dios le habló, siempre confió y siguió sus Palabras dócilmente. Todas esas actitudes le han valido el nombre de Padre de la Fe, pues siempre tuvo Fe en aquél en quien había puesto su confianza.
¿Cómo poder tomar una decisión tan grande? Para muchos podría ser que Abrahám no tuviera sangre en su corazón, pues parece una persona sin voluntad propia, un hombre sin corazón porque ¿¡cómo va a sacrificar a su propio hijo porque Dios se lo pida?! Esa sería el pensar de muchos de nosotros. Sin embargo Abrahám confiaba en su Dios, quizás no sabría que Dios le iba a sostener la mano y le devolvería su hijo, pero sí sabía que Dios nunca había sido infiel a sus Promesas y, en este caso, la promesa era de darle una gran descendencia.
Cuando se tiene una real experiencia de Dios a pesar de que algunas decisiones sean más costosas que otras, siempre se da el ¡Sí! a Su Voluntad. Y eso mismo nos lo enseñó Jesús, pues nadie conocía mejor al Padre que Él, sin embargo, en el Huerto de los Olivos tuvo que llorar lágrimas de sangre para comenzar el Camino al Calvario. Pero no se quedó en lo que le iba a constar su entrega sino en lo que el Padre haría por Él y por nosotros gracias a su entrega, por eso "que no se haga mi voluntad sino la Tuya".
Y en ese momento fue el Padre Eterno quien sacrificó a su Hijo Único por nosotros, por nuestra Salvación. Y, por esa misma razón, el Hijo Único nos pidió a nosotros y puso como condición para seguirlo que sacrifiquemos a nuestro hijo, es decir nuestro YO. Ése es nuestro primer hijo al que tenemos que sacrificar para poder seguir a Jesús: yo mismo, mis propios deseos, intenciones, mi forma de pensar, para poder vivir de acuerdo a la Voluntad de Dios.
Y, seguramente, en el Camino de la Santidad el Señor me vuelva a pedir sacrificar más hijos únicos, es decir, todo aquello que me aparte del vivir en Su Voluntad, todo aquello que me impida estar con Él, para Él.
San Francisco de Asís tiene una hermosa florecilla que cuenta que cuando estaba haciendo un cesto de mimbre para venderlo y así poder comprar comida, se dio cuenta que estaba poniendo demasiado empeño en que quedara muy bien, y eso le gustaba mucho, y por temor a que eso le hiciera crecer en vanidad lo quemó, pues así evitaría alejarse de Dios, de su pobreza espiritual.
Hay momentos en nuestra vida que ponemos todo nuestro esfuerzo en la perfección de cosas que son efímeras, que duran lo que una flor, pero lo hacemos más por orgullo y vanidad, que por ser Fiel a la Voluntad de Dios. Y entonces ¿tendré que preguntarme si no tendré que sacrificar mi perfección para dejar más tiempo para la Voluntad de Dios?
Quizás haya mucho aún que no he entregado, pero me tocará ponerme en diálogo con Dios y escuchar lo que me dice para saber qué tengo que sacrificar en este día para ser más Fiel a Su Voluntad que a la mía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.