"Jesús dijo:
-«Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos».
No siempre comprendemos la Voluntad de Dios, no siempre entendemos su Palabra, no siempre aceptamos lo que nos permite vivir o quiere que vivamos. Pero no por eso quiere que seamos como niños frente a Él, con el fin de que no podamos hacer preguntas o buscar respuestas, sino que a pesar de que preguntemos o cuestionemos podamos, finalmente, aceptar Su Voluntad, como el Hijo: "mi alimento es hacer la Voluntad del que me envió".
Queremos, generalmente, que la Voluntad de Dios se adecue a mis deseos, a mis ganas, y, en estos tiempos, a lo que el mundo va viviendo. Por eso nos renegamos contra Dios "porque no hace lo que le pido", porque no me habla, no me dice nada, me deja en la soledad de la incertidumbre y de la ignorancia. O como dicen algunos: no quiere que entendamos nada, por eso nos quiere niños para que no preguntemos nada, y actuemos como irracionales frente a lo que Él quiera.
Cuando no tenemos ganas de obedecer, o cuando no entendemos el valor de la obediencia, siempre nos parece que el otro es un déspota que solo quiere obligarme para tenerme bajo sus pies. Aunque otras veces soy yo quien quiero que el otro esté en mi bolsillo para usarlo cuando yo quiero, pero que no me pida nada a cambio ni me diga lo que tengo que hacer.
¡Es que somos tan complicado los humanos! Cuando no quiero entender no entiendo, cuando no quiero escuchar no escucho, cuando no quiero...
Lo que Jesús pretende cuando nos habla de la infancia espiritual es de la pureza del pensamiento y de la libertad de preguntar y actuar, pero todo unido a la confianza y a la seguridad que tengo un Padre que me está guiando por el Camino de la Vida. Un Padre que verdaderamente me ama y que, sobre todo, "me conoce desde que comencé a formarme en las entrañas de mi madre" y que "me pensó desde antes de la creación de mundo".
No pretende Jesús que no sepamos razonar, que no pidamos explicaciones, pero que las razones sean para creer y no para perder la confianza, que las explicaciones sean para vivir mejor y no para tener excusas para no vivir. Que cuando sintamos el peso de la soledad tomemos el Camino del Encuentro, del Diálogo con el Padre para recuperar la Luz, la Fortaleza y la Paz para seguir creciendo, pues para ser niños en el espíritu se necesita mucha fuerza del Espíritu Santo, pues la negación a uno mismo requiera mucha fortaleza espiritual.
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