Le dijo Jesús a Pedro:
«Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al mar, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti»
"Para no darles mal ejemplo". Algo que le importaba mucho a Jesús era poder indicar muy bien el Camino a recorrer, y eso se hace con el ejemplo y la palabra, con la palabra y el ejemplo. Por eso el escritor de la carta a los Hebreos dice: "por el sufrimiento aprendió lo que significa obedecer", pues era la obediencia lo que nos libraría del pecado y de la muerte, y así Él que no tenía pecado obedeció hasta la muerte y muerte de Cruz para darnos el ejemplo de cómo alcanzar la Vida.
Nuestra vida cristiana tiene también este fundamento: el buen ejemplo de Cristo, ha de ser el buen ejemplo del cristiano, como Él nosotros tendríamos que vivir de la misma manera: dando el buen ejemplo con nuestras palabras y nuestras obras, porque somos "otros Cristos" en el mundo, nuestra vida es su vida, nuestras obras son sus obras: "los hombres viendo vuestras buenas obras glorificarán a Dios".
No es que nos tengamos que esforzar para que los demás nos vean actuara bien, sino que nuestra vida tiene que ser coherente con lo que decimos creer, no es que podamos vivir de acuerdo a nuestro pensar o a nuestro querer, o como los aires del mundo quieran hacernos vivir, sino que nuestra vida, como la de Jesús, es una vida de obediencia en el amor a la Palabra del Padre, por eso, cada día (si es que lo hacemos) decimos: "hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo".
Y si lo decimos no es para que Su Voluntad la hagan los demás, sino que soy yo quien tiene que comenzar el día haciendo la Voluntad de Dios. Y, sí, quizás el hacer su voluntad me traiga el sufrimiento, primero, de renunciar a mí mismo, pero ya buen ejemplo me dio Jesús quien (vuelvo a repetir) "por el sufrimiento aprendió lo que significa obedecer". ¿Me va a costar a mí menos que a Jesús obedecer al Padre?
Pero sabemos que ese es el Camino que nos conduce a la Vida, es el Camino que nos reconcilia con el Padre, con los hermanos y con nosotros mismos, dándonos la Fuerza de la Gracia para alcanzar la meta final. No tengamos miedo de ser obedientes a la Voluntad del Padre, pues él es quien nos dará Su Espíritu para ser Fieles, nosotros sólo digamos, cada día, como María: "Aquí está la Esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".
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