viernes, 26 de agosto de 2016

El misterio de la Cruz ilumina nuestra vida

San Pablo a los corintios:
"Y puesto que, en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció Dios por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los que creen.
Pues los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados – judíos o griegos -, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres".
No tenemos conciencia de lo que hemos de predicar o de lo que hemos sido llamados a anunciar, porque el mensaje de nuestra fe no es, muchas veces, entendible por todos ni siquiera, a veces, por nosotros mismos. Cuando Dios nos permite vivir situaciones difíciles o asumir cruces más pesadas de lo que nosotros mismos creíamos, ya no es tan bueno nuestro Dios o no es tan Grande el Señor. Pero tenemos que seguir adelante, viviendo el misterio de nuestra fe, viviendo la necedad de nuestro mensaje porque es la Fuerza de la Cruz lo que le da razón de ser a nuestra Fe.
Dios no necesita de inteligentes, sabios o demasiado doctos para poder anunciar el mensaje de la Cruz, sino de corazones disponibles a vivir lo que el nos propone, de corazones que se enciendan con la pobreza del mensaje que nos ha sido transmitido por los apóstoles, pues el mensaje de la Cruz no se predica con palabras, sino con la vivencia constante y fiel.
Por eso necesitamos, teniendo en cuenta el evangelio, estar siempre preparados "con las lámparas encendidas y con el aceite preparado" pues necesitamos tener siempre la Gracia del Señor que fortalece nuestro espíritu e ilumina nuestra vida para poder aceptar la Voluntad de Dios. Las vírgenes insensatas por vivir sólo el momento no tuvieron en cuenta la previsión, el estar preparadas por si el novio tardaba, y por eso se quedaron fuera del encuentro con el Señor.
Muchas veces Él no se hace presente en el momento que yo quiero, pero no por eso quiere decir que no nos está esperando o que no va a venir a nuestro encuentro; por eso nuestra espera es fruto de la confianza y la confianza fortalece nuestro amor y Su Gracia hace que esa confianza nos lleve al encuentro que anhelamos y esperamos, pues Él siempre llega en el momento más oportuno, pero si no estoy preparado y con "las lámparas encendidas" quizás pase por mi lado y no lo vea.
Dejemos que sea el Espíritu Santo quien nos ayude a comprender los misterios de la Fe, o mejor dicho a aceptar los momentos de oscuridad y de Cruz que el Señor nos permita o nos pida vivir, pues será en esos momentos donde se fortalezca nuestra fidelidad y su Gracia nos ayude a salir a su Encuentro cuando Él venga a mi vida.

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