Para comenzar la semana y después de las lecturas del domingo, Jesús se pasa un poquito con la corrección, pero está claro que aún nos queda mucho camino para recorrer, y en este Camino toda corrección, de parte de Dios, es buena para poder alcanzar la meta que nos hemos propuesto, o, mejor dicho, que nos ha propuesto el Padre: la santidad. Porque todas las correcciones y todos los consejos que nos da Jesús, desde el Evangelio, no son sino para alcanzar la santidad, porque ese es el deseo del Padre antes de crearnos, ese es el deseo del Padre por el que vino Jesús y nos redimió: para que seamos santos e irreprochables en su presencia por el amor.
Fijaos que estas exhortaciones de Jesús dos van dirigidas a los escribas y fariseos y una a los guías de comunidad. Es decir no son exhortaciones al pueblo en general. ¿Por qué dice semejantes cosas? Porque los que tenemos un cargo, un oficio, una responsabilidad sobre la conducción de una comunidad, de un Grupo, de una familia, tenemos que saber cómo conducimos, cómo guiamos. No se trata solo de recibir un cargo o encargo o una responsabilidad simplemente porque sí, sino cómo lo hago, porque cuando Dios elige para tal o cual cargo: ya sea un oficio eclesiástico, ya sea padre o madre de familia, director de escuela o jefe de sección en una empresa; nos elige para que ayudemos a las personas a crecer, a vivir, a desempeñarse digna y santamente en su propio oficio.
Y así suponemos que quien decide aceptar un cargo, oficio o responsabilidad ha tenido en cuenta cuáles son las obligaciones que tal situaciones nos exige. No podemos hacer las cosas a nuestro antojo sino según un Querer superior, intentando que los demás puedan, también, llegado el caso seguir nuestro ejemplo y vivir de acuerdo a lo que he transmitido. Por eso, si lo que he transmitido no es lo que Dios me ha pedido entonces seré un mal guía pues los guiaré según mis gustos y no los de Dios.
Y hoy, en los tiempos que vivimos se nos hace muy difícil esta tarea de ser guías según la Voluntad de Dios, pues en cuanto dices algo que no le gusta a los demás, enseguida te señalan como estás discriminando a alguien, como que estás en contra de los derechos de otros, como que sos un antiguo por no ver por dónde va el mundo, y tantas otras cosas más. Hasta los padres tienen miedo, muchas veces, de llamar fuertemente la atención a los hijos por miedo a lo que los hijos puedan hacer en contra de los padres.
Pero los que creemos y sabemos que tenemos un Dios Padre que nos ampara y nos sostiene tenemos la misión de seguir su ejemplo, siendo Guías buenos que ayudan a los hermanos a encontrar el Camino de la Vida, que nos conduzca a la meta querida por el Padre: la santidad, sin miedo de los hombres, sino con el santo temor de Dios que nos fortalece y anima en cada paso de la vida, para que aceptando Su Palabra seamos capaces de asumir las correcciones que nos hace, y hacer las correcciones que nos manda.
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