San Pablo a los Tesalonicenses les pide:
"Así, pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta".
Se habían a comenzado a mezclar, como siempre pasa, otras tradiciones u otras exhortaciones de algunos que decían, también, venir de parte de Dios. Situaciones que llevaban a las comunidades a vivir pendientes del "fin del mundo", del juicio final y de todas esas cosas, lo que producía un poco de temor en todos y por eso no se vivía en plenitud el día a día. Por eso la necesidad de saber distinguir en lo que creo y en lo que no, o, mejor dicho, en lo que debo creer y en lo que no. Si digo que soy cristiano lo que debo tener presente en mi vida es la palabra de Dios, pues a quien debo serle Fiel es a la Palabra de Dios. Pero si acepto otras tradiciones de otros dioses ¿a qué dios le hago caso? Quizás, y seguramente, al que me pone las cosas más fáciles.
Hoy en día se ve mucho, y eso es muy bueno, que se quieran recuperar tradiciones de los pueblos para mantener vivas las raíces que les dieron origen. Pero lo único que no se quiere conservar, pues parece que le ha hecho mal a los pueblos son las tradiciones cristianas que, también, dieron origen a muchos pueblos. Es como si pudiéramos seleccionar qué es lo que nos ha dado origen y qué no, en nuestras raíces está el cristianismo y si lo negamos, negamos también parte de lo que somos, de quienes somos y de cómo seguir viviendo. Pero bueno... son cosas de la modernidad.
Si, es una ironía esto de la modernidad, porque es el argumento que muchos usamos para no comprometernos en la defensa de nuestra fe, le tiramos a otros el trabajo de defender lo que somos y no meternos en el fregao de tener que decir quiénes somos y lo que queremos vivir.
Y así llegamos al Evangelio donde el Señor nos llama fuertemente la atención sobre el hecho de sólo CUMPLIR con normas que no nos llevan a la vivencia plena de nuestra fe. Las fuertes exhortaciones a los fariseos y a los escribas, del evangelio de hoy, son por haberse quedado en el sólo cumplir la Ley sin vivir su espíritu. Y lo que Jesús les pide y nos pide es que no sólo cumplamos con los preceptos, como por ejemplo ir a Misa, sino que vivamos el espíritu de Cristo que nos alimenta en la Eucaristía. Pues de nada sirve ir a Misa o rezar todos los días, si mi corazón está muy lejos de Dios y más de mis hermanos, y, sobre todo, en estos tiempos, no soy capaz de defender lo que creo de aquello que no es propio de mi fe.
Si soy cristiano he de buscar que mi alimento sea la Palabra de Dios, y sólo la Palabra de Dios para no confundirme a la hora de buscar la Voluntad de Dios que ilumine mi día a día. Y si hay otras doctrinas que me quieran inculcar saber defender Su Palabra para poder defender mi vida cristiana.
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