"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
-«En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos»
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados:
-«Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
-«Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».
A veces me pregunto: ¿queremos los cristianos entrar en el Reino de los Cielos? ¿Tenemos en cuenta que nuestra vida es un camino para alcanzar el Reino de los Cielos? ¿Nos damos cuenta que mientras vamos al Reino a ese Reino lo construimos también en la Tierra? Porque pareciera que nuestra vida no fuera una vida para el Cielo, sino una vida sin más ni más. ¿Por qué digo esto? Porque veo que a muchos cristianos no les interesa vivir como cristianos, o, mejor dicho no les interesa vivir en Cristo.
Hoy día hay más interés es buscar y aprender de otras culturas religiosas que madurar y reflexionar sobre la propia vida cristiana. Incorporamos a nuestra vidas reflexiones y doctrinas orientales, budistas, otros incorporan el tarot, los horóscopos y ¡tantas otras cosas más! sin descubrir el valor intenso y profundo que tiene nuestra propia vida cristiana. Y así, cada uno, va viviendo lo que más le conviene y le gusta: si me gusta esto del budismo lo hago, aunque después vaya a misa; si me gusta esto de no se qué, lo hago, aunque después haga una peregrinación a la Virgen.
No digo que cada religión tenga sus cosas buenas, pero creo que cada una se diferencia en algo particular y sustancial de las demás, y en cada caso, tenemos que entender, comprender y madurar en la nuestra. Yo no veo a la gente de otras religiones mezclar conceptos, doctrinas o formas de vida de otras religiones tan diferentes, porque ellos viven y gustan de sus propias doctrinas.
A nosotros los católicos creo que no nos importa confundir a los demás con nuestro estilo de vida, porque ya estamos confundidos nosotros mismos, y por eso, como no sabemos qué es lo que queremos vivir, o porque nos parece difícil lo que nos propone el Evangelio, entonces incorporamos "cosas más fáciles" de otras concepciones religiosas o no tan religiosas.
Me parece que nos falta un poco más de sinceridad en nuestra vida cristiana, o en nuestra vida en general, saber qué es lo que queremos vivir, pero no queramos vivir "picoteando" en todos los platos, sino que debemos elegir un Camino para nuestra vida, un Camino que nos conduzca al fin que hemos gustado y elegido. Por eso creo que aún no hemos gustado profundamente del Amor de Dios, de su Vida, de su Amor por nosotros, pues si lo hiciéramos no queríamos abandonarlo, no queríamos ser infieles a ese Amor por nosotros y nos nos importaría que no recibiéramos nada a cambio, simplemente porque con su Amor ya tenemos todo lo que buscamos.
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
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