Nos dice San Pablo en la carta a los Corintios:
"Hermanos:
El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. Pues, ¿quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce solo el Espíritu de Dios.
Pero nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo; es el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que de Dios recibimos".
Ser hombres de Espíritu es una realidad hermosa que tenemos que tener siempre presente, pues es nuestra realidad, eso somos: hombres de espíritu, hombres renovados y conducidos por el Espíritu Santo de Dios. El Espíritu que habita en nosotros es quien quiere que alcancemos la plenitud de nuestra vida, y esa plenitud se va dando de día en día, si lo dejamos actuar en nosotros.
Pero ¿qué significa ser hombres de espíritu en el día a día? Poner más énfasis en nuestra vida espiritual no sólo en nuestra vida corporal y material, no sólo en nuestra vida laboral o profesional. ¿Por qué? Porque es el Espíritu, en nosotros, quién nos anima, quien nos fortalece, nos estimula, nos ilumina, nos ayuda en cada día a que todo sea para Gloria de Dios y para nuestra salvación y la de nuestros hermanos; pues todo lo hacemos con ese fin.
Miremos la vida de los santos. En la vida de los santos hay tareas que son de mucho esfuerzo, trabajos muy costos, actos heroicos y vidas entregadas al servicio de los demás, vidas que se han dado en holocausto para salvar otras vidas, vidas que se brindan por entero en actividades de mucho esfuerzo y realizadas por gente que no podía ni tenerse en pie, pero todos y cada uno, hacía todo con gozo y alegría, sin cansancios ni agobios porque todo era inspirado y sostenido por el Espíritu de Dios.
A nosotros muchas cosas nos agobian, y, en muchos casos, no podemos dejar de estar agobiados y cansados por lo que hacemos, esperando, cada día, un momento de sosiego y descanso que nunca llega. Los hombres de espíritu pueden discernir en todo eso, sobre todo, si todo lo que están haciendo, primero, es Voluntad de Dios o sólo están alimentando su propio ego y "acumulando riquezas que nunca llegarán a utilizar y que sólo será alimento de la carcoma y la polilla". Porque si sólo estoy alimentando mi ego y mi patrimonio, entonces claro que esas cosas no fortalecerán mi espíritu y terminaré agobiado y cansado. Pero si puedo discernir lo que Dios quiere y acepto su Voluntad, Él me dará su Espíritu para que todo lo que realice lo realice por Él y como camino de mi santidad. Y será el mismo Espíritu quien me ayudará a renunciar a lo que no tengo que hacer y a hacer lo que debo, en fidelidad a Dios.
Así vemos cómo la alegría no nace por el gusto de acumular bienes sino que nace gracias a la Fidelidad a la Voluntad de Dios, pues la verdadera alegría es fruto del Espíritu, y esa es una alegría que no se acaba, sino que perdura y vivifica, haciendo de nosotros hombres alegres en el Espíritu capaces de grandes cosas y de las mejores Obras de Dios en este mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.