martes, 9 de agosto de 2016

Amor por la Cruz

Hoy quiero transcribir un fragmento de un texto de Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), sobre "Amor por la Cruz":
"El peso de la Cruz, que Cristo ha cargado, es la corrupción de la naturaleza humana con todas sus consecuencias de pecado y sufrimiento, con las cuales es castigada la humanidad caída. Sustraer del mundo esa carga, ése es el sentido último del Vía Crucis. El regreso de la humanidad liberada al corazón del Padre celeste y el estado de los hijos adoptivos es un don gratuito de la gracia, del amor omnimisericordioso. Pero ello no puede suceder a costa de la santidad y justicia divinas. La totalidad de las culpas humanas, desde la primera caída hasta el día del juicio, tiene que ser borrada por una expiación equivalente. El Via Crucis es esta reparación. Las tres caídas de Cristo bajo el peso de la Cruz corresponden a la triple caída de la humanidad: el pecado original, el rechazo del Redentor por su pueblo elegido, la apostasía de aquellos que llevan el nombre de cristianos.
El Salvador no está solo en el camino de la Cruz y no son sólo enemigos los que le acosan, sino también hombres que le apoyan: como modelo de los seguidores de la cruz de todos los tiempos tenemos a la Madre de Dios; como tipo de aquellos que asumen el peso del sufrimiento impuesto y soportándolo reciben su bendición, tenemos a Simón de Cirene; como representante de aquellos que aman y se sienten impulsados a servir al Señor está Verónica. Cualquiera que a lo largo del tiempo haya aceptado un duro destino en memoria del Salvador sufriente, o haya asumido libremente sobre sí la expiación del pecado, ha expiado, en parte, el inmenso peso de la culpa de la humanidad y ha ayudado con ello al Señor a llevar esta carga; o mejor dicho, es Cristo-Cabeza quien expía el pecado en estos miembros de su cuerpo místico que se ponen a disposición de su obra de redención en cuerpo y alma. Podemos suponer que el pensamiento en estos fieles que le habrían seguido en el camino del dolor, fortaleció al Salvador en la noche del Monte de los Olivos. Y la fuerza de estos cargadores de la Cruz viene en su ayuda después de cada caída... Los amantes de la Cruz, que Él suscitó y que nuevamente y siempre suscita en la historia cambiante de la Iglesia militante, son sus aliados en el último tramo. Para ellos hemos sido llamados también nosotros".

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