lunes, 15 de agosto de 2016

Bendita tú entre las mujeres

"En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
-«¡ Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!"
Cada día saludamos a María con las mismas palabras que Santa Isabel, y cada día, como Isabel, recibimos el Espíritu Santo para que esas palabras sean una expresión de la alegría que brota de sabernos amados, protegidos y acompañados por María. Porque así como Ella fue a la casa de Isabel y con sólo sus palabras Isabel se llenó del Espíritu Santo, así cuando nos acercamos a Ella lo hacemos porque el mismo Espíritu nos confirma en la fe de su presencia entre nosotros.
Nuestro relación con María nace en el momento más duro de su vida: junto a la Cruz de su único Hijo, y a partir de ese momento, cuando el discípulo la recibe en su casa, María comienza a formar parte de la vida de todos los que han renacido del costado abierto de Jesús, y busca constantemente entrar en nuestras casas, en nuestros corazones para ayudarnos a vivir en Fidelidad a la Palabra, para que nosotros, como Ella, podamos alcanzar la alegría del Espíritu y poder decir:
"Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava".
Porque la alegría que buscamos, la felicidad que anhelamos no está en las cosas que podemos tener o podemos comprar, no está en la salud o en el trabajo, en los títulos o si me he casado o estoy soltero, todo eso es accesorio en nuestra vida, pues la alegría nos la da la plenitud del Espíritu en nuestra vida, y esa plenitud la alcanzo cuando, como María, me dejo conducir por el Espíritu Santo en la Voluntad de Dios.
Miremos a María. Ella desde el momento del Sí a Dios se dejó conducir por momentos y lugares totalmente diferentes, desde el gozo de la anunciación hasta el dolor de la Cruz pasó por situaciones que todos podemos llegar a vivir, y superó cada obstáculo, cada oscuridad, cada Cruz por la fuerza del Espíritu en Ella, y por eso sus palabras se hicieron eco en la historia de la Salvación:
"Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación".
Así Ella nos enseña que el gozo de nuestra vida está en dejar el corazón tan vacío de uno mismo que sólo pueda se llenado por el Espíritu Santo que nos indica el Camino a seguir, que nos fortalece para vivir en la obediencia al Padre, que nos enciende en el Amor a Su Palabra y nos abre los ojos para ser misericordiosos con nuestros hermanos. Ella es quien nos toma de la mano como niños pequeños y nos guía por el Camino de la Vida Nueva hacia la meta de la santidad, para que, finalmente, alcancemos el gozo de la Casa Paterna, y así, junto a Ella, vivir la plenitud del Reino de los Cielos.

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