sábado, 27 de agosto de 2016

Es Él quien nos eligió

Dice San Pablo a los Corintios:
"Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso".
Una primera afirmación que hace San Pablo es que Dios nos ha escogido, es decir, no hemos sido nosotros quienes lo hemos escogido, sino que nosotros hemos decidido aceptar la elección de Dios. Para comprenderlo es como el día de la Anunciación: María no escogió ser la Madre del Señor, sino que aceptó el llamado de Dios para ser la Madre de Jesús. Nosotros también hemos sido llamados y por lo tanto hemos escogido aceptara el llamado y la misión.
Como segunda afirmación San Pablo nos hace ver que no hemos sido escogido por nuestras capacidades ni por nuestro nivel social, sino que hemos sido escogidos por absoluta libertad de Dios y Él confiando en su Gracia y no en nuestros talentos. Y así nos lo hace ver la parábola de los talentos que nos relata Jesús en el Evangelio. Y sí, a algunos nos ha dado un solo talento y a otros nos ha dado 10 talentos. Pero tampoco importa la cantidad de los talentos que se nos han dado, sino el para qué me los ha dado y cómo los voy a usar.
Ahora, una vez que he respondido al llamado de Dios y he descubierto mi misión y los talentos que he recibido, me tengo que poner en acción: "aquí estoy Señor para hacer tu Voluntad". Esa es la respuesta que, cada día, ha de salir de mi corazón y de mis labios para poder ser el administrador fiel, pues así Él irá renovando no sólo mis talentos, sino la Gracia necesaria para que yo sea pueda ser siendo Fiel a la misión para la cual Él me ha escogido.
Se pone en juego en esta decisión mi confianza en el Señor, pues no puedo confiar en mí, sino en Él que es Quién me ha llamado, es Quién me ha dado y me da los talentos necesarios para Servirle en todo momento. Por eso no miremos nuestra pequeñez sino que aceptando nuestra pequeñez nos dejemos conducir por Su Mano, para que al final de cada día y de nuestra vida, como dice San Pablo: "el que se gloríe, que se gloríe en el Señor".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.