viernes, 19 de agosto de 2016

El Espíritu da vida nueva

Aunque la visión que tuvo Ezequiel parece sacada de una película de zombies, es una hermosa profecía para poder mirarla, también, en el contexto de nuestro mundo, de nuestra gente, de nuestras comunidades. Por momentos parecemos parecemos comunidades muertas, sin vida, sin ánimos de nada, o, mejor dicho, sólo tenemos ánimos para hacer nuestras propias cosas sin importarnos lo que pasa a nuestro alrededor. Sí, en realidad, cuando miramos a nuestro alrededor parece que andan muchos zombies caminando a nuestro lado.
Escribiendo esto me vino a la memoria una poesía de Gustavo Adolfo Bécquer que siempre le gustaba al P. Efraín repetir:

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fría,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavia.

No son los muertos, no los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos,
los que mueren con honra son los vivos,
los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos,
la vida en el honor, es el recuerdo.
Por eso hay hombres que en el Mundo viven,
y hombres que viven en el Mundo muertos.

Se nos ha enfriado el alma de tanto vivir para nosotros mismos, el amor que es el fuego que anima nuestras vidas se nos ha enfriado, nos hemos vuelto tibios en nuestra vida de fe, en nuestra vida de amor, en nuestra esperanza, simplemente por el hecho de no preocuparnos más que por nosotros mismos.
Quizás sea una exageración, pero si miramos a nuestro alrededor veremos que no es así: cada uno va a su propio ritmo, aunque en ese ritmo tenga momentos de encuentros familiares, con amigos, y hasta para muchos de nosotros pertenezcamos a comunidades religiosas, eclesiales. Pero el ritmo que llevamos es tan rápido que no llegamos a vivirlo desde el Espíritu de Dios. Por eso necesitamos del Profeta que invoque al Espíritu Santo:
"Entonces me dijo:
-«Conjura al espíritu, conjúralo, hijo del hombre, y di al espíritu: “Esto dice el Señor Dios: ven de los cuatro vientos, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan”».
Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable".


Y ¿quién es el Profeta que invoca al Espíritu? Eres tú, soy yo, somos todos los que hemos sido ungidos profetas del Señor el día de nuestro bautismo. Todos tenemos esa misión de invocar al Espíritu Santo, cada día, para que Él nos llene de sus Dones, nos de la disponibilidad del corazón para vivir la Vida que el Señor quiere para nosotros, y nos encienda en el Fuego de su Amor para que sigamos inflamando la Vida Nueva en los que la han perdido, o en los que ya no la encuentran.

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