lunes, 29 de febrero de 2016

Profetas del Señor

¿Qué es ser profeta? ¿Quién es profeta?
Profeta es aquél que elegido por Dios escucha Su Palabra y transmite a sus hermanos el mensaje de Salvación. Por eso no hay un listado de requisitos para ser profeta del Señor pues hay un sólo requisito: disposición de corazón para escuchar y obedecer, pues la fortaleza para anunciar viene de Dios.
En nuestro caso, los que hemos recibido el Don de la Fe por el Bautismo, hemos sido todos elegidos y llamados y ungidos para ser profetas. Por que luego de recibir el agua bautismal fuimos ungidos "sacerdotes, profetas y reyes" a imagen de Jesús.
Así que, en nuestro caso, todos hemos sido elegidos, llamados y ungidos. Ahora nos falta el último requisito: disposición de corazón para escuchar y obedecer. Escuchar no es tan difícil, es fácil poner el oído y el corazón para escuchar la Palabra de Dios, pues la Palabra resulta, muchas veces, necesaria y alentadora para nuestra vida y, aunque, suene algunos días difícil o complicada también la aceptamos.
Ahora bien, obedecer ya no es tarea fácil, ponernos a disposición de la Palabra del Señor no resulta algo muy sencillo en los días que vivimos. No sólo obedecer en el ámbito personal de nuestra conversión y aceptación de Su Voluntad, si no obedecer como profeta, pues el profeta tiene que anunciar lo que el Señor le dice. Y eso lo que nos pesa pues no siempre creemos que somos "los indicados" para anunciar las cosas de Dios.
Otras veces nos da miedo o vergüenza hablar de Dios a nuestra gente, a nuestra familia, a nuestros amigos. Invitarlos a rezar, a unirse a mi oración, ir conmigo a misa, reflexionar la Palabra. No son invitaciones que solemos hacer. Y esas son las actividades de un profeta, las que tenemos que hacer en todo momento. Pues si no podemos hacer esas invitaciones que son sencillas, ¡cuánto menos podremos exhortar a la conversión cuando nos lo indique el Señor!
Mirad el evangelio a Jesús se lo aceptaba (algunos más, otros menos) mientras hablaba del Reino de los Cielos, de la Misericordia del Padre, y de cosas lindas. Pero cuando Jesús tenía que exhortar a la conversión, decirles a los doctores de la ley, a los ancianos y a los escribas que no vivían como decían, o que no entrarían en el Reino de los Cielos ¡en ese momento lo querían matar!
Sí, porque a todos nos gusta que nos digan cosas lindas y amables, pero cuando alguien nos llama la atención por alguna conducta que no es la correcta en ese momento esa hermosa persona pasa a ser el mismo demonio que hay que desterrar de nuestra vida. Por eso ningún profeta es bien recibido, no sólo en su familia, sino en ningún lado, porque no nos gusta que nos digan lo que no queremos escuchar. Sí que podamos decirlo nosotros a los otros pero no los otros a mí.
Y así el profeta tiene que tener siempre la fortaleza de Dios para saber decir, para anunciar, para exhortar, pero, en nuestro caso, también para saber escuchar, recibir y convertirnos.

domingo, 28 de febrero de 2016

Cuidemos de no caer en lo que juzgamos

En el evangelio de hoy Jesús nos da una severa advertencia:
«¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.»
A ver si la comprendemos. Hacemos juicios sobre el pecado de las personas, y, algunas veces, hasta definimos que está bien lo que les haya pasado tal o cual cosa. Hablamos muchas veces que tal persona tiene por bien lo que le ha sucedido por ser de tal o cual manera. Y por eso Jesús nos advierte: "les aseguro que si ustedes nos se convierten, todos acabarán de la misma manera".
El juicio que hacemos pone en evidencia nuestra poca misericordia, nuestro escaso espíritu evangélico y nos presenta, a nosotros, como superados: que no somos como esas personas y que no vamos a terminar igual: "si no se convierten todos acaban de la misma manera".
También es cierto que Jesús quiere que nos alejemos del pecado y de aquellas situaciones que nos puedan hacer caer en pecado, pero no nos pide que juzguemos y matemos al pecador, sino que lo ayudemos a su conversión. Por eso nos advierte que, por soberbia, podemos llegar a caer en la misma situación que estamos juzgando o condenando. La prudencia en el juicio y en el actuar y hablar, es la mejor virtud que debemos conquistar, porque por imprudentes muchas veces nos condenamos solitos.
Y ¿por qué tanto cuidado y prudencia?
Para esto tenemos que mirar hacia la primera lectura: la elección de Moisés por parte de Dios. Moisés no tenía pensado ser un elegido de Dios para llevar adelante un pueblo y conducirlo de la libertad de Egipto a la Tierra Prometida, pero, sin embargo, a Dios sí se le había ocurrido.
Nosotros creemos que no somos quienes para guiar a la gente por el Camino de la Vida, y, sin embargo, Dios nos ha "elegido desde antes de la creación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor", y Jesús nos ha llamado a ser sal, luz y fermento en el mundo. Aunque no lo querramos reconocer, Dios nos ha llamado y nos ha pre-destinado a ser quienes ayuden a sus hermanos a encontrar el Camino hacia la Vida. Por eso tenemos que entender que si nosotros andamos en tinieblas, los que Dios pone en nuestra vida para que se encuentren con Él, no se podrán encontrar o tendrá una visión errónea de lo que es Dios.

sábado, 27 de febrero de 2016

El arrepentimiento

La parábola del Hijo Pródigo siempre nos da para muchos temas, para pensar nuestra vida de relaciones: con nuestros padres, con nuestros hermanos, con nosotros mismos, con el dinero, con los bienes, y, para ir más alto, con los bienes sobrenaturales, y las relaciones con el Padre Dios.
Pero hoy me centré en un tema, o en un detalle de todo esto que pertenece a nosotros mismos y nuestra relación con Dios y los bienes celestiales. Me refiero al arrepentimiento (que también da para las relaciones meramente humanas)
¿Cuándo me arrepiente verdaderamente de algo? Creo que lo hacemos solamente cuando descubrimos que por lo que hemos hecho hemos perdido algo muy importante. Nuestras decisiones, ya sean en el ámbito personal, social o espiritual, nos llevan a recorrer ciertos caminos que creemos que son los mejores para nosotros. Y, como en toda decisión, siempre hay algo a lo que tenemos que renunciar.
Volvamos a la parábola: el hijo menor decidió irse de la casa paterna y por eso pidió la parte de su herencia. Le fue concedido y con tanto dinero comenzó la vida que él quería vivir. Pero finalmente se quedó sin nada, porque lo que hizo fue malgastar no sólo el dinero sino la vida. Al sentirse vacío recordó lo que había perdido al tomar la decisión, y ahí nace el arrepentimiento.
Hoy muchos, nos confesamos seguido, a menudo, a veces... Es un bien espiritual que nos ha dejado Jesús, el sacramento de la reconciliación, pero este Sacramento la particularidad que tiene es que para recibir la Gracia del Perdón debo estar "verdaderamente arrepentido" por lo que he hecho. Como el hijo de la parábola haberme dado cuenta que al tomar las decisiones que he tomado he perdido la relación con Dios, la relación con mis hermanos.
A veces nos encontramos con que no sabemos qué confesarnos, porque, en realidad, no hemos tomado conciencia que hemos perdido la Gracia por nuestras actitudes o acciones, y también por nuestras omisiones. Y quizás sea simplemente porque no tenemos conciencia de todo lo que el Padre nos ha dado, y lo que vamos gastando en el camino de la vida.
Si realmente descubrimos la "herencia" que el Padre Celestial nos ha dado para vivir, vamos a darnos cuenta cómo la estamos usando o cómo la estamos gastando. Y podremos ver si realmente está sirviendo para madurar en la Vida o si sólo la estoy despilfarrando en superficialidades que no nos llevan a nada, e incluso me están haciendo perder lo mejor que me han regalado: la filiación divina y una comunidad de hermanos.
Sí, para poder arrepentirnos de verdad necesitamos mucha fortaleza, pues al arrepentirnos tenemos que volver al Padre y decirle: ¡Padre he pecado contra el cielo y contra tí, ya no merezco llamarme hijo tuyo!.
A muchos nos cuesta reconocer nuestros errores, y mucho más nos cuesta la palabra "Perdón", siendo que es lo más hermoso en nuestras vidas, y lo más valioso en nuestro corazón, pues es la única palabra que nos trae la Verdadera Paz.

viernes, 26 de febrero de 2016

En la Viña del Señor

"Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?
Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta."
Esta parábola de Jesús, y sobre todo, este final siempre me ha dado un poco de temor porque en aquella época Jesús le decía eso a su gente, a su pueblo; hoy somos nosotros el Pueblo de Dios, somos nosotros a quienes Dios entregó su Viña para ser trabajada y a quienes le pedirá cuentas del trabajo realizado.
¿Qué quiere decir esto? Se ilumina mejor con aquello que le mismo Jesús nos dijo: "vosotros sois la luz del mundo... vosotros sois la sal de la tierra... vosotros sois la levadura de la masa" Él nos llamó para llevar al mundo, por medio de Su Palabra y de nuestra vida, un Camino que produjese Nueva Vida.
Y muchas veces nos encontramos, como decía Jesús en la parábola, no sólo despreciando a los instrumentos que Dios pone en nuestras vidas para que nos guíen, nos muestren el Valor de la Palabra, sino que despreciamos a la Palabra misma, porque vamos aceptando la palabra del mundo y no la Palabra de Dios, vamos corrompiendo, poco a poco, lo Bello del Mensaje Evangélico por un empobrecido mensaje humano.
Es cierto que la Palabra de Dios nos exige una entrega constante, y, muchas veces, una entrega heroica, pero para ello contamos con Su Gracia, no lo hacemos solos y, también, contamos con nuestros hermanos que nos acompañan con su oración, con su amor. No es un camino en soledad, sino un camino en comunidad, un Camino para llegar a construir un Reino de personas que se aman.
Esa es la Viña del Señor, esa es la Viña que tenemos que cultivar, que ayudar a producir. No miremos más hacia otro lado más que hacia el Señor, porque es Él quién nos ha llamado y es Él quien se ocupa de que tengamos las Fuerzas, el Valor y el Amor necesarios para llevar a cabo la misión encomendada. Aunque sus Palabras me duelan y sepan a amargo en la boca, nos daremos cuenta que se convierten en miel y gran consuelo en el corazón, pues Él se nos entrega en cada gesto, en cada situación y nos arropa con Su Amor que cubre todo lo que necesitamos y en abundancia se nos entrega, para que abundantemente nos entreguemos a nuestros hermanos.

jueves, 25 de febrero de 2016

La tentación de la autosuficiencia

Nos dice Dios por medio del profeta Jeremías:
"Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor!"
Lo primero que nos surge pensar es que no debemos confiar en los demás, que no tenemos que creernos todo lo que nos dicen, y ¡tantas otras cosas más! Pero también lo quiero enfocar desde el otro hombre más cercano a nosotros que somos nosotros mismos, y por eso, creo, que también el Señor nos quiere advertir de nuestra autosuficiencia.
La autosuficiencia nos lleva a la situación de creer que todo lo puedo, que no necesito de nadie, que mis criterios son los únicos válidos, que nadie hace las cosas mejor que yo, para terminar desembocando en la soberbia, y, por ende, en la soledad del corazón.
Claro que no está mal saber qué puede hacer, saber que puedo tener criterios buenos, saber que hay cosas que puedo hacer solo; pero si todo esto lo hago en dependencia del Señor, buscando Su Voluntad, y en diálogo con mis hermanos, todo eso me ayuda a no caer en la soberbia.
Poco a poco, si el pecado nos los permite, nos vamos dando cuenta que cada vez hay menos gente a nuestro lado, pero sobre todo en el corazón. Y, como hemos hecho oídos sordo a nuestros hermanos, no tenemos un espejo en el que ver nuestra actitud, nuestras fallas. Y si hemos hecho oído sordo a las voces de nuestros hermanos, tampoco vamos a oír a Dios cuando nos advierte o cuando nos quiera dar a conocer su Voluntad.
Así es como podemos entender, también, la parábola de Jesús: el hombre rico vivía sólo para sí mismo y su riqueza, y nunca hizo caso a la Palabra de Dios, "ahí tiene a Moisés y los Profetas, escúchenlos", le dijo Jesús. Pero no, no los escuchaban, estaban muy "metidos" dentro de sus propias cosas y sus ideas y sus riquezas.
Por eso al pedirle el hombre a Jesús: "pero si va un muerto a advertirles escuchará", Jesús le dice: "aunque resuciten los muertos no escucharán". Nos volvemos tan creídos de nuestras propias palabras que no somos capaces de escuchar las Voces que nos advierten de los peligros que corremos si seguimos por el mismo camino.
Al final de la Cuaresma celebraremos que "El muerto ha resucitado" ¿seremos capaces de escucharlo?

miércoles, 24 de febrero de 2016

Prestar atención a la Voz de Dios

Una de las más comunes de las tentaciones del hombres (varón y mujer) es el querer tener poder, no importa sobre qué, lo importante es tener poder ya sea directo o indirecto, por eso la madre de los Zebedeos le pide a Jesús que sus hijos estén a su derecha y a su izquierda cuando esté en su reino.
Pero además de esto mucha veces tenemos en la cabeza otras cosas cuando alguien nos está hablando, o se nos ha metido algo que no nos deja prestar suficiente atención a lo que nos están diciendo. Jesús les estaba hablando de su Pasión y Muerte y ellos pensando en el lugar que iban a ocupar en el Reino de Jesús. Así nos damos cuenta que ni lo escuchaban y tampoco habían comprendido el sentido del Reino de Dios.
También ahora nos pasa que no siempre entendemos lo que Dios nos dice porque no es lo que queremos escuchar, o porque estamos pensando en tantas cosas que no le damos importancia a lo que nos está diciendo. Y Dios nos habla en todo momento, a cada instante. Pero lo extraño es que siempre le pedimos que nos hable, que nos diga, que nos muestre una señal pero nunca le prestamos atención, porque estamos metidos en nuestras cosas y somos nosotros mismos los que planeamos lo que queremos.
Y, vuelvo a lo mismo: "quien quiera venir detrás de Mí, niéguese a sí mismo". Vemos en este evangelio que ni los apóstoles, ni la madre de los apóstoles, había comprendido las palabras de Jesús, quizás no la habían escuchado, puede ser, pero no creo que Jesús no lo haya repetido varias veces, porque ahí radica principio de su llamado.
Pero no te preocupes, Dios sabe que en tí y en mí existe esa tentación continuamente, por eso Él sigue insistiendo en lo mismo y nos va a seguir hablando. Además siempre pone en nuestro camino momentos de reconciliación, momentos para la humildad y el sacrificio, humildad para reconocer que no hemos aceptado su Voluntad, sacrificios para poder dominar a nuestro malos deseos y tentaciones, debilitando nuestra carne y fortaleciendo nuestro espíritu.
Porque los sacrificios que se nos pide hacer en esta Cuaresma son con ese fin: "llevar a esclavitud del espíritu a nuestra carne", para que no hagamos lo que no debemos, sino que hagamos lo que Dios nos pide.

martes, 23 de febrero de 2016

Déspotas de la fe

En éste evangelio Jesús hace una exhortación muy concreta a los discípulos, es decir, a todos nosotros. Una exhortación que parte de la visión de una jerarquía religiosa que se había desviado de lo que tenía que vivir. Claro que podemos, por este evangelio, centrar nuestra mirada sólo en los curas y los obispos, que son, hoy por hoy, nuestra jerarquía religiosa y comenzar a tirar dardos envenenados contra ellos (yo incluido) Y eso sería un error y no porque no tengamos nuestros defectos y pecados (que los tenemos en gran proporción)
¿Por qué sería un error? Porque Jesús tomando como ejemplo esa realidad se dirige a sus discípulos, a aquellas personas que comenzaron a seguirlo, es decir a todos. Por que, lamentablemente como consecuencia del pecado original, todos hemos quedado tocados por el deseo de estar siempre por encima de alguien, el apetito de mando. Más que mal, a todos, nos gusta mandar, criticar, juzgar y condenar: "mirar la paja en el ojo ajeno".
Generalmente nos creemos los que más sabemos de todo y por eso damos "cátedra" de cosas, damos consejos de todo, y sobre todo, cuando se nos escapa la lengua, comenzamos a repartir a diestra y siniestra.
Entonces ¿de qué tenemos que tener cuidado? De no caer en la tentación de creernos más que los demás, todos somos iguales, todos somos hermanos. Claro que todos, también, muchas veces, tenemos un lugar de responsabilidad diferente: ser padre o madre, ser docente o profesor, ser administrador de una comunidad y tantos otros cargos que son de responsabilidad y de servicio.
Y ahí está el tema: responsabilidad y servicio o servicio y responsabilidad. Si me han dado un cargo para realizar tal o cual función, tengo que hacerlo pues alguien ha creído que para ello soy idóneo, pero no tengo que hacerlo o vivirlo como quién es el mejor de todos, sino que desde el servicio a los demás, teniendo en cuenta que así como a mí me han puesto en este lugar, también tengo que ayudar a los demás, estar a su lado para brindarles mis dones y acompañarlos en su crecimiento.
Así dice Jesús: "atan pesadas cargas sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con un dedo". Hemos de exigir lo que creamos que se debe exigir, pero sabiendo que también a nosotros se nos exigirá lo mismo, y, sobre todo, sabiendo que cuando exigimos tenemos que ayudar al otro a vivir dicha exigencia, y no dejarlo solo con carga tan pesada.
El pecado original de la tentación de poder nos lleva, muchas veces, a ser déspotas frente a nuestros hermanos, y eso es lo que Jesús quiere que despreciemos, no creamos que porque se nos han dado ciertos dones y talentos somos mejores que nadie, sino que en cualquier momento se nos pueden quitar y quedar desnudos ante los demás. Los dones y talentos han sido un regalo en nuestra vidas, usémoslos para el servicio en el amos a nuestros hermanos.

lunes, 22 de febrero de 2016

Feliz por creer

"Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo."
Hermoso momento de la confesión de fe de Pedro, pero no hermoso porque Pedro haya confesado su fe, sino porque Jesús lo llamó Feliz por haber recibido el Don de la Fe. Un Don que también nosotros tenemos, porque no alcanzamos la Fe por haberlo querido, sino por habernos dispuestos a recibir tan hermoso Don e intentar, día a día, madurar en él.
En este pasaje nos damos cuenta que la Fe no es algo que conseguimos con esfuerzo, sino que es un Don que el Padre nos regala, y, por eso mismo, no crece en nosotros, sino que nosotros "maduramos" las razones para creer, pues el Don que el Padre nos regala siempre estará en nosotros. Ahora sí a nosotros nos toca el esfuerzo de ser constantes y perseverantes en este Camino, porque si no cultivamos el Don, si no nos mantenemos en relación con Quien nos ha regalado el Don el Don se va ocultando en nuestra vida.
Es como aquellos regalos hermosos que nos hacen y para que no se rompa o no se gaste lo guardo en un lugar oculto de la casa, pero con el tiempo me voy olvidando qué era, dónde estaba, hasta el día que quiero usarlo, tendré que usar de mucho tiempo para encontrarlo.
Por eso me gusta este pasaje, por la felicidad que Jesús le resalta a Pedro, por haber recibido el Don. Esa misma felicidad es la que tenemos los que día a día lo reconocemos como nuestro Dios y Señor, los que día a nos alegramos de tenerlo como Hermano y como compañía segura en todas nuestras acciones. Los que día a día nos encontramos con Él en la oración, en la Palabra, en la Eucaristía, en los Sacramentos nos llenamos de su Paz, de Su Amor, de Su Fortaleza porque sabemos que "sin Él no podemos hacer nada", porque nuestra vida desde que fue iluminada por su Luz comenzó a ser otra vida, una Vida renovada que intenta, cada día, alcanzar la Bienaventuranza.
Sabemos, como lo experimentó Pedro que no todos los días son iguales, que hay días en que las preocupaciones diarias nos hacen olvidar quiénes somos y, algunas veces, hasta negamos tener Fe, o renegamos de la Fe que tenemos, pero cuando levantamos nuestra mirada hacia Su Mirada, volvemos a creer y en ese momento se renueva la Felicidad del Encuentro con la Vida.
Es un hermoso comienzo de semana iluminado por la alegría de Jesús de saber que hemos recibido el Don de la Fe. Un hermoso comienzo de semana iluminado por las Palabras de Jesús que nos recuerdan que la Fe, para nuestra vida, es gozo y vida. No lo olvidemos.

domingo, 21 de febrero de 2016

El gozo y el miedo del Tabor

Creo que más de uno de nosotros, como Pedro, Juan y Santiago, hemos tenido esa experiencia de encontrarnos tan a gusto con Jesús que queremos seguir así por mucho tiempo. Aunque, como dice el evangelista: "Pedro no sabía lo que decía", porque cuando el corazón está lleno de plenitud "revienta" de gozo y dice lo primero que le sale de adentro, quiere y necesita expresar de alguna manera el gozo que siente. Y, en ese momento, para Pedro lo mejor era instalarse junto a ese Jesús transfigurado.
La experiencia del Tabor, algunas veces, se esfuma demasiado rápido, porque como le pasó a los apóstoles, debemos volver a la realidad, y en la realidad no nos sentimos tan a gusto, sino que siempre surgen cosas que van "bombardeando" nuestra paz, nuestra alegría, nuestra esperanza. El cansancio de la rutina, el trabajo o el desempleo, la salud o la enfermedad, ¡y tantas cosas! que se nos acumulan en el día a día.
Por eso tenemos que tener más momentos de Tabor, más momentos de oración contemplativa, y no sólo de oración hablada (por ponerle un nombre) Pues nos acostumbramos a que nuestra oración sea hablar y hablar, o decir oración tras oración y, fijaos en este evangelio: los apóstoles sólo contemplan lo que tienen delante de sus ojos, contemplan a Jesús transfigurado. Y nosotros también podemos hacer lo mismo, pues Jesús está transfigurado en la Eucaristía, si nos acercamos al Sagrario Él nos espera ahí, y si hacemos silencio podemos contemplarlo y nos llenará de su Luz como lo hizo con los apóstoles en la cima del Tabor.
Claro que todo esto tiene su trampilla, porque al finalizar la contemplación, antes de que se termine ese momento, llega el Padre y nos dice: "Este es mi Hijo amado, ¡escuchadle!" y ahí se terminó lo hermoso de la contemplación. Sí, porque escucharlo significa obedecerle, ser Fiel a lo que Él nos dice en la oración, ser Fieles a lo que nos pide vivir cuando bajemos del monte.
Por que Jesús los lleva a los tres luego de hablarles de su pasión, y al bajar del monte suben a Jerusalén donde Él iba a aceptar su Pasión. Y ese Camino es el que nos da miedo.
Nos da miedo que Jesús nos pide algo que no queramos hacer. Nos da miedo que Jesús nos pida renunciar a algo a lo que estamos muy agarrados.
Nos da miedo que Jesús nos pide aceptar la Cruz como Él la acepto.
Nos da miedo que el Camino que tengamos que recorrer no sea el que YO había planeado para mi vida.
Nos da miedo que Jesús se tome en serio el hecho de que quiero ser cristiano.
Por esto y por todo lo demás subo pocas veces al Tabor, porque, en realidad, no quiero escuchar lo que el Hijo me dice. Sólo quiero gozar de su compañía pero, quizás, no hacer Su Voluntad. Y así me pierdo lo mejor del Camino: su Gracia, su Fortaleza, su Amor, su Luz, y, sobre todo, me pierdo el momento de resucitar junto con a Él a una Vida Nueva.
Espabilemos y démonos cuenta que nuestra vida está unida a la de Él y si realmente decimos que somos cristianos, vivamos como Cristo, subamos al Monte de la Transfiguración y escuchando Su Voz bajemos a la vida cotidiana a llevar la Buena Noticia del gozo de ser verdaderos cristianos.

sábado, 20 de febrero de 2016

Lo difícil del amor

"Amad a vuestros enemigos, a los que os calumnian y persiguen..."
Claro que nos son palabras mías, sino que son de Jesús, por lo que nosotros (los cristianos) decimos que es "Palabra de Dios", porque creemos en la Revelación de Dios a los hombres. Y si creemos tenemos que creer que si Dios nos lo pide es posible vivirlo, porque ya no depende de nosotros sino de la disposición de nuestro corazón para poder aceptar la Gracia de Dios para vivir Su Voluntad, y su Palabra manifiesta Su Voluntad.
¿Por qué tanto lío para explicar esto? Porque nos parece increíble que Jesús nos pida amar a nuestros enemigos, a los que nos persiguen y a quienes nos calumnian, porque eso es muy difícil. Sí, y Él sabe que es difícil, pero como el Ángel le dijo a María "no hay nada imposible para Dios", y así nació Jesús y después Jesús en el momento más imposible de su vida, su Pasión, confió en Su Padre y Él lo resucitó de entre los muertos.
¿Todavía crees que hay algo imposible para Dios?
Sí, lo que es imposible para Dios es que podamos ser Fieles a la Palabra si no disponemos nuestro corazón a creer de verdad, porque Él no puede ir en contra de nuestra libertad.
Y, en estos tiempos que corren, es cuando más tenemos que poner en evidencia si vivimos este Amor imposible o no, porque pareciera que cada cosa que hace la Iglesia tiene que ser protestada, que todo lo que hacemos está mal y por eso nos calumnian, insultan, proscriben. Aunque, también, nos lo había dicho Jesús: "si esto hacen con el leño verde ¿qué no harán con el leño seco?", y eso refiriéndose a nosotros.
Por eso, en estos tiempos de tantas tinieblas y rebeldías, persecuciones y calumnias, es cuanto más tenemos que orar por ellos y estar firmes en lo que estamos viviendo, porque si viviéramos el espíritu del mundo nadie nos insultaría, pero "como no somos del mundo" al mundo le producimos intolerancia. Y en estos momentos es cuando más tenemos que orar por quienes nos persiguen, calumnian e insultan, porque quiere decir que estamos viviendo lo que el mundo detesta.
Claro que no tenemos que caer en el pecado de la soberbia espiritual de decir que somos los mejores, porque no lo somos, sólo somos simples instrumentos en Manos de Dios para mostrar el Camino que conduce a la Vida. Pues la fortaleza y la Gracia son de Dios, de nosotros sólo está la disposición a servir, a la Fidelidad.
"Si el mundo os odia, sabed que antes que a vosotros me ha odiado a mí. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por eso el mundo os odia. Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán. Si han guardado mi doctrina, también guardarán la vuestra. Pero os harán todas estas cosas a causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendrían pecado. Pero ahora no tienen excusa de su pecado" (Jn. 15, 18-22)

viernes, 19 de febrero de 2016

La Vida Nueva del Amor

En los viernes de cuaresma la liturgia nos invita a meditar en la penitencia y la reconciliación, porque en este día Jesús entregó su vida para nuestra salvación. Por eso es también el día del rezo del Via Crucis, un recorrido por el Camino de la Cruz que ya en las primeras comunidades cristianas se realizaba para recordar el Amor de Jesús por nosotros, para unir nuestros corazones al Corazón de Jesús y, aunque no podamos sufrir con Él, acompañarlo en Su Camino como lo hizo María y tantos otros que lo amaron sin medida.
Así en la primera lectura Dios nos habla por medio de Ezequiel y nos abre la puerta de la reconciliación, la puerta de su misericordia para que, reconociendo nuestros pecados podamos volver a Él y encontrar el camino de la paz y la vida.
Y en el evangelio Jesús comienza a exigirnos un poco más en favor de la Ley del Amor, pues no quiere que seamos como eran antiguamente, o como se acostumbraron a vivir sus contemporáneos, que sólo cumplían con la letra de la ley, sino que llevemos la Ley a la plenitud del Amor.
Porque cuando nos decidimos a aceptar el llamado de Jesús a seguirlo, no nos debemos quedarnos en que sólo me ha llamado para cumplir con mandatos y preceptos sino para vivir una Vida Nueva, una Vida de Fe fundada en el Amor a Dios y a los Hermanos. Por eso, llega siempre un tiempo durante el año en que la liturgia nos invita a reflexionar sobre nuestra entrega cotidiana, porque El Señor sabe que somos débiles e imperfectos y, por su infinita misericordia, nos abre las puertas a la misericordia de su corazón, para que bebiendo de su Amor podamos enriquecer nuestro amor y así ser Fieles a la Vida que Él nos ha dado y nos pide vivir.
Pues en el camino de todos los días nos vamos "acostumbrando" a la oración y al conformarnos con lo mínimo y básico de nuestra: "no mato ni robo", pero... ¿la vivencia del amor más pleno? Ah! de eso no se nada. Y, además, ese Amor es muy difícil y complicado, porque cuando me tocan el "yo", ahí armo mis uñas y dientes y me defiendo contra todo lo que venga. Por eso no puedo perdonar, ni pedir perdón, porque mi YO es tan grande que prefiero perderme a morir a mí mismo.
Así, el Camino de la Cruz nos invita a descubrir que la muerte del YO no significa tristeza para el hombre, sino gozo en el Señor que nos colma con sus bienes para que alcancemos el Final del Camino sin perder nuestra fe, sino recuperando los Dones que habíamos perdido y que el pecado va quitándonos constantemente. Y, unidos a su pasión, muerte y resurrección alcanzar una Vida Nueva que nace del Amor.

jueves, 18 de febrero de 2016

Pedir para ser Fieles

Al final de la exhortación de Jesús, la que tanto nos gusta, del "pedid y se os dará", nos dice lo siguiente:
"Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.»
Una pequeña frase que, a veces, no nos importa recordar y, sin embargo, es fundamental en la vivencia de nuestra fe por que es parte del amor fraterno.
En estas épocas nos vamos contagiando de un espíritu de venganza, de rencor porque son tantos los ataques que vamos recibiendo, los insultos, las persecuciones que, para muchos, son momentos de mucho dolor, de mucha angustia.
¿Cómo hacemos para que no nos invada ese espíritu propio del mundo? La primera lectura nos habla de la Reina Ester:
"La reina Ester, presa de una angustia mortal, también buscó refugio en el Señor. Luego oró al Señor, Dios de Israel, diciendo:
«¡Señor mío, nuestro Rey, tú eres el Único! Ven a socorrerme, porque estoy sola, no tengo otra ayuda fuera de ti y estoy expuesta al peligro. Yo aprendí desde mi infancia, en mi familia paterna, que tú, Señor, elegiste a Israel entre todos los pueblos, y a nuestros padres entre todos sus antepasados, para que fueran tu herencia eternamente."
Ante el peligro, la angustia y el dolos nos olvidamos de lo que hemos aprendido, o de lo que hemos vivido o crecido o suplicado, y se nos enturbian las ideas y el corazón. Por eso, en los momentos de mayor angustia hemos de buscar el silencio del Señor, o, mejor dicho, en el silencio buscar a nuestro Dios, pues Él nos dijo:
"quien esté cansado y afligido que venga a Mí, que cargue mi yugo y me siga" pues Él nos llevará de Su Mano y nos conducirá por el camino de la Paz, para que nuestra vida no se transforme como aquello que no deseamos, sino que llena del Espíritu pueda seguir siendo testimonio de Verdad, de Justicia, de Paz.
«Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá".
Pidamos constantemente el Espíritu Santo que nos consuele, nos fortalezca, nos instruya para ser Fieles al Camino que el Señor nos pide vivir.
Busquemos los mejores Caminos para alcanzar la Paz que nos lleve a vivir el Amor con todos los hombres, a rezar por los que nos persiguen, a amar a quienes no nos aman, a perdonar a quienes nos hacen daño.
Pues así recibiremos todo aquello que necesitamos para convertir nuestro corazón a imagen del Corazón de Jesús y unirnos a Él en la salvación del hombre y la construcción de un Reino de personas que se aman.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Fe para vivir o Fe vivida

"Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los , también el Hijo del hombre lo será para esta generación".
¿Cuando Jesús se enfada deja de ser misericordioso? ¿Cuando Jesús dice cosas como esta (generación malvada) deja de vivir el amor con la gente? No siempre nos gusta que nos digan las cosas de este modo, pero si no nos lo dicen de manera fuerte muchas veces no comprendemos o no cambiamos nuestra conducta. Y aún así nos hacemos los sordos para no oír lo que se nos quiere decir.
Es cierto que Jesús para llamar la atención de la gente y poder tener su atención manifestó su poder taumatúrgico (de curar y hacer milagros) pero no era ese el fin de su misión. Pero, también es una realidad, los hombres necesitamos signos concretos, somos muy pragmáticos en muchas cosas, y, sobre todo, cuando se trata de nuestra vida sobrenatural necesitamos "signos" para poder convencernos de lo que no queremos ver.
Por eso Jesús se enfadaba con la gente, no porque no quisiera darles signos, sino que habiéndoles mostrado Quién es seguían pidiendo más, es decir, no estaban contentos con todo lo que habían visto y oído, por lo tanto ¿estaban dispuestos a creer?
Cuando buscamos tantos signos y tantos gestos es porque no queremos ver lo evidente, o lo que ya sabemos que es. En orden a la vida de fe tenemos que entender que la fe no es sobre lo que vemos, sino sobre lo que no vemos; si tengo delante de mis ojos un ordenador o computadora (porque ahora estás leyendo esto) no tengo que tener fe en que puedo tener un ordenador, porque lo tengo delante de mis ojos.
Dios, día a día, minuto a minuto, va manifestándonos su Amor, su Voluntad, con gestos, con señales que no son, claro, las que nosotros quisiéramos pero son las que necesitamos para fortalecer y madurar nuestra fe. Por eso hemos de estar siempre atentos, pues Él no está a nuestro servicio para hacer lo que yo quiera, sino que me va acompañando a vivir en Su Voluntad, pues yo he aceptado seguirlo.
Sí, nuestra vida cristiana es un seguir a Cristo, y seguir a Cristo es vivir como Cristo, y vivir como Cristo es hacer la Voluntad de Aquél que me ha enviado. Por eso Él mismo nos dijo: "así como el Padre me envió a mí yo también os envío". Y por ese mismo motivo se quedó con nosotros, para alimentar nuestra vida de fe, sostenernos en la esperanza de lo que creemos, y fortalecernos en el Amor.
¿Cuál fue el signo de Jonás que se vimos en Jesús? Su muerte y resurrección que fue prefigurada en los tres días que Jonás estuvo dentro del vientre del animal. Así no buscamos poner nuestra confianza en los signos, sino en la Vida de Aquél que por Amor resucitó de entre los muertos y hoy vive por nosotros, para nosotros y con nosotros, para que nosotros vivamos con Él, para Él y por Él.

martes, 16 de febrero de 2016

La oración es un diálogo entre dos

"Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados".
La vida natural y la vida sobrenatural siempre se identifican, es decir, lo que yo vivo como persona con los demás, también lo vivo como persona con Dios (o con las Divinas Personas) Por eso Jesús nos dice; cuando oren, no hablen mucho...
Hay quienes no dejamos de hablar en todo el día, y creemos que por que hablamos mucho o porque ponemos palabras difíciles somos mejor escuchados o que nos van a escuchar más por que somos más inteligentes. O, también, hay quienes no dejamos que el otro hable, no nos damos cuenta que en un diálogo hay que dialogar y no monologar, que es muy distinto.
Claro, es que, me parece, que no hemos entendido que las Personas Divinas son eso "personas", divinas, pero personas. Y que, además, son capaces de conocerme antes de que yo me conozca. Es cierto que necesito, aunque me conozcan "desde el viente de mi madre" hablar con ellas, dialogar, porque el diálogo con el otro es lo que nutre a la persona, la alimenta, la enriquece, pues el compartir la vida nos da vida. Y si con quien compartimos la vida tiene Vida Eterna ¡cuánto más se enriquece mi vida!
Por eso en la oración es bueno, como en la relación personal con los otros, el silencio, el aprender a escuchar lo que el otro me quiere decir, lo que el otro quiere compartir conmigo.
A veces somos aquellos que no queremos escuchar porque, "decimos", que no nos gustan los consejos o que "como a mi no me gusta dar consejos, no quiero que me los den", pero lamentablemente no vivimos encerrados en una cueva sin relación con nadie, y por eso, mis hermanos (por mandato evangélico) se ocupan de mi vida (a veces por demás, pero bueno...) y yo debo ocuparme de mis hermanos. Por eso necesito dialogar, para que me escuchen y para escuchar, para que me ayuden y para ayudar, para agradecer y para que me agradezcan.
Así podremos también conocer más al otro y al Otro, descubrir quién es mi interlocutor y, de este modo, también poder "ubicarme" frente al otro. Sí, porque muchas veces creo que yo puedo relacionarme de la misma manera con todos, pero no a todos hay que escucharlos de la misma manera. Fijaos que Jesús no nos enseñó una oración para hablar con Él, sino que nos enseñó una oración para hablar con el Padre, porque con quien necesitamos más diálogo es con el Padre, pues Él si que nos conoce desde antes de formarnos en las entrañas maternas: "él nos pensó desde antes de la creación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables en su presencia por el amor".
Entonces mi relación con el Padre no será la misma que con el Hijo y el Espíritu Santo, aunque los tres sean uno solo. Y lo mismo pasa en nuestras relaciones humanas, no es la misma relación o el mismo diálogo con los padres que con los amigos, o, mejor dicho, no tendría que ser lo mismo, pues cada uno me habla desde un lugar diferente.
Oremos, hablemos, pero sobre todo aprendamos a hacer silencio para aprender a escuchar lo que el otro y El Otro tienen para decirme.

lunes, 15 de febrero de 2016

Ser santos en el Amor

"El Señor dijo a Moisés:
Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel:
Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo."
El llamado a la santidad, como veréis, no es un invento nuevo, sino que ya lo dijo Dios al pueblo de Israel por medio de Moisés, o sea, es un llamado que Él nos hace porque somos sus hijos, por que llevamos en nuestra vida parte de Su Vida, pues somos su creación, su familia, su pueblo.
Para muchos nos parece que es algo imposible de vivir pues no tenemos la "perfección" de los santos, ni somos "inmaculados" como los santos, ni sabemos cómo hacer para llegar a tal "altura" en nuestra vida. Por eso mismo a renglón seguido el Señor da una pautas para poder comprender cómo vivir, cuáles son las cosas que hay que evitar en nuestra vida.
Pero claro, como somos quienes somos, al tener unas pautas acerca de las cosas que no debemos hacer, caemos en la casuística de decir esto y esto no lo hago, por lo tanto estoy bien. ¿Qué quiero decir con esto? Que Dios no puede hacer un listado interminable de las cosas que no debo hacer, sino que nos pone ejemplo de lo principal que no hay que hacer. Digo esto porque siempre recuerdo que, cuando alguien viene a confesar dice: no mato, no robo, por lo tanto no tengo pecado.
Y, ante esto nos falta la perfección que hace Jesús de los mandamientos de la Ley de Moisés: "un mandamiento nuevo os doy: amaos unos a otros como Yo os he amado"; y así nos habla en esta parábola del examen final que pasaremos el día que nos encontremos cara a cara con el Señor, como dice San Juan de la Cruz: "en el atardecer de nuestras vidas seremos juzgados en el Amor".
Así podemos decir que no tenemos una casuística para ver qué cosas no tengo que hacer, sino para entender que la santidad se alcanza con el Amor. Que no hay "cosas para hacer" sino que hay un Amor para vivir: "Ama y haz lo que quieras", decía San Agustín. A lo que podemos añadir el famoso himno a la Caridad de San Pablo a los Corintios (que tanto nos gusta, pero que poco caso le hacemos): "El amor es compasivo, es servicial, no se cansa nunca, nunca piensa mal...." ¿Os acordáis?
Ese es el método para ser santos como nuestro Padre Celestial es Santo: vivir en el Amor, y no sólo a quienes nos aman, sino a quienes no nos aman, a quienes nos persiguen, a quienes nos odian, "por que si sólo amamos a quienes nos aman qué mérito tenemos, eso también lo hacen los paganos".

domingo, 14 de febrero de 2016

La tentación de la liviandad de vida

Las tentaciones de Jesús, en este primero domingo de cuaresma, nos invitan a reflexionar en nuestras propias tentaciones, en descubrir que no todo vale en nuestra vida, porque nuestra vida cristiana es una vida en santidad, en obediencia a la Voluntad de Dios, en obediencia a la Palabra de Dios.
Es cierto que todas las tentaciones son agradables a los ojos y a los sentidos, pues el Padre de la mentira y sabio seductor (llamado Diablo o Satanás) no va a ser tan tonto de tentarnos con algo poco agradable a los ojos y a los sentidos, e, incluso a la inteligencia de los más sabios, y, muchas veces, nos tienta con actos que parecen buenos o santos que nos alejan del Querer de Dios.
¿Cuál es el fin de Satanás? Apartarnos de la Voluntad de Dios, destruir la Obra de Dios y por eso no va actuar tan abiertamente que nos haga descubrir que nos está tentando, sino que con astucia intentará convencernos que lo que vamos a hacer no es tan malo, y si nos hace bien hay que hacerlo.
Así, día a día, nos vamos apartando del camino que hemos elegido, creyendo que caminamos en la luz nos vamos metiendo en las tinieblas del error vestido con trajes de verdad. Pero, sabemos que hay una sola Verdad, o mejor dicho que sólo la Palabra es la Verdad, y el Hijo es la Verdad.
Hoy, si miramos bien, vamos a descubrir que vivimos en las tinieblas del error, en las tinieblas del todo está bien, y donde cada día más nos vamos alejando de la Verdad, del Camino y de la Vida, simplemente porque no nos dejamos conducir por la Palabra de Vida.
Si leemos bien el evangelio vamos a descubrir que Jesús no le contestó a Satanás con sus propias palabras, que lo podría haber hecho pues Él es Dios, pero lo hizo con la Palabra de Dios, con la Palabra de Su Padre, porque su Confianza estaba en el Padre y no en sí mismo. Su vida es una Vida de Obediencia a la Palabra de Dios, no a sí mismo.
Y esa es nuestra más grande tentación: no hacer caso a la Palabra de Dios, que es la que nos ilumina, nos fortalece, nos da Vida, tomando las palabras de San Pedro a Jesús: "Señor ¿a quién iremos? sólo Tú tienes Palabras de Vida Eterna?"
Lo decimos, pero no lo creemos. Lo predicamos, pero no lo vivimos. Lo anhelamos pero lo dejamos de lado. Lo buscamos pero lo perdemos. Nos han engañado tanto que creemos que si le bajamos el tono a la exigencia evangélica podremos ser más, o vivir mejor. Y ya lo dijo Jesús: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas... sino a darles cumplimiento" y lo hizo con la obediencia hasta la muerte y muerte en Cruz.
No dejemos que las tentaciones del mundo, la liviandad que nos propone Satanás nos haga modificar el sentido de la Palabra de Dios, sino que en el silencio de la oración pidamos la fortaleza del Espíritu Santo para creer, para confiar y para vivir.

sábado, 13 de febrero de 2016

Nos eligió y nos transformó

Hermosa Palabra de Dios a Isaías, que también es para nosotros, para iluminar con sentido la elección que Dios hizo de nosotros, la misión que esa elección conlleva:
"El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan.
Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán «Reparador de brechas», «Restaurador de moradas en ruinas.»
Es cierto sí que nada es fácil y que dejarnos guiar nos cuesta, pero es hermoso pensar que es Él quién nos guía si nos dejamos conducir. Que, al dejarnos guiar, nuestra vida cobra un nuevo sentido y da frutos que nunca esperábamos e, incluso, que pensábamos que jamás podríamos hacer aquello que hoy estamos haciendo, sólo por dejarnos llevar de Su Mano.
También es cierto que, como en el Evangelio, muchos murmurarán de lo nuevo que hagamos, se reirán y querrán silenciar nuestras obras, pero sabemos que nada es nuestro sino que es Obra del Señor, y, por lo tanto, nada de Su Obra queda sin recompensa y, jamás, puede ser ocultada.
Y, junto a esta palabra a Isaías, surge esa exhortación de Jesús a toda la gente, sobre todo a los que que creen dueños de juzgar a todos porque son los más "santos":
"Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan.»
Cuando nos encontramos con Él, cuando vivimos con Él, cuando intentamos seguirlo cada día, siempre aparecerán las sombras del pecado en nuestra vida, surgirá cada día nuestra debilidad, pero en todo momento debemos rescatar la confianza en Jesús, pues Él es nuestro abogado, nuestro consuelo, nuestra fortaleza. Él nos eligió para Caminar de Su Mano sabiendo de nuestra debilidad, pecado e imperfección para que "en nuestras debilidades se manifieste su poder".
En este tiempo de Gracia, de Conversión y de Misericordia no te olvides de confiar, de aceptar y de Caminar de Su Mano, pues la elección ha sido de Él, porque Él ha visto tu corazón y sabe qué es lo que puedes dar con Su Gracia.

viernes, 12 de febrero de 2016

Conversión y santidad

Siempre ha sido un tema complejo el ayuno y la abstinencia, porque nunca lo pensamos desde el querer de Dios, sino desde el “cumplir” del hijo. Y cuando lo pensamos desde solo “cumplir” no hace el efecto que el Señor quiere, pues lo que Dios quiere es aquello que decía San Pablo: “llevo mi carne a la esclavitud del espíritu” (o algo parecido, nunca fui exacto con las citas evangélicas)

Por que cuando sólo quiero cumplir con una cosa, hago la cosa o la reemplazo por otra y ¡listo! pero el corazón queda duro y lejano de Dios como siempre. En cambio cuando reconozco que necesito llevar mi carne a la esclavitud del espíritu, veo que no sólo no tengo que comer sino que tengo que hacer otras cosas que me impliquen un mayor esfuerzo de humildad, de conversión. Por eso para algunos no será dejar de comer, sino de hablar, de fumar, de leer o hasta incluso de hacerse pasar por santito/a durante el día.

El ayuno lo quiere el Señor para que se caigan las máscaras que nos hacen parecer algo que no somos, y reconociendo lo que somos poder recorrer el camino para ser lo que Dios quiere que seamos: “santos como vuestro Padre Celestial es santo; perfectos como vuestro Padre celestial es Perfecto”. Para ello necesitamos cada día hacer el mayor de los ayunos: de nuestro yo, para dejar que Dios sea quien dirija nuestras vidas cada día.

Que sea su Espíritu y no el nuestro, o peor aún, el del mundo quien digite nuestro día a día y nos haga caminar en tinieblas y no en la Luz del Amor, del Espíritu, de la Verdad.

Así que hoy tenlo en cuenta: ¿cuál será tu ayuno? ¿Qué le ofrecerás al Señor para que te ayude a convertir el corazón, para que puedas tener la fuerza de decir, como María: aquí estoy para hacer tu Voluntad?

jueves, 11 de febrero de 2016

Nos invita a elegir, no nos obliga a elegir

Hoy hay dos lecturas que siempre me gustaron, no porque sean de las más leídas y queridas, sino porque son el principio de una elección y, al principio, siempre tenemos que tener en cuenta todos los caminos posibles. Por eso el Señor tanto en el antiguo testamento como en el nuevo nos aclara los dos caminos que nos ofrece, y nos deja en libertad de elegir, sabiendo que ha sido claro con sus hijos.
Muchos dicen que Dios nos quita libertad, que nos anula, y es todo lo contrario nos da tanta libertad que hasta podemos negar su existencia. Pero claro, muchos quieren negar la existencia de Dios pero recibir sus favores cuando lo necesiten, por eso conociendo nuestros corazones nos pone delante de las narices los dos caminos para que podamos elegir, con el fin de que después no podamos decir: ¡ah! cuando resolví seguirte no me dijiste tal cosa... NO, no, yo te di opciones tú has elegido.
Al pueblo de Israel por medio de Moisés le dijo:
"Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella.
Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos, yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán".
Y Jesús antes de decirnos si lo queríamos seguir nos anunció cuál era el Camino que Él iba a recorrer:
Jesús dijo a sus discípulos:
«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.»
Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?»
Este tiempo de Cuaresma nos invita a pensar en nuestras elecciones y a poner reconocer cuándo nos hemos equivocado y retomar el Camino, o, simplemente dejar el camino que habíamos tomado.