lunes, 29 de febrero de 2016
Profetas del Señor
domingo, 28 de febrero de 2016
Cuidemos de no caer en lo que juzgamos
sábado, 27 de febrero de 2016
El arrepentimiento
viernes, 26 de febrero de 2016
En la Viña del Señor
jueves, 25 de febrero de 2016
La tentación de la autosuficiencia
miércoles, 24 de febrero de 2016
Prestar atención a la Voz de Dios
Pero además de esto mucha veces tenemos en la cabeza otras cosas cuando alguien nos está hablando, o se nos ha metido algo que no nos deja prestar suficiente atención a lo que nos están diciendo. Jesús les estaba hablando de su Pasión y Muerte y ellos pensando en el lugar que iban a ocupar en el Reino de Jesús. Así nos damos cuenta que ni lo escuchaban y tampoco habían comprendido el sentido del Reino de Dios.
También ahora nos pasa que no siempre entendemos lo que Dios nos dice porque no es lo que queremos escuchar, o porque estamos pensando en tantas cosas que no le damos importancia a lo que nos está diciendo. Y Dios nos habla en todo momento, a cada instante. Pero lo extraño es que siempre le pedimos que nos hable, que nos diga, que nos muestre una señal pero nunca le prestamos atención, porque estamos metidos en nuestras cosas y somos nosotros mismos los que planeamos lo que queremos.
Y, vuelvo a lo mismo: "quien quiera venir detrás de Mí, niéguese a sí mismo". Vemos en este evangelio que ni los apóstoles, ni la madre de los apóstoles, había comprendido las palabras de Jesús, quizás no la habían escuchado, puede ser, pero no creo que Jesús no lo haya repetido varias veces, porque ahí radica principio de su llamado.
Pero no te preocupes, Dios sabe que en tí y en mí existe esa tentación continuamente, por eso Él sigue insistiendo en lo mismo y nos va a seguir hablando. Además siempre pone en nuestro camino momentos de reconciliación, momentos para la humildad y el sacrificio, humildad para reconocer que no hemos aceptado su Voluntad, sacrificios para poder dominar a nuestro malos deseos y tentaciones, debilitando nuestra carne y fortaleciendo nuestro espíritu.
Porque los sacrificios que se nos pide hacer en esta Cuaresma son con ese fin: "llevar a esclavitud del espíritu a nuestra carne", para que no hagamos lo que no debemos, sino que hagamos lo que Dios nos pide.
martes, 23 de febrero de 2016
Déspotas de la fe
lunes, 22 de febrero de 2016
Feliz por creer
domingo, 21 de febrero de 2016
El gozo y el miedo del Tabor
sábado, 20 de febrero de 2016
Lo difícil del amor
viernes, 19 de febrero de 2016
La Vida Nueva del Amor
jueves, 18 de febrero de 2016
Pedir para ser Fieles
miércoles, 17 de febrero de 2016
Fe para vivir o Fe vivida
martes, 16 de febrero de 2016
La oración es un diálogo entre dos
lunes, 15 de febrero de 2016
Ser santos en el Amor
domingo, 14 de febrero de 2016
La tentación de la liviandad de vida
sábado, 13 de febrero de 2016
Nos eligió y nos transformó
viernes, 12 de febrero de 2016
Conversión y santidad
Siempre ha sido un tema complejo el ayuno y la abstinencia, porque nunca lo pensamos desde el querer de Dios, sino desde el “cumplir” del hijo. Y cuando lo pensamos desde solo “cumplir” no hace el efecto que el Señor quiere, pues lo que Dios quiere es aquello que decía San Pablo: “llevo mi carne a la esclavitud del espíritu” (o algo parecido, nunca fui exacto con las citas evangélicas)
Por que cuando sólo quiero cumplir con una cosa, hago la cosa o la reemplazo por otra y ¡listo! pero el corazón queda duro y lejano de Dios como siempre. En cambio cuando reconozco que necesito llevar mi carne a la esclavitud del espíritu, veo que no sólo no tengo que comer sino que tengo que hacer otras cosas que me impliquen un mayor esfuerzo de humildad, de conversión. Por eso para algunos no será dejar de comer, sino de hablar, de fumar, de leer o hasta incluso de hacerse pasar por santito/a durante el día.
El ayuno lo quiere el Señor para que se caigan las máscaras que nos hacen parecer algo que no somos, y reconociendo lo que somos poder recorrer el camino para ser lo que Dios quiere que seamos: “santos como vuestro Padre Celestial es santo; perfectos como vuestro Padre celestial es Perfecto”. Para ello necesitamos cada día hacer el mayor de los ayunos: de nuestro yo, para dejar que Dios sea quien dirija nuestras vidas cada día.
Que sea su Espíritu y no el nuestro, o peor aún, el del mundo quien digite nuestro día a día y nos haga caminar en tinieblas y no en la Luz del Amor, del Espíritu, de la Verdad.
Así que hoy tenlo en cuenta: ¿cuál será tu ayuno? ¿Qué le ofrecerás al Señor para que te ayude a convertir el corazón, para que puedas tener la fuerza de decir, como María: aquí estoy para hacer tu Voluntad?