De las Homilías de san Asterio de Amasea, obispo
Si queréis asemejaras a Dios, puesto que habéis sido hechos a su imagen, imitad
su ejemplo. Vosotros, que sois cristianos, nombre que en sí mismo implica la
bondad, imitad el amor de Cristo.
Considerad las riquezas de su bondad, ya que, queriendo venir a los hombres
haciéndose él mismo hombre, envió ante sí a Juan, como pregonero y ejemplo de
penitencia, y, antes de Juan, a todos los profetas, los cuales exhortaban a los
hombres a que se arrepintieran, a que volvieran a la vida, a que se enmendaran.
Luego, al venir él en persona, clamaba con su propia voz: Venid a mí todos los
que andáis rendidos y agobiados, que yo os daré descanso. ¿Y cómo acogió a los
que hicieron caso de esta invitación? Les concedió sin dificultad el perdón de
sus pecados, al momento los libró de todo aquello que los agobiaba: el Hijo los
santificó, el Espíritu los confirmó, el hombre viejo fue sepultado en el agua
bautismal y el hombre nuevo, regenerado, resplandeció por la gracia.
¿Qué se siguió de ahí? El que antes era enemigo se convirtió en amigo, el que
era un extraño en hijo, el que era profano en sagrado y santo.
Imitemos el estilo del Señor en su manera de apacentar; meditemos los
evangelios y, viendo en ellos, como en un espejo, su ejemplo de diligencia y
benignidad, aprenderemos a fondo estas virtudes.
En ellos, en efecto, encontramos descrito, con un lenguaje parabólico y
misterioso, a un hombre, pastor de cien ovejas, el cual, cuando una de las cien
se separó del rebaño e iba errando descarriada, no se quedó con las demás que
continuaban paciendo ordenadamente, sino que se marchó a buscar a la
descarriada, atravesando valles y desfiladeros, subiendo montes altos y
escarpados, pasando por desiertos, y así le fue siguiendo la pista con gran
fatiga, hasta que la halló errante.
Una vez hallada, no le dio de azotes, ni la hizo volver con prisas y a empujones
al rebaño, sino que la cargó sobre sus hombros y, tratándola suavemente, la
llevó al rebaño, con una alegría mayor por aquella sola que había encontrado.
que por la muchedumbre de las demás. Reflexionemos sobre el significado de este
hecho, envuelto en la oscuridad de una semejanza. Esta oveja y este pastor no
significan simplemente una oveja y un pastor cualquiera, sino algo más profundo.
En estos ejemplos se esconde una enseñanza sagrada.
En ellos se nos advierte que no tengamos nunca a nadie por perdido sin remedio y
que, cuando alguien se halle en peligro, no seamos negligentes o remisos en
prestarle ayuda, sino que a los que se han desviado de la recta conducta los
volvamos al buen camino, nos alegremos de su vuelta y los agreguemos a la
muchedumbre de los que viven recta y piadosamente.
jueves, 10 de marzo de 2022
Imitemos al Señor en su manera de apacentar
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