jueves, 17 de marzo de 2022

Ten cuidado con tu corazón

 

"Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce?
Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones".
El Padre Efraín, mi formador, siempre nos decía que teníamos que aprender a desconfiar de nosotros mismos porque, como dice la Escritura: "nada hay más falso y enfermo que el corazón" del hombre, pues por el pecado original hemos quedado heridos y, aunque en el Bautismo nos hemos liberado de él, nos ha quedado, como dice San Pablo, "una espina del pecado". Por eso mismo, Jesús, cuando nos invitó a seguirlo nos dijo que "renunciáramos a nosotros mismos", a nuestra manera de pensar, porque nuestro pensar siempre estará viciado por ese pecado que, en cada uno, se manifiesta de forma diferente.
Lo peor es que, muchos, no somos capaces de reconocer nuestros pecados y los erroes a los que nos lleva nuestro propio corazón. Creemos que hacemos lo mejor porque es lo que hemos pensado y la lógica humana nos garantiza que es así, pero no nos damos cuenta que dentro de esa lógica no he dejado entrar la Voluntad de Dios, al Espíritu del Señor. Así, por no aceptar o reconocer que me equivoco, voy haciendo daño a mis hermanos, voy sembrando la cizaña, la mentira y el error, creyendo que estoy haciendo el bien, y, aunque vengan a decirme que eso es obra de mi pecado y de Satanás que se ha encargado de reactivarlo, no lo creo, porque pienso que son los demás quienes no comprenden lo que estoy haciendo.
Y es ahí donde tengo que tener en cuenta aquello que me dijo Jesús: "más le valdría que le atasen una piedra de moler al cuello y lo echen al mar antes de escandalizar a uno de estos mis pequeños hermanos".
Y siguiendo en esta línea, Efraín nos decía: "desterrar de vuestros labios el 'yo creía, yo pensaba, me parecía'", porque tenemos que buscar en todo momento cuál es la Voluntad de Dios y no nuestro parecer. Quizás, nuestro parecer sea conforme al querer de Dios, pero ¿lo ha reflexiionado? ¿Lo he consultado? ¿Con quien lo he consultado, con quien me da siempre la razón o con quien me hace ver la Verdad del Evangelio?
Cuando hemos aceptado el Camino de Jesús ya no somos sólo nosotros quienes lo recorremos, sino que somos modelo y testigos para los que vienen detrás nuestro y nos miran y observan cómo actuamos. ¿Seremos quizás ciegos que guían a ciegos?
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.

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