Hemos comenzado la cuaresma y hoy, primer viernes, se nos pide hacer ayuno, una práctica que solemos hacer para preparar el corazón a la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, pero que no es por Él, sino por nosotros, pues el ayuno es una práctica para poder, como dice san Pablo: "llevar a la esclavitud del espíritu a nuestro cuerpo" (o más o menos así) Porque teniendo en cuenta lo que dice el Señor:
"¿Para qué ayunar, si no haces caso; mortificarnos, si no te enteras?"
En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos.
No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo.
¿Es ése el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿A eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor?"
No sirve ayunar simplemente para cumplir un precepto de la iglesia, sino que hay que hacerlo con el fin que ese precepto tiene: convertirnos a la Voluntad de Dios, y para eso tenemos que "someter" nuestra humanidad a las leyes del Espíritu, a la Voluntad de Dios.
Así que no sirven esos ayunos que no modifican en nada mi conducta, que no mejoran mi sensibilidad hacia los demás, que no me fortalecen para pedir perdón o para perdonar, que no calman mis deseos de vengana o rencores guardados, y tantas otras cosaillas que vamos dejando en nuestra vida que, aunque sabemos que no son buenas, las seguimos manteniendo por alguna razón, o, sobre todo, porque nunca me he puesto a pensar que no es la Voluntad de Dios que siga siendo de esa manera o modo, sino que tengo que cambiar para poder mostrar a Cristo con mi vida.
"Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunaran».
El Esposo ya no está con nosotros, y por ello ayunamos para que con mi vida, palabra y obras, pueda no sólo estar cerca de Él, sino vivir como Él en obediencia fiel y amorosa a la Voluntad del Padre, para que aquellos que lo buscan lo encuentren o lo conozcan a través de la vida de los cristianos.
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