jueves, 24 de marzo de 2022

Dividimos el reino?

"Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y se cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra si mismo, ¿cómo se mantendrá su reino?"
Nuestras comunidades cristianas, si lo pensamos bien, tienen que ser figura o realidad del Reino de Dios en la tierra, pues eso es lo que rezamos constantemente: venga a nosotros tu Reino. Pero, la realidad es que no siempre (por no decir nunca) somos, las comunidades cristianas, reflejo del Reino de los Cielos, pues hemos dejado entrar en nuestras filas el espíritu del mundo, y en ellas vemos: envidias, celos, egoísmos, apetito de poder, y todas las pestes de egipto. Y así no somos un reino de personas que se aman, sino que somos pequeños grupos que buscan el domonio de su parcela y, muchas veces, divididos enseñan sus dientes unos contra otros.
Creemos, muchas veces, que no tenemos pecado y seguimos viviendo como si todos fuéramos ángeles, hasta que llegado el momento nos damos cuenta que nos dalen los colmillos de aquellos que no son tan ángeles de Dios, sino del príncipe de este mundo.
No, no somos aquellas comunidades que decía san Lucas en los Hechos de los apóstoles: "el grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma, nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común... Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alaban a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando".
Pero para llegar a esa realidad tenemos que saber convertir nuestro corazón, dejar de pensar en uno mismo y en mis cosas, y volver la mirada hacia la Voluntad de Dios. Porque, como dice el Señor en la primera lectura de hoy:
"Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso: Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres".
Nos quejamos, muchas veces, de lo que se ha vivido y de cómo otros han sembrado cizaña. Nos quejamos de cómo algunos abusan de su poder y no dejan que otros participen en las cosas de la comunidad. Nos quejamos de que hay quienes hablan demasiado de otros y critican todo el tiempo... Nos quejamos... Pero no hacemos nada para revertir la situación, y, en algunos casos, volvemos a caer en los mismos errores y en los mismos pecados que nos estamos quejando.
Por eso nos dice el Señor:
"Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”.
Para pensar... reflexionar y convertirnos.

 

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