"Queridos hermanos:
Sobre la salvación de las almas estuvieron explorando e indagando los profetas que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba el Espíritu de Cristo que había en ellos cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías y su consiguiente glorificación".
Antes de comenzar el Tiempo de Cuaresma, san Pablo nos invita a pensar en nuestra salvación, en la salvación de nuestra alma, pues para eso Jesús vino, vivió, murió y resucitó, para la salvación de nuestras almas. Así el tiempo de conversión que vamos a iniciar mañana tendrá sentido para nosotros, pues nos dará motivos para buscar el arrepentimiento y la conversión de nuestras vidas, en lo poco o mucho que nos muestre Dios que tengamos que convertir.
También, no sólo pensando en nuestra salvación personal, sino sabiendo que recibimos un Espíritu que nos hace apóstoles, mensajeros, enviados a anunciar al Buena Noticia a todo el mundo, para que todo el que escuche y crea pueda ser salvado. Por eso es necesario que no sólo pensemos egoístamente en nuestra salvación, sino que, además, pensemos que nuestra vida también es camino de salvación para otros que buscan salvarse.
"Y se les reveló que no era en beneficio propio, sino en el vuestro por lo que administraban estas cosas que ahora os anuncian quienes os proclaman el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo".
Por eso, los sacramentos que administramos en la Iglesia son instrumentos de Gracias para quienes lo reciben con un corazón abierto y dispuesto a hacer la Voluntad de Dios, una Gracia que actúa eficazmente en nosotros y, por nosotros, en nuestros hermanos, pues vivimos unidos por un mismo Espíritu en un mismo Cuerpo, y así nos fortalecemos unos a otros con la misma Gracia.
"Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo.
Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia.
Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Seréis santos, porque yo soy santos».
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