domingo, 27 de marzo de 2022

El hijo mayor

“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.”
A veces nos damos cuenta de que podríamos haber hecho algo o dicho algo cuando otro lo dijo antes que yo, y, es ahí cuando surgen, esas envidias o celos que nos hacen separarnos de la verdad. El hijo mayor de la parábola tiene esos sentimientos de bronca interior por ver lo que hace su hermano menor, cosas que, quizás, al parecer, él mismo quería haber hecho, pero nunca se animó a hacerlas.
Es muy fácil quedarse como actor secundario para no tener que esforzarnos para hacer un gran papel, pero cuando vemos que otros son protagonistas ahí es cuando surge nuestro dilema: “yo podría haberlo hecho mejor”, o “¿qué tiene ese que no tenga yo?”
Es que somos, perdonadme la expresión, unos bichos muy raros, porque siempre tenemos algo de qué quejarnos, y, sobre todo, cuando no nos animamos a decir o hacer algo, siempre nos quejaremos por los que lo hacen. Y, lo peor, es que no sólo nos quedamos con los sentimientos dentro nuestro, sino que los vamos difundiendo a otros, pero con mucha cizaña, haciendo que los demás me apoyen en esa guerra contra mi hermano.
No nos dice el evangelio cuál fue la reacción del hijo mayor a las palabras de su padre, pero, seguramente, no debe haber sido una reacción fácil de asimilar. No siempre se nos hace fácil darnos cuenta de que nos hemos equivocado, y, más de una vez, nos quedamos con “la sangre en el ojo”, y por orgullo o vanidad o soberbia, damos media vuelta y nos alejamos sin convertir nuestra postura.
Por eso, en este tiempo de cuaresma, de reflexión, la liturgia nos invita mirarnos y espejarnos en estos dos hermanos, y descubrir cuál es nuestra postura frente a nuestros hermanos, descubrir si realmente estamos viviendo en comunidad, en unidad, buscando ser protagonistas de un verdadero cambio de actitud, si somos verdaderos protagonistas de ir formando un reino de personas que se aman, o, por nuestro pecado, somos sembradores de cizaña, de división, de enemistad entre hermanos, es decir somos los que vamos destruyendo la comunión porque no nos ha gustado alguien o, simplemente, porque no he tenido el valor de ser protagonista de algo y, por haber dejado ese lugar libre, otros lo fueron por mí.


 

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